Tona, Santander, sumido en el dolor tras hallazgo de niño en el río Sucio
La apacible población de Tona, en la provincia de Soto Norte de Santander, se encuentra sumida en un profundo dolor tras el hallazgo del cuerpo sin vida de Daniel Felipe Ballesteros, un niño de 10 años, a orillas del río Sucio. El suceso, ocurrido en circunstancias aún no esclarecidas, ha conmocionado a toda la comunidad que habita este municipio ubicado a más de 2.000 metros sobre el nivel del mar.
La desaparición que alertó a todo un pueblo
Todo comenzó aquel domingo cuando Daniel Felipe salió en su bicicleta para realizar un mandado que no debería haber tomado más de cinco minutos. Su destino era la cocina de una vecina, ubicada a menos de una cuadra de su hogar en el barrio Nogales, donde lo esperaban las morcillas que tanto le gustaban. Sin embargo, el niño nunca llegó a su destino.
La alerta se propagó rápidamente por los grupos de WhatsApp de la comunidad tonera. Inicialmente, algunos pensaron que podría tratarse de una simple travesura o extravío, pero el corazón de su madre, Yurani, presintió desde el principio que algo grave había ocurrido. "Lo supo antes de saberlo", relatan los vecinos sobre la angustia materna.
El hallazgo trágico en el río Sucio
Horas más tarde, el pequeño fue encontrado sin vida en un recodo del río Sucio, en dirección contraria a su casa y muy lejos del trayecto que habitualmente realizaba. El descubrimiento se produjo hacia la vereda Chiscapá, un lugar al que el niño jamás debió haber ido según su rutina cotidiana.
Testigos del hallazgo describen una escena desgarradora: la bicicleta del niño estaba apoyada junto a la cerca que delimita el cauce del río y la carretera principal, mientras que sus pequeñas chanclas se encontraban dispersas alrededor del caballito de acero, ahora sin su jinete. "Estaba frío. Más que el agua transparente que baja recién nacida de la montaña", comentó uno de los primeros en llegar al lugar.
Indicios que apuntan a posible crimen
Lo que más ha alarmado a la comunidad son las circunstancias en que fue encontrado el cuerpo. Varios testigos y autoridades han señalado que la postura del niño no correspondía a un accidente fortuito. Jesús Santiago Gutiérrez, alcalde de Tona, expresó con claridad su percepción: "Tengo una percepción personal por la forma en que quedó el cuerpo del niño habría sevicia, la actuación humana".
Adalberto Ospino, edil del Concejo Municipal, ha sido enfático al exigir justicia: "Hay que esclarecer estos hechos, no puede haber impunidad". La Policía local, comandada por el mayor Walter Tarazona, mantiene una activa investigación con apoyo de la unidad de homicidios de Matanza y agentes especializados en infancia y adolescencia.
La comunidad clama por justicia
En respuesta a la tragedia, los habitantes de Tona organizaron una emotiva velatón frente al Colegio Rafael Uribe Uribe, donde estudiaba Daniel Felipe. El atrio de la institución educativa se llenó de cintas en honor al niño, mientras la comunidad se reunía para expresar su dolor y exigir respuestas.
Doña Romelia Rondón Gamboa, abuelastra del pequeño, compartió su desconsuelo: "Había pasado media hora cuando empezaron a buscarlo... Qué puede pensar uno cuando llaman ya a decir que estaba allá en el río. Ay mi chinito, que aclaren esto".
Investigación en curso y recompensa ofrecida
Las autoridades han ofrecido una recompensa para quienes aporten información que permita esclarecer los hechos. El dictamen de Medicina Legal se espera con ansiedad, ya que podría proporcionar pistas determinantes sobre lo ocurrido.
Mientras tanto, en las calles de Tona solo se escuchan murmullos que expresan un pensamiento común entre los vecinos: "Lo mataron, por qué se iba a caer así". La bruma del páramo de Berlín parece haberse instalado permanentemente sobre este pueblo que, hasta aquel domingo, contaba las horas por los tañidos de las campanas de la Iglesia San Isidro Labrador y el murmullo constante del viento de montaña.



