Operativo internacional culmina con la captura de uno de los narcotraficantes más buscados de Sudamérica
La captura en Bolivia del uruguayo Sebastián Marset representa uno de los golpes más contundentes contra las redes de tráfico de cocaína en la región en los últimos años. Las autoridades bolivianas, con apoyo de la DEA estadounidense, detuvieron al presunto capo en una lujosa residencia de Santa Cruz, poniendo fin a una intensa búsqueda internacional que se extendió por varios países.
Un imperio criminal al descubierto: avionetas, armas y propiedades
Tras la detención, las investigaciones revelaron la magnitud de la estructura logística que sostenía la red criminal. La Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (Felcn) incautó bienes por valor de 15 millones de dólares, entre los que destacan:
- 15 avionetas tipo Cessna y una aeronave bimotor
- Cinco viviendas de lujo en diferentes ubicaciones
- Una decena de vehículos de alta gama
- 21 armas de fuego, incluyendo tres fusiles AK-47
- Más de 600 municiones y chalecos antibalas
- 400 litros de combustible de aviación
Según el viceministro de Defensa Social y Sustancias Controladas de Bolivia, Ernesto Justiniano, esta infraestructura estaba diseñada específicamente para sostener operaciones aéreas frecuentes de transporte de cocaína a gran escala.
De futbolista profesional a capo narco: la doble vida de Marset
A sus 34 años, Sebastián Marset había construido una imagen pública que le permitía moverse con relativa libertad mientras expandía su imperio criminal. Nacido en Montevideo, inició su vinculación con el narcotráfico a comienzos de la década de 2010 y cumplió condena en Uruguay entre 2013 y 2018.
Tras recuperar la libertad, el uruguayo tejió una red criminal que conectaba rutas desde Bolivia y Paraguay hacia Europa, manteniendo vínculos con organizaciones como el Primer Comando de la Capital (PCC) de Brasil y la mafia italiana 'Ndrangheta.
Su fachada como empresario y promotor de eventos alcanzó niveles insospechados cuando en abril de 2021 firmó como futbolista profesional con el club paraguayo Deportivo Capiatá. Las autoridades investigan si esta estructura deportiva fue utilizada para operaciones de lavado de dinero asociadas al narcotráfico.
Consecuencias políticas y judiciales tras la captura
La figura de Marset generó crisis políticas en varios países. En Uruguay, la emisión de un pasaporte que le permitió abandonar Dubái en 2021 desencadenó un escándalo que terminó con la renuncia del ministro del Interior, Luis Alberto Heber, y del canciller Francisco Bustillo.
El nombre del narcotraficante también apareció vinculado al asesinato del fiscal paraguayo Marcelo Pecci, ocurrido en mayo de 2022 en Cartagena, Colombia. Pecci investigaba redes de narcotráfico y crimen organizado cuando fue atacado por sicarios mientras se encontraba en la playa con su esposa.
Tras su captura, Marset fue trasladado inmediatamente a Estados Unidos, donde compareció ante un tribunal federal en Virginia por cargos de lavado de dinero. Si es declarado culpable, enfrenta una pena máxima de 20 años de prisión.
Un golpe histórico al narcotráfico regional
El jefe de la DEA calificó a Marset como "el Pablo Escobar de la era moderna", destacando la importancia de su captura para la lucha contra el narcotráfico en Sudamérica. Según investigaciones internacionales, la red del uruguayo habría movilizado al menos 16 toneladas de cocaína, incluidas 11 incautadas en el puerto de Amberes, Bélgica.
El presidente colombiano Gustavo Petro lo vinculó públicamente con la llamada "Junta de Dubái", donde según el mandatario se concentran varios capos de bajo perfil conocidos como los "invisibles". Petro incluso aseguró que Marset habría tenido planes para atentar contra su vida durante su mandato.
La operación que culminó con la captura del narcotraficante contó con coordinación internacional y marcó un punto de inflexión en la lucha contra las redes criminales que operan en la región, demostrando la efectividad de la cooperación entre agencias antidrogas de diferentes países.
