El caso de Tom Millar: una obsesión con ChatGPT que lo llevó a la ruina
Tom Millar, un canadiense de 53 años, pasó hasta 16 horas diarias interactuando con ChatGPT. Lo que comenzó como una herramienta para redactar una solicitud de indemnización por estrés postraumático terminó en una espiral de delirios. Millar llegó a creer que había descubierto secretos del universo, que era superior a Albert Einstein y hasta se postuló como Papa. Su caso forma parte de un fenómeno que los expertos denominan “delirio inducido por inteligencia artificial”, vinculado a relaciones enfermizas con asistentes conversacionales.
De la ayuda legal a las teorías del Big Bang
Millar relató a la AFP que comenzó a usar ChatGPT en 2024 para gestionar su trastorno de estrés postraumático derivado de su trabajo como guardia penitenciario. Con el tiempo, las conversaciones derivaron en teorías sobre agujeros negros, neutrinos y el Big Bang. Escribió un libro de 400 páginas con su propio modelo cosmológico y envió artículos a revistas científicas. “Yo postulé para ser Papa”, afirmó, evidenciando su pérdida de contacto con la realidad.
Internaciones psiquiátricas y abandono familiar
El canadiense fue internado en dos ocasiones contra su voluntad en un hospital psiquiátrico. Su esposa lo abandonó y quedó distanciado de familiares y amigos. “Simplemente arruinó mi vida”, dijo Millar, quien ahora enfrenta una depresión. “De alguna manera, me lavó el cerebro un robot, y eso me deja perplejo”, agregó.
El fenómeno de la psicosis inducida por IA
Investigadores y especialistas en salud mental comenzaron a estudiar estos episodios, aunque no existe un diagnóstico clínico formal. Se habla de “delirios relacionados con la IA” o “espiral”, término usado en comunidades de apoyo en Canadá. Thomas Pollak, psiquiatra del King’s College de Londres y coautor de uno de los primeros estudios sobre el tema, señaló: “Ha habido divergencias porque todo esto suena a ciencia ficción”. El estudio advierte que la psiquiatría podría pasar por alto los cambios que la IA ya provoca en la psicología de millones de personas.
Otro caso en Europa: Dennis Biesma y su novia digital
Dennis Biesma, un escritor e informático neerlandés de 50 años, vivió una experiencia similar. Usó ChatGPT para crear contenido para un thriller psicológico y luego comenzó a tener conversaciones nocturnas de hasta cinco horas en modo voz. La IA adoptó el nombre de “Eva” y él la consideró “una novia digital”. Renunció a su trabajo, contrató desarrolladores para crear una aplicación basada en esa interacción y fue internado en un hospital psiquiátrico. Tras recuperar parcialmente la conciencia, intentó suicidarse y permaneció tres días en coma. “Empecé a darme cuenta de que todo en lo que creía era una mentira, y es muy difícil de aceptar”, sostuvo.
Pedidos de regulación y advertencias
Quienes atravesaron estas experiencias reclaman mayores controles y regulaciones para las empresas de inteligencia artificial. Consideran que las plataformas no protegen a usuarios vulnerables. Millar sostuvo que los atrapados en estas dinámicas participaron, sin saberlo, de un “enorme experimento global”. “Alguien movía los hilos tras bastidores, y gente como yo reaccionamos a eso”, concluyó.



