El crucero MV Hondius atracó este lunes 18 de mayo en el puerto de Róterdam (Países Bajos) para someterse a un proceso de desinfección profunda y compleja, luego de registrar un brote de hantavirus que se originó durante su ruta por la Antártida. La nave, que ha estado bajo estricta vigilancia sanitaria, tiene como misión transformarse nuevamente en un entorno biológicamente seguro.
Inspecciones técnicas y hallazgos inesperados
Aunque el hantavirus se transmite habitualmente por el polvo contaminado con excrementos de roedores, las primeras inspecciones técnicas han arrojado un panorama inesperado. Hasta el momento, las autoridades no han detectado indicios de roedores dentro de las cocinas, almacenes o zonas técnicas del barco. El brote ya ha dejado al menos tres personas fallecidas y una decena de contagios confirmados, entre ellos un paciente canadiense que se convirtió en el décimo caso positivo vinculado al buque.
Hipótesis de la OMS sobre el origen del contagio
La Organización Mundial de la Salud (OMS) baraja la hipótesis de que los primeros pasajeros infectados contrajeron el virus en tierra firme, antes de embarcar en Argentina el pasado 1 de abril para su ruta por la Antártida y el Atlántico Sur. Esta teoría cobra fuerza ante la ausencia de roedores a bordo.
Protocolo extremo de desinfección
La operación biológica en Róterdam es extremadamente compleja. Richard Evertsen, técnico especialista en descontaminación marítima de Gorilla Group, explicó a EFE que limpiar un brote de hantavirus no se parece a nada convencional. “Hay que cubrir literalmente cada centímetro cuadrado”, aseguró.
El protocolo exige estrictas medidas para evitar que el virus se disperse en el aire. Por ejemplo, está completamente prohibido barrer o limpiar en seco. El polvo debe mantenerse húmedo con desinfectantes industriales y productos a base de peróxido para evitar la creación de aerosoles invisibles que puedan ser inhalados. Toneladas de sábanas, cortinas, mantas y colchones expuestos al virus podrían ser retirados por completo y destruidos.
El mayor desafío: los conductos de aire
El mayor desafío está en los conductos de aire. Los técnicos, equipados con trajes integrales, respiradores de cara completa y gafas, deben humedecer y desinfectar manualmente cada tubería. “Para garantizar una desinfección al 100 % habría que hundir el barco entero en un mar de desinfectante. Lo importante aquí es reducir el riesgo al máximo”, ironizó Evertsen ante la complejidad de la estructura.
Costo millonario de la desinfección
El costo de convertir este crucero en un espacio apto para futuros turistas es astronómico. Aunque las autoridades no han desglosado la cifra oficial, los expertos estiman que una limpieza básica de estas dimensiones supera los 300.000 euros (aproximadamente 1.325 millones de pesos colombianos). Sin embargo, si los análisis microbiológicos de laboratorio demuestran que el virus sigue activo en superficies profundas o si las autoridades exigen protocolos aún más estrictos, la factura final podría alcanzar el millón de euros. Se espera que las labores concluyan este viernes.



