La memoria rota del Sinú: desplazamientos múltiples en Córdoba por crecientes asociadas a Urrá
Las tierras que bordean el río Sinú guardan en su memoria el sonido recurrente del desbordamiento. Para muchas familias campesinas de Córdoba, las inundaciones no son un episodio aislado, sino una secuencia dolorosa que ha marcado sus vidas durante décadas. En la actual emergencia invernal, 24 de los 30 municipios del departamento aparecen afectados en distintos cortes oficiales, con calles convertidas en canales que reflejan la magnitud de la crisis en zonas ribereñas.
Un ciclo de desplazamiento repetido
En un recorrido que permea Montería, pasa por Cereté, atraviesa San Pelayo y Cotorra, y desemboca en las zonas bajas de Lorica y San Bernardo del Viento, las inundaciones se han vuelto parte de la vida cotidiana. Cuando las lluvias atípicas de febrero golpearon Córdoba y el embalse de Urrá alcanzó un nivel crítico de 130,5 metros sobre el nivel del mar, dos metros por encima de su cota de rebose, mucha gente no preguntó qué estaba pasando, sino si esto sería peor que la última vez.
La creciente obligó a cientos de familias a dejar sus hogares y buscar refugio temporal en albergues habilitados en colegios y escenarios deportivos. En Lorica, corregimientos como Nariño han visto cómo el agua llega a la entrepierna y entra a las viviendas sin detenerse, obligando a la gente a elevar neveras, camas y muebles sobre piedras o mesas, igual que tantas veces en el pasado.
Decisiones técnicas cuestionables y vulnerabilidad acumulada
La emergencia actual se acumula sobre una historia larga de decisiones cuestionadas en la operación de Urrá. Entre 2024 y 2025, el embalse superó los límites máximos de su Curva Guía en entre el 20 % y el 30,6 % de los monitoreos, un patrón reiterado que, según la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA), compromete la capacidad de la represa para amortiguar crecientes y genera vulnerabilidad aguas abajo.
Ese desajuste técnico —entre lo que entra y lo que Urrá logra evacuar— hoy vuelve a mantener en alerta roja a las comunidades ribereñas. Las autoridades ambientales han pedido evacuar todas las zonas de riesgo por el reciente incremento de las descargas, poniendo a miles de familias en el mismo punto en el que han estado tantas veces: saliendo a pie o en canoas, cruzando canales de barro, salvando lo que el agua aún les permita salvar.
Desplazados una, dos, tres y hasta cinco veces
El departamento de Córdoba vive una de sus peores crisis recientes, con cifras que superan las 43.000 familias damnificadas según reportes gubernamentales. Si algo comparten estas comunidades es la repetición. No es la primera vez que salen. Para muchas, es la tercera. Para otras, la cuarta. Para algunas, la quinta. En cada creciente, los mismos municipios se iluminan en el mapa como puntos rojos: Tierralta, Valencia, Montería, Cereté, San Pelayo, Cotorra, Lorica.
De hecho, esta creciente de magnitud departamental de 2026 tiene una homóloga en 1988, cuando el Sinú se desbordó y dejó bajo el agua a municipios como Montería, Cereté, San Pelayo, Cotorra y Lorica, provocando desplazamientos masivos. En las décadas intermedias, múltiples inundaciones sectorizadas han afectado zonas bajas, dejando en la población afectada la sensación constante de vivir en tránsito, preparados para salir cuando el agua se aproxima.
La naturalización del desastre y críticas subyacentes
La pregunta que subyace es por qué las familias ribereñas del Sinú han tenido que cargar durante tantos años con las consecuencias de decisiones técnicas que parecieran no corregirse del todo. Las autoridades han insistido en que la magnitud del fenómeno fue atípica, con lluvias equivalentes al 1600% de lo habitual en apenas dos días. Sin embargo, la responsabilidad no puede atribuirse únicamente al clima, porque la vulnerabilidad no nació este mes.
Venía creciendo con cada creciente que dejó boquetes en las zonas hoy inundadas, con cada barrio de Montería que quedaba con el agua arriba de los tobillos, y con las riberas descuidadas en San Pelayo y Cotorra. Cada evacuación es una confirmación de que la memoria del Sinú está rota, y no es normal que un territorio haya naturalizado la evacuación como parte de su rutina estacional.



