La peor ola invernal de la historia azota la vereda San Gabriel en Lebrija
Más de 200 habitantes de la vereda San Gabriel, ubicada en el municipio de Lebrija, Santander, han experimentado la ola invernal más devastadora jamás registrada en esta zona rural. La madrugada del 18 de marzo marcó un punto de inflexión cuando las lluvias intensas transformaron el paisaje en una amenaza real que ha dejado consecuencias profundas en la comunidad.
Viviendas reducidas a escombros y familias desplazadas
Alba Porras, residente de la vereda, recuerda con angustia cómo el agua comenzó a filtrarse en su hogar alrededor de las siete de la mañana. "Eso es indescriptible... uno no piensa que va a vivir algo así", afirma con la voz entrecortada mientras observa lo que queda de su vivienda. Al menos cinco casas quedaron completamente inhabitables tras los deslizamientos de tierra, estructuras que sus propietarios construyeron durante años y que ahora representan solo escombros.
La situación se agrava por el colapso de un muro de contención frente al patio de la casa de Alba, lo que hace peligroso cualquier intento de recuperar pertenencias. La vulnerabilidad se ha instalado en cada rincón de la vereda, donde familias enteras han visto desaparecer sus hogares en cuestión de horas.
Respuesta institucional y compromisos asumidos
Seis días después de la emergencia, la Alcaldía de Lebrija llegó al territorio para establecer una serie de acciones concretas:
- Mantenimiento de maquinaria para remoción de material
- Gestión de apoyo del Ejército para recuperar el acueducto
- Entrega de ayudas humanitarias en forma de mercados
- Evaluación técnica del cráter en la entrada principal
- Establecimiento de canales de comunicación con líderes comunitarios
Paralelamente, la Gobernación de Santander, a través de Eduard Jesús Sánchez Ariza de la oficina de Gestión del Riesgo, confirmó la adquisición y disposición de equipos especializados para atender la emergencia invernal en el departamento, priorizando Lebrija como uno de los territorios más afectados.
Ocho días sin agua potable y sistemas colapsados
Uno de los golpes más duros para la comunidad ha sido la interrupción total del suministro de agua potable. Miguel Díaz, presidente del acueducto veredal, explica que la represa se llenó completamente de arena y barro, mientras que la red de distribución se rompió en múltiples puntos.
"No hemos podido distribuir. Hemos buscado soluciones, pero esto no se arregla con las manos. Se necesita intervención técnica, limpieza completa del sistema y acompañamiento institucional", afirma Díaz. Los habitantes sobreviven con agua lluvia y reservas almacenadas, pero cuando estas se agoten, la única alternativa será transportar agua desde el casco urbano de Lebrija, una tarea complicada por el estado de las vías.
Familias destrozadas y pérdidas económicas devastadoras
Luis Francisco Bustos personifica el impacto humano de la tragedia: sus tres hijos perdieron sus viviendas y ahora intentan reconstruir lentamente con materiales donados por vecinos. "Entre todos nos hemos ayudado. Uno pone una cosa, otro otra, y así vamos levantando algo", explica, aunque reconoce que esta no es una solución definitiva.
Las pérdidas económicas son cuantiosas:
- Rodolfo Moreno, fiscal de la Junta de Acción Comunal, perdió dos hectáreas de cacao que cultivaba desde hace cinco años
- María Rosa Castro no puede salir a vender guanábanas porque el barro pinchó la llanta de su motocicleta
- Aproximadamente 4 hectáreas destinadas a piscicultura y cultivos quedaron bajo lodo y escombros
Aislamiento total y vías de acceso destruidas
El aislamiento ha agravado significativamente la emergencia. Mónica Garzón relata cómo tuvo que caminar durante tres horas con una familiar que sufrió fractura en un brazo, ya que los vehículos no podían ingresar a la vereda. Diego López Porras, líder comunitario, describe tres rutas de acceso, todas peligrosas:
- El paso por Guamito, con alto riesgo de deslizamientos
- La vía de San Benito, con abismos y reducciones de carril
- La vía principal, prácticamente destruida
Los intentos de contratar maquinaria para habilitar caminos enfrentan obstáculos económicos y logísticos, ya que los vehículos pesados no pueden acceder al territorio. La recuperación avanza principalmente mediante trabajo comunitario con herramientas manuales.
Promesas incumplidas y expectativas frustradas
La comunidad insiste en una solución específica: la instalación de un puente militar que fue prometido en 2022 durante reuniones con la administración municipal anterior. Los habitantes señalan el contraste con el recién inaugurado Puente Militar Bocas del Opón, de 64 metros, que beneficia a más de 8.000 personas en Santa Helena del Opón.
En San Gabriel, la empresa avícola El Guamito permitió el paso por sus terrenos para construir una vía de acceso, con la expectativa de que se complementaría con un puente. La carretera se abrió, pero el puente nunca llegó, dejando a la comunidad en un limbo de conectividad.
Una alerta permanente y un futuro incierto
Para los habitantes de la vereda San Gabriel, el tiempo ahora se mide en días sin agua, caminos rotos y decisiones difíciles para moverse dentro de su propio territorio. La emergencia ha superado la semana de duración, y aunque las instituciones han comenzado a responder, la preocupación persiste ante la posibilidad de nuevas lluvias que podrían dejar a la comunidad nuevamente incomunicada.
El invierno no solo dejó daños materiales, sino también una sensación profunda de vulnerabilidad frente a un territorio que cambió radicalmente y un clima cada vez más impredecible. Mientras las soluciones avanzan lentamente, los habitantes enfrentan la certeza compartida de que este invierno se les ha hecho eterno, con la esperanza de que los compromisos institucionales se traduzcan en acciones concretas y duraderas.



