Inundaciones históricas en Córdoba: el agua silenciosa que borró hogares y fragmentó familias
Inundaciones históricas en Córdoba: agua silenciosa borra hogares

La tragedia silenciosa que arrasó con la cuenca del Sinú

Una catástrofe sin precedentes desde 1988 azota a las comunidades que habitan la cuenca del río Sinú en Córdoba. Desde Tierralta, Montería, Cereté y Lorica hasta San Pelayo, Cotorra y San Bernardo del Viento, las aguas han transformado paisajes familiares en escenarios de desolación absoluta.

La madrugada que cambió todo

"El agua nos llegó en silencio y de madrugada", relata Jairo Martínez, habitante del barrio El Dorado de Montería. "Cuando nos dimos cuenta, el agua comenzó a meterse por debajo de las puertas y a rebosar los inodoros... ni tuvimos tiempo de salvar nada". La confianza de los residentes, acostumbrados a crecientes rutinarias, se transformó en desesperación cuando el diluvio del 7 de febrero superó todas las expectativas.

La UNGRD había instalado el puesto de mando unificado el primero de febrero, advirtiendo sobre la alerta roja desde Urra 1 y el frente frío que golpeaba las costas. Sin embargo, la magnitud del desbordamiento superó todas las previsiones.

Familias fragmentadas y pérdidas totales

Don Jairo, de 65 años, representa el dolor de miles: "Mi mujer se fue para donde una hermana, mi hijo para donde un amigo en otro barrio y yo sí me tuve que quedar a cuidar el pedazo de tierra bajo el agua". Su llanto se repite entre las más de 70 mil familias que lo perdieron todo: vidas de trabajo duro, ahorros, esfuerzos y sacrificios arrasados en cuestión de horas.

El patrón se repite en toda la región:

  • Los adultos mayores fueron llevados a alojamientos temporales
  • Los niños enviados con familiares y amigos
  • Los jóvenes permanecen cuidando lo poco que queda entre los pantanos

Emergencia dentro de la emergencia

Las autoridades de Montería tuvieron que decretar toque de queda ante una doble tragedia: mientras los damnificados perdían sus bienes materiales, ladrones en chalupas aprovechaban la madrugada para saquear las casas abandonadas. Peor aún, personas ajenas a las emergencias se hicieron censar fraudulentamente para quedarse con las ayudas humanitarias destinadas a las víctimas reales.

Incluso una veintena de policías nacionales que habitaban en la urbanización Vallejo, hoy bajo el agua, perdieron todas sus pertenencias y deben comenzar de cero.

El Vidrial: epicentro del desastre

Para comprender la magnitud de la tragedia, hay que visitar la vereda El Vidrial, en las afueras de Montería. Nueve días después de la inundación inicial, el agua no baja de nivel. Los residentes han transformado la variante -único corredor de ingreso- en un campamento improvisado:

  • Cambuches armados con palos y plásticos a un lado del asfalto
  • Cocinas improvisadas en dos metros cuadrados bajo la canícula caribeña
  • "Baños" montados con cuatro palos y plásticos negros al otro lado de la carretera

Cifras que duelen

Hasta la tarde del viernes en Montería:

  • 33.164 personas censadas
  • 5.744 damnificados en alojamientos temporales urbanos
  • 345 más en alojamientos temporales rurales
  • Una veintena de colegios públicos, bibliotecas y salones comunales habilitados como refugios

Albeiro Arrieta López, biólogo ambiental de la Corporación Autónoma Regional de los valles del Sinú y San Jorge, explica: "El medio Sinú está conformado por los municipios de Montería, Cereté, San Pelayo. Allí comienzan a aparecer los primeros complejos de humedales importantes... Precisamente, el agua que se va por el lado izquierdo sigue una ruta que conecta a Montería con Cereté".

La amenaza sanitaria inminente

Camilo Peña, médico veterinario que realiza labores humanitarias, advierte: "Se viene un problema mayor, y es el sanitario. Es urgente establecer de forma permanente médicos y enfermeras en todos los albergues porque hay que evitar la proliferación del dengue y las enfermedades respiratorias y digestivas".

El alcalde de Montería, Hugo Kerguelén García, anunció censos puerta a puerta para garantizar que las ayudas humanitarias lleguen a quienes realmente las necesitan.

Solidaridad en medio del caos

En el Coliseo de Combate Miguel 'Happy' Lora, Camilo Peña y otros voluntarios llevan ocho días distribuyendo alimentos gracias a aliados en Bogotá. "Hemos traído almuerzos y desayunos, también alimentos para perros y gatos", cuenta mientras niños juegan entre colchonetas, ajenos al dolor de los adultos.

La punta del iceberg

Los barrios y veredas anegados de Montería son apenas el comienzo. La fuerza de las aguas destruyó el puente sobre la quebrada Arboletes, a 36 kilómetros de la capital, afectando la movilidad y el comercio entre el Golfo de Morrosquillo y el centro del departamento.

En Santa Lucía y San Pelayo, cambuches y carpas improvisadas bordean las carreteras. Eugenio Doria señala un techo de paja que asoma bajo las aguas: "Yo tenía mis gallinas y trabajaba el campo... El ñame, la yuca, todo eso se me ha perdido".

La Madera: aguas negras y desesperación

En el corregimiento de La Madera, San Pelayo, la tragedia adquiere dimensiones aún más dramáticas. Las inundaciones traen aguas negras provenientes de una docena de pueblos río arriba. Roamir Pineda Martínez, presidente de la Junta de Acción Comunal, explica: "Las aguas residuales del departamento cayeron al canal de la Caimanera y se nos metieron al pueblo. Ya tenemos muchas personas enfermas".

Esta emergencia deja en La Madera:

  • 2.500 damnificados
  • Dos jóvenes ahogados
  • Población expuesta a olores fétidos y enfermedades cutáneas y respiratorias

Frente a la iglesia, una pequeña isla que antes era el parque principal se ha convertido en lugar de reuniones y cocina comunitaria. Esa isla, donde sobrevive la hermandad de estas comunidades, representa el retrato de una tragedia que afecta a todo un departamento y conmueve a toda una nación.