Aún no superamos las secuelas somáticas, psicológicas y financieras de la pandemia de COVID-19, cuando surge una nueva amenaza: el temible hantavirus, en especial su variante andina, que permite el contagio entre humanos. Inicialmente, con los primeros infectados aislados en un crucero en medio del océano, se confiaba en que sería más fácil contener su expansión, pues aunque es más letal que el coronavirus, es menos transmisible. Sin embargo, esto resultó incierto, demostrando que en epidemiología pueden intervenir variables complejas e inesperadas.
Monitoreo internacional de pasajeros
Las autoridades de al menos 12 países están rastreando a 17 pasajeros que desembarcaron antes del brote y regresaron a sus hogares por vía aérea. Los destinos incluyen Canadá, Estados Unidos, Dinamarca, Alemania, Países Bajos, Reino Unido, Nueva Zelanda, Singapur, Suecia, Suiza y Turquía. En varios estados de Estados Unidos se han reportado seguimientos a casos y contactos. Esta tarea es compleja debido al largo período de incubación del hantavirus en humanos, que puede variar entre 1 y 8 semanas, con un máximo documentado de 42 a 45 días, según la cepa.
Casos confirmados y muertes
Desde el 4 de mayo, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) informó del incidente, se han confirmado 8 casos y 3 muertes relacionadas con el brote en el crucero MV Hondius, afectando a Países Bajos, Alemania, Reino Unido y Suiza. Argentina es investigada como posible lugar de exposición. Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, declaró en reuniones sobre el acuerdo pandémico y la revisión de normas internacionales de salud que una nueva pandemia “no es un riesgo teórico; es una certeza epidemiológica”. Sus declaraciones buscan subrayar la necesidad de preparación global.
Colombia: un sistema de salud vulnerable
Mientras en Colombia se asiste a una misa de tiempo futuro, sin réquiem por los muertos, una eventual pandemia de hantavirus encontraría al sistema de salud colapsado. Más de 4.100 Instituciones Prestadoras de Salud (IPS) han cerrado servicios o sedes recientemente, debido a la profunda crisis financiera del sector. La acumulación de deudas de las EPS con hospitales y clínicas alcanzó los 25,7 billones de pesos a principios de 2026. A esto se suma el irresponsable desabastecimiento de medicamentos y una gran cantidad de médicos, enfermeras y personal sanitario con salarios atrasados, sin motivación para arriesgar sus vidas como lo hicieron durante la pandemia de COVID-19. Este es el peligroso resultado de intentar aplicar reformas ideológicas sin planeación científica, técnica o jurídica apropiada a un sistema que, aunque enfermo, era funcional.



