La Inmaculada llega a Cali: bandas del narcotráfico toman el centro de la ciudad
Un informe periodístico publicado por El País de Cali revela la llegada a la ciudad de la banda criminal La Inmaculada, procedente de Tuluá, donde se impuso mediante violencia extrema para controlar el microtráfico, la extorsión e incluso infiltrar entidades públicas, desatando una oleada de asesinatos en esa localidad vallecaucana.
La guerra por el territorio en el corazón de Cali
Lo mismo estaría ocurriendo ya en Cali, donde las cifras de homicidios están superando a las registradas el año pasado en este mismo período. Basta con caminar por el sector de La Retreta y el puente de los bomberos en el CAM, una zona tradicionalmente arborizada y con zonas verdes cuidadas, arrullada por las aguas del río Cali, para percibir la transformación criminal del lugar.
Al transitar por allí, se reciben miradas escrutadoras y preguntas de personas que venden y consumen drogas en el sector. Ellos son los dueños y no son solo habitantes de calle; allí se observan hombres y mujeres con trajes de oficina y jóvenes con ropa de marca consumiendo estupefacientes a plena luz del día, durante la hora del almuerzo o en las tardes al finalizar la jornada laboral.
Métodos de terror y un mercado millonario
Por el control de este territorio, que se extiende paralelo al río Cali desde la Calle Quinta hasta la Clínica de Los Remedios, se estaría librando una guerra entre bandas criminales, y los ciudadanos comunes están atrapados en medio del conflicto. La aparición de una cabeza humana empacada en una maleta, justo frente a la Alcaldía en el Parque de las Piedras, evidencia los métodos brutales que utilizan los grupos contendientes para generar terror y quedarse con un mercado millonario de microtráfico.
Desde hace años, la ribera del río Cali concentra una gran población de habitantes de calle, quienes constituyen el principal mercado de los narcotraficantes. En ese sector, cientos de personas se bañan, duermen y consumen drogas, y para sostener su vicio, recurren a actividades como:
- Recolección de materiales reciclables
- Cuidado de vehículos
- Mendicidad en las calles
- Canto en buses públicos
- Robo de mobiliario urbano (tapas, canecas y cualquier objeto metálico con valor de reventa)
La impotencia de las autoridades
Las autoridades parecen impotentes ante esta situación. Patrullas de la Policía recorren el sector regularmente, pero no logran detener a los vendedores de drogas, quienes generalmente son simples jíbaros que un fiscal tendría que liberar casi de inmediato debido a:
- Falta de pruebas contundentes
- Insuficiencia de evidencias
- Protección bajo leyes de dosis personal
Tampoco es posible cerrar el lugar o impedir el paso por la zona, lo que plantea la pregunta crucial: ¿Qué hacer para recuperar el centro de Cali de las garras de estas bandas que todo lo que tocan lo convierten en territorio maldito?
Posibles soluciones y contexto regional
Expertos señalan que es fundamental implementar medidas como:
- Inversión en seguridad electrónica con cámaras de reconocimiento facial
- Aprovechamiento de tecnología al servicio de la justicia
- Mayores recursos para que la Policía destine más personal a la vigilancia del sector
- Apropiación del terreno mediante eventos masivos que aumenten la circulación en zonas actualmente evitadas
Paradójicamente, toda esta actividad criminal ocurre justo entre la Alcaldía y el comando de la Policía Metropolitana. Cali se encuentra además en una posición geográfica estratégica, próxima a la zona de cultivos de marihuana más grande del país, reconocida mundialmente por su calidad y alta concentración de tetrahidrocannabinol, así como de hoja de coca premium con altos niveles de alcaloides.
Sumado a esto, el bazuco, la droga más dañina y venenosa, consumida por buena parte de los aproximadamente seis mil habitantes de calle que tiene Cali, representa un mercado enorme para las mafias organizadas.
Recordando a monseñor Isaías Duarte Cancino
Recientemente se cumplieron 24 años del asesinato de monseñor Isaías Duarte Cancino, un hombre reconocido por su firmeza y valentía contra la corrupción política y las mafias del narcotráfico. Su crimen permanece sin esclarecerse completamente, aunque las investigaciones más concretas apuntan hacia el secretariado de las extintas FARC y miembros del cartel del Norte del Valle como autores materiales e intelectuales.
Paradójicamente, la situación en 2002 era considerablemente peor que la actual. Ese año, Cali registró más de 2.600 asesinatos, una cifra que pone en perspectiva la violencia actual aunque no la justifica. Figuras como monseñor Duarte merecen mayor reconocimiento, y su tipo de liderazgo hace mucha falta en una ciudad que enfrenta desafíos de seguridad complejos y crecientes.
