El fin violento de un capo en un refugio turístico
El tronar ensordecedor de metralletas y el rugido constante de helicópteros militares interrumpieron bruscamente la tranquilidad del lujoso complejo turístico Tapalpa Country Club, ubicado en las montañas del estado de Jalisco, en el occidente de México. En este pintoresco paraje, considerado oficialmente como un "pueblo mágico" por su encanto y sus actividades de turismo de montaña, se escondía Nemesio Oseguera, conocido mundialmente como "El Mencho", el poderoso líder del temible Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
Un operativo espectacular y mortal
En la madrugada del pasado domingo, un grupo de fuerzas especiales del ejército mexicano se aproximó sigilosamente a la cabaña donde el capo se refugiaba. Según testimonios recogidos por la AFP, Oseguera y sus secuaces intentaron repeler el asalto con un intenso tiroteo. "Fue de terror, se escuchaban las metralletas disparando de la tierra al aire y del aire a la tierra", narró un turista que se encontraba en el complejo y que pidió guardar el anonimato por razones de seguridad.
La refriega, que según estimaciones de testigos duró aproximadamente dos horas, culminó con "El Mencho" siendo alcanzado por las balas del ejército durante su intento de huida a través del bosque circundante. Aunque los militares intentaron trasladarlo por vía aérea a un hospital para recibir atención médica, el capo falleció a causa de las graves heridas recibidas. Esta cabaña había sido el escenario de su última cita con su novia, quien, según informes oficiales, fue una pieza clave para que las autoridades pudieran ubicar su paradero.
El lujo y la devoción del capo
Las autoridades mantuvieron el área completamente acordonada durante días. Vecinos de la zona narraron a la prensa que la vivienda, que en su exterior lucía enormes imágenes religiosas, quedó rodeada por cientos de casquillos de bala y un vehículo Jeep abandonado con las puertas abiertas. Algunos medios mexicanos difundieron posteriormente imágenes del lujoso interior de la cabaña, donde se podían observar muebles con cajones abiertos, camas revueltas y una mesa con imágenes religiosas, veladoras y una oración escrita a mano.
Entre los objetos personales encontrados, destacaban medicamentos para tratar problemas renales, padecimiento que presuntamente aquejaba a Oseguera desde hacía varios años. "Desconocía que hubiera personas así", confesó bajo anonimato una joven trabajadora doméstica que habita en la zona, reflejando el bajo perfil que el narcotraficante había mantenido en este exclusivo complejo de residencias de descanso.
Una venganza que incendió al país
La muerte del líder del CJNG no pasó desapercibida para su organización criminal. Como acto de venganza coordinada, el cartel desató una ola de violencia que se expandió a 20 de los 32 estados de México. Las acciones incluyeron bloqueos masivos en carreteras, la quema de gasolineras, comercios, vehículos y autobuses. "Estaban quemando carros y autobuses en la salida de Tapalpa", recordó la trabajadora doméstica, aún visiblemente nerviosa por los eventos.
Hasta el lunes siguiente al operativo, las rutas de acceso al destino turístico permanecieron bloqueadas con vehículos incendiados, una práctica habitual de las bandas criminales para impedir la llegada de refuerzos militares y policiales. Incluso, un par de kilómetros antes de llegar a la comunidad, pistoleros abrieron una zanja en medio de la carretera para obstaculizar el tránsito.
La lenta vuelta a la normalidad
Para el martes, el escenario en Tapalpa, un pueblo de aproximadamente 23.000 habitantes, comenzaba a cambiar lentamente. El lugar, que lucía desolado, vio cómo los turistas que suelen visitar durante los fines de semana comenzaron a abandonar el poblado en largas caravanas, escoltadas por vehículos oficiales a través de una carretera fuertemente vigilada por militares. La mayoría evitaba hablar con la prensa.
En el centro del pueblo, los comercios empezaron a abrir sus puertas de nuevo y la actividad económica, de manera paulatina, recuperó su ritmo habitual. Sin embargo, la tensión y el miedo aún flotaban en el ambiente, recordatorio del violento episodio que había convertido este apacible refugio de montaña en el epicentro de una confrontación nacional contra el narcotráfico.