México revive el patrón colombiano: violencia desatada tras muerte de capo narcotraficante
La reciente muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, conocido mundialmente como 'El Mencho', líder del temible Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), ha expuesto nuevamente la compleja realidad que enfrenta México en su lucha contra el narcotráfico. El operativo militar que terminó con la vida de uno de los criminales más buscados del planeta dejó un saldo trágico de 62 personas fallecidas, incluyendo soldados mexicanos que enfrentaron una resistencia armada con lanzacohetes.
Un paralelo preocupante con la experiencia colombiana
La situación actual en México guarda sorprendentes similitudes con lo vivido por Colombia décadas atrás. Así como la caída de Pablo Escobar no significó el fin del narcotráfico en territorio colombiano, la eliminación de 'El Mencho' tampoco resolverá el problema estructural que aqueja al país norteamericano. Allí donde cae un capo, surge inmediatamente una ola de violencia para determinar quién ocupará su lugar, mientras la ciudadanía sufre las consecuencias y el Estado enfrenta limitaciones operativas.
El general mexicano Ricardo Trevilla Trejo mostró una inusual emotividad durante una rueda de prensa, rompiendo en llanto al recordar a los soldados caídos. "Cumplieron su misión. ¿Y qué es lo que se demostró? La fortaleza del Estado mexicano", declaró el militar, aunque la realidad posterior al operativo parece contradecir parcialmente esta afirmación.
La estrategia cambiante y sus limitaciones
La administración de Claudia Sheinbaum ha implementado un enfoque más agresivo contra los carteles, marcando un cambio significativo respecto a la política de "abrazos, no balazos" de su predecesor Andrés Manuel López Obrador. Sin embargo, el gobierno reconoce abiertamente las dificultades estructurales para solucionar un problema enquistado en todos los niveles de la sociedad mexicana.
Omar García Harfuch, secretario de Seguridad y sobreviviente de un atentado del CJNG, ha sido el rostro visible de esta nueva estrategia. Aunque su gestión reporta logros importantes en los primeros 14 meses:
- Detención de casi 39.000 personas por delitos violentos
- Incautación de 20.000 armas
- Destrucción de 1.760 laboratorios de drogas
Los indicadores de violencia continúan mostrando tendencias preocupantes. Delitos como extorsión y secuestro van en aumento, y las pasadas elecciones se desarrollaron en medio de asesinatos políticos que evidencian la penetración del crimen organizado en la vida institucional.
El desafío persistente del control territorial
García Harfuch ha identificado al cartel de 'El Mencho' como el "principal responsable de generar violencia en el país", acusándolo de cometer múltiples delitos que incluyen homicidio, tráfico de personas y ataques armados contra autoridades. Sin embargo, el problema trasciende a cualquier organización criminal específica.
México enfrenta el mismo dilema que Colombia conoció profundamente: la existencia de territorios donde el control real lo ejercen grupos al margen de la ley. Estos grupos utilizan sus enormes recursos financieros ilegales no solo para mantener sus operaciones criminales, sino también para infiltrarse en la política y garantizar su permanencia.
Los vehículos incendiados tras el operativo contra 'El Mencho' enviaron un mensaje claro tanto a México como al mundo internacional: los carteles no están dispuestos a ceder poder fácilmente. Esta demostración de fuerza ocurre mientras la administración Sheinbaum busca aliviar la presión de Estados Unidos, particularmente bajo la administración de Donald Trump, que prioriza resultados visibles en la lucha contra las drogas.
Una solución que requiere más que operativos militares
La experiencia colombiana demuestra contundentemente que el problema del narcotráfico no se soluciona eliminando cabezas visibles. Se requiere una estrategia integral que aborde las causas estructurales, incluida la desigualdad social, la corrupción institucional y la falta de oportunidades económicas legítimas.
El aumento en la percepción de inseguridad entre la población mexicana indica que el país está lejos de encontrar soluciones sostenibles a mediano y largo plazo. Mientras tanto, la ciudadanía continúa pagando el precio más alto en un conflicto que parece no tener fin inmediato.