Crisis en Córdoba por inundaciones: 170 mil damnificados y llamado a escuchar a comunidades del Sinú
Inundaciones en Córdoba: 170 mil damnificados y propuestas locales

Crisis humanitaria y ambiental en Córdoba tras inundaciones sin precedentes

El departamento de Córdoba enfrenta una de las emergencias más graves de su historia reciente tras el desbordamiento simultáneo de los ríos Sinú y San Jorge, sumado al colapso del embalse de la Central Hidroeléctrica Urrá I. Las cifras oficiales de la Gobernación son contundentes: 170.013 personas damnificadas, 1.838 viviendas completamente destruidas y daños severos en 143 instituciones educativas y 28 centros de salud.

Un evento hidrometeorológico extraordinario

Las autoridades departamentales explican que se enfrentaron a un fenómeno sin precedentes en la región. Durante los primeros siete días de noviembre, cayó la totalidad de las precipitaciones que normalmente se esperan para todo el mes de febrero. Estas lluvias excepcionales, asociadas a frentes fríos que alcanzaron el sur del Caribe colombiano, provocaron el desbordamiento del embalse Urrá I y aumentaron drásticamente el caudal del río Sinú, generando inundaciones masivas a lo largo de cientos de kilómetros aguas abajo de la represa.

Voces expertas coinciden en diagnóstico crítico

Especialistas en hidrología y sustentabilidad consultados coinciden en que este evento debe servir como alerta máxima. En un escenario de cambio climático donde los eventos extremos serán cada vez más frecuentes, es imperativo:

  • Revisar la seguridad real que ofrecen los embalses construidos décadas atrás
  • Reconocer la necesidad de ordenar territorios, cediendo espacio natural a los ríos
  • Evaluar las deficiencias en la regulación estatal del flujo mínimo de agua que las hidroeléctricas deben garantizar para preservar ecosistemas
  • Superar la falta de coordinación entre Gobierno Nacional, autoridades locales y sector privado

Impacto económico devastador y antecedentes históricos complejos

La Cámara de Comercio de Montería ha alertado sobre la paralización total de la actividad económica en la región, con el colapso de cadenas de abastecimiento, logística y producción. Las pérdidas estimadas superan los COP 7,7 billones, incluyendo activos empresariales e ingresos proyectados para el primer semestre de 2026.

Este desastre ambiental se enmarca en un contexto histórico marcado por la violencia. La construcción de la represa Urrá I se hizo posible durante la consolidación del Pacto de Ralito, cuando la arremetida paramilitar dejó un legado de 22 masacres y centenares de homicidios, incluyendo nueve líderes indígenas embera-katíos que se oponían al proyecto. Al problema histórico de concentración de tierras se sumó entonces el despojo violento y las ventas coaccionadas que beneficiaron a paramilitares y sus redes.

La voz de las comunidades: treinta años de resistencia y propuestas

Frente a la abundancia de diagnósticos técnicos y políticos, surge con fuerza la necesidad de escuchar a los habitantes de la cuenca baja del río Sinú. Desde 1993, la Asociación de Campesinos, Pescadores e Indígenas de la Ciénaga Grande del Sinú (Asprocig) ha articulado organizaciones comunitarias con una estrategia clara: la mejor forma de proteger la tierra es haciéndola productiva.

Asprocig trabaja desde hace tres décadas en nueve municipios del Bajo Sinú, agrupando 96 organizaciones comunitarias. Su apuesta por lo local se materializa en más de 1.350 Agroecosistemas Biodiversos Familiares (Abif) y en Sistemas Socioecológicos Colectivos que recuperan saberes agrícolas zenúes ancestrales.

En un territorio con histórica concentración de la tierra, donde muchas familias disponen de predios mínimos, estas comunidades gestionan lo que denominan una "inmensidad de agua". Frente a inundaciones y estiajes, reconstruyen diques abiertos y redes hidráulicas ancestrales, recuperando hectáreas para sostener vidas.

Persisten amenazas pero también resistencia

Las comunidades enfrentan múltiples desafíos: la operación de Urrá, la desecación sistemática de humedales, obras civiles promovidas por terratenientes, diversas formas de violencia, la desconfianza de gobiernos nacionales y locales, y el desorden administrativo actual. Sin embargo, Asprocig persiste en su labor, recordándonos que en 2003, tras la inauguración de Urrá I, convocaron en Lorica una ceremonia para despedir y "enterrar" al bocachico en el cementerio central.

"Fue un momento muy triste, como cuando te despides de un amigo", explicó entonces uno de los pescadores asistentes, "como desprenderse de algo que ha coexistido contigo, que te ha ayudado a crecer". Esta conexión profunda con el territorio y sus ciclos naturales representa quizás la lección más valiosa para enfrentar futuras crisis en el contexto del cambio climático.