Operativo de élite en Bolivia culmina con la captura de un capo del narcotráfico
Este viernes 13 de marzo de 2026, las fuerzas de seguridad bolivianas ejecutaron un operativo "quirúrgico" en el exclusivo barrio Las Palmas de Santa Cruz de la Sierra, resultando en la detención de Sebastián Marset, un presunto narcotraficante uruguayo que llevaba años evadiendo a la justicia internacional. La acción, que no registró bajas ni heridos, permitió la inmediata expulsión del capo hacia Estados Unidos, donde agentes de la DEA lo recibieron para enfrentar cargos por tráfico de cocaína y lavado de activos.
La insólita infiltración en el mundo del fútbol profesional
La caída de Marset pone fin a una de las huidas más mediáticas de Sudamérica, caracterizada por su inusual estrategia de camuflaje dentro del deporte rey. Bajo el alias de Luis Paulo Amorim Santos, el uruguayo no solo utilizó el fútbol para lavar dinero, sino que vivió su fantasía de convertirse en una estrella deportiva.
- En Bolivia, llegó a ser dueño y jugador del club Los Leones de El Torno, de la segunda división, donde portaba el dorsal 23 y participaba activamente en torneos oficiales mientras figuraba en la lista de los más buscados de Interpol.
- Previamente, en Paraguay, ya había utilizado al Deportivo Capiatá para ocultar su identidad, llegando incluso a pagar cifras exorbitantes para utilizar el número 10 en partidos televisados.
Reacciones políticas y vínculos con organizaciones criminales
El presidente boliviano, Rodrigo Paz, calificó la captura como un "punto de inflexión" en la lucha contra las mafias que han permeado las instituciones deportivas de la región. Por su parte, el mandatario colombiano Gustavo Petro reaccionó a la noticia señalando a Marset como una pieza clave de la "Junta de Dubái" y vinculándolo con planes para atentar contra líderes políticos.
Con su traslado a una prisión de máxima seguridad en suelo estadounidense, se cierra un capítulo donde el balón de fútbol sirvió como la última defensa de un imperio criminal que intentó normalizar la ilegalidad desde el centro del campo de juego. Este caso destaca cómo el crimen organizado ha buscado infiltrarse en ámbitos deportivos para blanquear actividades ilícitas y evadir la justicia, generando alertas sobre la necesidad de mayores controles en las instituciones deportivas latinoamericanas.
