Nueva Jerusalén: invasión sobre antiguo relleno sanitario enfrenta crisis por roturas recurrentes de tuberías
Crisis en Nueva Jerusalén por roturas de tuberías en antiguo relleno

Nueva Jerusalén: comunidad en riesgo sobre antiguo vertedero de Cartagena

La invasión Nueva Jerusalén, ubicada en el sector de Henequén al suroccidente de Cartagena cerca del barrio Nelson Mandela, representa un caso crítico de asentamiento informal sobre terrenos contaminados. Esta comunidad se encuentra establecida precisamente sobre lo que fue el antiguo relleno sanitario de Henequén, uno de los principales sitios de disposición de basura de la ciudad durante la década de 1990.

Historia de un vertedero convertido en vivienda

El relleno sanitario comenzó sus operaciones alrededor de 1994 para recibir residuos sólidos, funcionando durante años sin los permisos ambientales requeridos. Durante su operación, se denunciaron constantemente derrames de lixiviados, malos olores y acumulación descontrolada de basura, generando conflictos legales para Cartagena. Finalmente, en 2009, una sentencia judicial ordenó el cierre definitivo y la recuperación ambiental del área.

El Plan de Ordenamiento Territorial había planteado que el lugar debía convertirse en un parque ecológico, pero la realidad tomó otro rumbo. Actualmente, se calcula que hay más de dos millones de toneladas de residuos sólidos domiciliarios enterrados en el subsuelo, razón por la cual las autoridades han advertido repetidamente que invadir o construir sobre este terreno representa un peligro significativo.

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La vida en Nueva Jerusalén: entre la precariedad y el miedo

Sobre este terreno contaminado hoy viven aproximadamente 700 familias en la invasión Nueva Jerusalén. La realidad habitacional es diversa: mientras algunas familias han logrado acomodarse con estructuras más sólidas, otras viven con el temor constante de tener que abandonar sus hogares en cualquier momento.

Muchas viviendas son construcciones precarias de tablas, vulnerables a los elementos y a la espera de que se actualice el POT. Pero existe un problema aún más inmediato que afecta a la comunidad: la rotura constante de la tubería principal de agua que atraviesa la zona, operada por la empresa Acuacar.

"Cada rato se rompe el tubo madre por acá, nos toca salir corriendo. En los dos últimos años ya se ha partido seis veces, y cada vez que eso pasa, los daños son peores que la vez anterior", relata Maribel Cardona, presidenta de la Junta de Acción Comunal de Henequén, quien lleva más de 18 años viviendo en la zona.

Cardona describe cómo las inundaciones recurrentes han causado estragos: "Esa agua se ha llevado enseres, ha dejado casas con barro hasta el tope, se han dañado electrodomésticos y caído paredes". La líder comunitaria explica que, a pesar de múltiples conversaciones con Aguas de Cartagena, las soluciones no llegan de manera inmediata y las familias afectadas deben seguir procedimientos burocráticos, incluyendo el envío de fotografías de sus pérdidas.

Explicación técnica: tuberías antiguas bajo presión urbana

John Montoya, gerente de Aguas de Cartagena, explica que las roturas recurrentes afectan a dos tuberías principales de aproximadamente 5,5 kilómetros cada una que transportan agua cruda desde Albornoz hasta la planta de tratamiento El Bosque. "Una tubería en material CCP de 900 milímetros fue instalada en 1979 y otra en material GRP de 1.000 milímetros fue instalada en 1998", detalla el directivo.

Estas conducciones son fundamentales para el sistema de abastecimiento de Cartagena, pero enfrentan desafíos nunca anticipados cuando fueron instaladas. Según Montoya, la expansión urbana y la ocupación del suelo han modificado radicalmente las condiciones del territorio donde se encuentran las tuberías.

El tráfico vehicular en la llamada Vía del Encuentro ejerce presión adicional sobre el terreno, mientras que los asentamientos informales en zonas de reserva o riesgo agravan la situación. "Muchísimas familias se han ubicado allí y han venido generando presión sobre el terreno", señala Montoya, añadiendo que estas comunidades, al carecer de sistemas formales de saneamiento, también influyen en el comportamiento del suelo.

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Estadísticas preocupantes y causas identificadas

En cuanto a los daños recientes, Montoya revela que en 2024 se registraron 14 roturas distribuidas en ambas tuberías, mientras que para 2025 se han presentado 5 daños concentrados en la línea de GRP. Las causas técnicas identificadas incluyen:

  • Sobrepresiones en el sistema
  • Golpes de ariete
  • Condiciones corrosivas del terreno
  • Movimientos del suelo por deforestación
  • Vibraciones por tráfico vehicular

Jorge Luque, gerente de proyectos de la empresa, coincide en esta evaluación y señala que "la acción antrópica en esa zona, que ha llevado a la deforestación de los cerros de Albornoz y sectores como Henequén, produce movimientos de tierra que lentamente van empujando la tubería y causando roturas".

Soluciones técnicas y limitaciones económicas

Para entender mejor el fenómeno, Aguas de Cartagena está contratando una firma especializada a nivel mundial para analizar la zona mediante tecnología satelital. A través de imágenes satelitales, esperan identificar cómo se han generado movimientos en las tuberías desde 2016 hasta la fecha, lo que permitiría determinar puntos donde sea necesario construir muros de contención o refuerzos.

Sin embargo, la solución más radical enfrenta un obstáculo económico significativo. Montoya explica que "reemplazar esas dos tuberías puede costar alrededor de 500.000 millones de pesos y no es algo que se pueda hacer de un día para otro". Mientras tanto, la tubería de GRP, la que más fallas ha presentado, ha perdido parte de su cobertura de protección debido a la acción humana y la presión vehicular.

La situación en Nueva Jerusalén representa así un complejo entramado de problemas ambientales, urbanísticos y sociales, donde una infraestructura vital para Cartagena se ve afectada por condiciones del territorio que nunca fueron anticipadas en su diseño original, mientras cientos de familias viven sobre un terreno que debería estar en proceso de recuperación ambiental.