Las explosiones en Cali: un año después, el miedo persiste
Diego Armando abría su local de tecnología en Meléndez cuando una motocicleta bomba explotó el 10 de junio de 2025. Un año después, cualquier ruido fuerte lo transporta a ese instante. "Me da mucho miedo", confiesa.
Andrea Marincano estaba en su casa cuando un camión bomba detonó frente a la Escuela de Aviación Marco Fidel Suárez el 21 de agosto de 2025. "Fue muy horrible. Parecía un temblor", recuerda. Desde entonces, ha perdido la memoria y sus padres viven nerviosos. En diciembre, la pólvora de la alborada la hizo pensar en otra bomba.
Miguel Rodríguez, dueño del apartahotel Barcelot, ubicado frente a la Base Aérea, aún no puede reabrir tras ocho meses. La fachada sigue con tablas. "Perdí el capital de toda una vida en 10 segundos", lamenta. Necesita $1.500 millones para reparar; la Alcaldía le dio $11 millones y una exención de predial por dos años.
En Meléndez, Johan Andrés Orozco recuerda que sus compañeros resultaron con rasguños. "La vida sigue, hay que seguir", dice, aunque admite tener "una pequeña zozobra". Las ventas han caído y ahora venden por redes sociales.
Una pareja que prefirió el anonimato vive cerca del lugar donde explotó un vehículo en abril de 2024. "Si no cierro la puerta, no estaríamos contando la historia", dice ella. Desde entonces, el Ejército instaló cierres viales y un muro. "Estamos a toda hora mirando para todos lados", afirma.
Alejandra Munévar, quien vive junto al batallón, dice que su familia sintió miedo pero "hemos seguido la vida normal". Jairo Rivero, pizzería cerca de la estación de Policía, piensa en mudarse: "Uno no sabe qué puede contener un carro así".
Ninguno se ha ido. Todos, de alguna manera, siguen adelante, adaptándose a una nueva normalidad marcada por el miedo y la resiliencia.



