En el barrio Santa Lucía, en Bosa, todavía hablan de Yulixa Toloza en presente. Hablan de la estilista que arregla el cabello mientras conversa con sus clientas como si fueran amigas de toda la vida. De la mujer que aparece cuando hay una novena, una actividad para los niños o alguien necesita ayuda. De la vecina que pasa jornadas enteras trabajando para ahorrar y cumplir el sueño de viajar.
Por eso, mientras las autoridades intentan establecer qué ocurrió después de que fue vista por última vez en un centro estético del sector de Venecia, en el sur de Bogotá, sus amigas insisten en que Yulixa no puede quedar reducida a la imagen de una mujer desaparecida. Quieren que también se conozca quién es. “Ella tiene un corazón muy noble. Parece una niña. No le ve maldad a nada”, dice Amalia Pardo, una de sus mejores amigas y la misma mujer que la acompañó el miércoles 13 de mayo al procedimiento estético después del cual no volvieron a verla.
Una amistad nacida en el salón de belleza
La amistad entre ambas comenzó en un salón de belleza. Amalia llegó primero como clienta y terminó convirtiéndose en alguien cercano en la vida de Yulixa. Desde hace más de 20 años, la estilista vive en Bosa Santa Lucía y trabaja en su propio negocio, un salón que sus allegados recuerdan como Diamond Nail o Uñas Diamante. Allí transcurre casi toda su vida. En la parte delantera atiende a sus clientas. Al fondo, en un pequeño apartamento en arriendo, vive sola.
“Ella siempre ha sido muy trabajadora, muy echada para adelante, muy berraca, muy cumplida y muy colaboradora”, cuenta Amalia. No tiene esposo ni hijos. Tampoco una familia cercana en Bogotá. Según relata su amiga, Yulixa nació en Tame, Arauca, vivió una temporada en Cúcuta y luego llegó a la capital a hacer sus sueños realidad, sola, a punta de trabajo.
Un pasado doloroso
Desde muy pequeña carga una historia dolorosa que pocas veces menciona. Según les contó a algunas personas cercanas, su mamá la regaló cuando era bebé y otra familia terminó criándola. Es un tema que todavía le duele. “Cada vez que hablaba de eso se ponía muy sensible. Uno sentía que era algo que nunca pudo sanar”, recuerda Amalia.
Por eso sus amigas prefieren hablar de las cosas que sí logró construir con esfuerzo: su salón, sus viajes, las cadenas de ahorro que organizaba para reunir dinero y las ganas permanentes de conocer nuevos lugares. El año pasado viajó a España. Ahora planea ir a Panamá. También soñaba con un viaje a San Andrés en compañía de Amalia. “Ella quería conocer muchas cosas. Ahorraba muchísimo para eso”, contó su amiga.
La tragedia del procedimiento estético
La persistencia que caracterizaba a Yulixa hizo que durante meses estuviera pensando en hacerse un procedimiento estético. Desde el año pasado hablaba de operarse. En una primera oportunidad alcanzó a separar dinero en el mismo establecimiento, pero luego no logró completar el monto y pidió la devolución. Amalia le dijo entonces que quizá era una señal para no hacerlo. “Yo le decía que tal vez la vida le estaba mostrando que buscara otro lugar”, recuerda.
Pero Yulixa seguía convencida. Varias conocidas le contaron que se realizaron allí procedimientos y que todo había salido bien. Además, el precio —cercano a tres millones de pesos— era mucho más económico que en otros sitios. “Ella me decía que otras personas ya se habían operado allá y que les había ido bien”, recordó su amiga.
Finalmente reunió el dinero y agendó el procedimiento. Antes de ir, le pidió a Amalia que la acompañara. “Yo le decía: ‘¿Pero estás segura? A mí me preocupa porque es muy barato’. Pero ella ya tenía esa idea en la cabeza. Si yo no la acompañaba, iba a ir sola o con otra persona”, contó.
Así fue que en la mañana del miércoles 13 de mayo llegaron juntas al establecimiento ubicado sobre la Autopista Sur, en el sector de Venecia. Allí, según el relato de Amalia, Yulixa se sometió a una lipólisis láser con sedación.
Horas de angustia
Horas después, su amiga la vio en mal estado, con dificultad para hablar, desorientada y sin poder sostenerse en pie. “Ella hablaba cosas incoherentes, miraba como a la nada y no podía casi ni pronunciar palabras”, relató previamente Amalia a la sección Bogotá de EL TIEMPO.
Según su testimonio, intentó ayudarla a reaccionar. Le compró un tinto y un caldo mientras le insistía en que no estaba en condiciones de salir del lugar. “Yo les decía: ‘¿Cómo me la voy a llevar así si ella no se puede poner ni en pie?’”, recuerda.
Amalia relató que incluso intentó pedir un vehículo para trasladarla, pero Yulixa volvió a desplomarse. Más tarde, aseguró, se desmayó y tuvo que ser bajada cargada entre varias personas. “Ni siquiera caminaba”, relató.
Amalia pidió que la llevaran a un médico, pero desde el establecimiento le dijeron que permanecería “en observación”. En medio de la situación, contó que Yulixa incluso se orinó en la ropa. Por eso decide salir a buscarle prendas limpias. “Yo la acomodé en la cama, la dejé tranquila, ya quedó dormidita”, recuerda.
Dice que salió del establecimiento hacia las 4:10 de la tarde. Esa fue la última vez que la vio. Horas después, según cuenta, desde el establecimiento le dicen que Yulixa salió “por voluntad propia”, una explicación que sus amigas consideran imposible debido al estado en el que se encontraba.
Investigación en curso
La angustia creció cuando empezaron a recibir versiones contradictorias. Según las autoridades, una paciente que estaba dentro del establecimiento asegura que Yulixa habría sido sacada en un vehículo. Sin embargo, hasta ahora no se conoce el recorrido ni el paradero de ese carro. “Con tanta tecnología que hay, a mí se me hace imposible que todavía no sepan nada”, dice Amalia.
Desde entonces, amigas y allegados permanecen frente al establecimiento y empiezan a difundir fotografías y mensajes en redes sociales para pedir ayuda.
Las autoridades realizan inspecciones en el lugar y verificaciones sobre las condiciones en las que funcionaba el establecimiento. La Secretaría Distrital de Salud informa que el sitio no cuenta con autorización para prestar este tipo de servicios ni tiene concepto sanitario favorable. Durante los operativos también fue hallada otra paciente dentro del lugar.
La esperanza en Bosa
Mientras tanto, en Bosa Santa Lucía siguen esperando noticias. Cada mensaje sobre una mujer en un hospital o un posible avistamiento revive la esperanza. Sus amigas se aferran a la idea de encontrarla con vida. “No perdemos la fe. Le pedimos a Dios todos los días que ella esté bien”, dice Amalia.
Por eso insisten en que la historia de Yulixa no puede apagarse. “Necesitamos que ustedes como medios nos ayuden a generar presión para que agilicen todo. No queremos que nos dejen solos en esto”, pide Amalia.
Y mientras pasan las horas, quienes la conocen siguen hablando de ella como siempre lo han hecho: la estilista noble, la mujer que ahorra para viajar, la amiga que nunca deja sola a la gente y la vecina con “alma de niña” que todavía esperan volver a ver caminando por el barrio.



