Jerez de la Frontera enfrenta devastación tras históricas inundaciones del Guadalete
Los residentes de las barriadas de Jerez de la Frontera, en Cádiz, regresan con resignación a sus viviendas tras las graves inundaciones provocadas por las borrascas de los últimos días. Con miradas perdidas ante la destrucción, se enfrentan a la monumental tarea de limpiar el lodo y recuperar lo poco que el agua no ha arrasado.
Regreso a la devastación total
Este miércoles, los vecinos de El Portalillo se sumaron a los más de 1.200 desalojados de la zona rural de Jerez que comenzaron a retornar ayer a sus hogares, después de que el nivel del río Guadalete descendiera por debajo de los seis metros. "Mi casa se ha llenado entera de agua, he perdido todo lo que tenía", declaró Manuel Vázquez Berrera, residente de El Portal.
Vázquez, como muchos otros, fue evacuado el viernes ante el peligro inminente de una crecida histórica del Guadalete, que alcanzó los 6,60 metros, una cota sin precedentes. "Al día siguiente vine con mi nieta a recoger unas cosas y nos encontramos el agua por el techo. Sacamos dos o tres cosas y ya no regresamos hasta ayer", relató con voz quebrada.
Pérdidas materiales y emocionales
Al volver, los damnificados han constatado la magnitud de la tragedia. "El agua ha estropeado todo, todo: la cocina, el cuarto de baño, el dormitorio, el salón. No ha quedado ni una silla", lamentó Vázquez. Con la ayuda de voluntarios y brigadas municipales de limpieza, este miércoles se dedicaron a retirar muebles inservibles y a baldear toneladas de lodo.
"Desinfectaremos todo con lejía y lo dejaremos 14 o 15 días que se seque bien, si el tiempo nos ayuda. Y ya después daremos un 'pintaito', buscaremos muebles por donde se pueda. Otra cosa no me queda, solo esperar a que venga mejor tiempo", expresó con resignación.
Experiencia de veteranos de las riadas
José Antonio Alba, otro vecino que lleva 60 años viviendo en El Portal y ha sobrevivido a cinco riadas anteriores, se mostró sorprendido por los daños de esta última. El agua alcanzó 1,40 metros de altura en su vivienda, superando todas las crecidas previas.
"Lo he perdido todo, a empezar de nuevo. Y encima no tengo seguro porque pensaba que no me iba a pasar esto y ha pasado", explicó con visible frustración. Su testimonio refleja la vulnerabilidad de quienes, confiados en experiencias pasadas, no anticiparon la magnitud de esta catástrofe.
Solidaridad vecinal en medio del caos
Vecinos de barrios rurales cercanos, situados a mayor altura y no afectados por las inundaciones, se han acercado espontáneamente para ofrecer su ayuda. "Los vecinos necesitan ayuda, por lo menos quitamos muebles, chatarra, lo que podamos hacer porque aquí hay mucho barro", comentó uno de los voluntarios.
Las familias se organizan para enfrentar colectivamente la emergencia. Juan, por ejemplo, tiene en el barrio tres casas por limpiar de lodo: la suya, la de sus padres y la de su abuelo. "Ha sido duro, llevamos una semana fuera de casa y creímos que no iba a pasar tanto", compartió.
Largo camino hacia la normalidad
Estos días de desalojo, muchas familias han tenido que refugiarse en casas de parientes. Juan y los suyos permanecen en la vivienda de su hermana porque "queda mucho trabajo antes de que puedan volver". "Se ha estropeado todo, todos los electrodomésticos", detalló sobre las pérdidas materiales.
La recuperación será lenta y costosa. Mientras las brigadas municipales y voluntarios continúan con las labores de limpieza, los afectados miran hacia un futuro incierto, donde la reconstrucción de sus hogares y vidas requerirá tiempo, recursos y, sobre todo, resiliencia ante una naturaleza que ha demostrado su poder destructivo.



