Ciudadanía en Reserva: Un Acercamiento Transformador con la Fuerza Pública
Como muchos colombianos, crecí con narrativas complejas sobre la Fuerza Pública. Reconocía su disciplina y capacidad operativa, pero también enfrentaba críticas legítimas sobre abusos, distancia institucional y desconfianza generalizada. En mi caso particular, estas no eran solo debates abstractos, sino realidades dolorosas que incluían perfilamiento racial, muertes injustificadas de jóvenes afrodescendientes y un incidente personal donde una bala disparada al aire durante fiestas en Cartagena atravesó el pulmón de mi primo, dejando secuelas permanentes.
Un Paso Decisivo Hacia el Diálogo
Con ese bagaje histórico, el año pasado tomé una decisión que cambiaría mi perspectiva: me uní a la décima cohorte del curso de Profesionales Oficiales de la Reserva de la Policía Nacional. Este programa permite a ciudadanos comunes participar en misiones de seguridad y convivencia sin tener vínculo laboral formal con la institución. Llegué con tensiones arraigadas y preguntas incómodas, pero también con genuina curiosidad y un respeto que no nacía de la indiferencia, sino de la memoria colectiva.
Lo que descubrí dentro de la institución me permitió ampliar significativamente mi marco de comprensión. Comprendí que las decisiones policiales no se toman en abstracto, sino en espacios humanos llenos de contradicciones y desafíos estructurales profundos. Cuando la distancia se reduce y aumenta la proximidad, se hace evidente que quienes visten el uniforme son también ciudadanos atravesados por las mismas complejidades sociales que intentan gestionar diariamente.
La Realidad Multifacética de la Policía Colombiana
En un país marcado por desigualdades persistentes y vacíos institucionales, la Policía Nacional cumple funciones que van mucho más allá de la prevención y reacción frente al delito. Su labor incluye:
- Mediación en conflictos familiares y comunitarios
- Acompañamiento en procesos ambientales y sociales
- Gestión integral de emergencias y crisis
- Presencia estatal en territorios con limitada institucionalidad
En muchas regiones de Colombia, los uniformados representan la presencia más visible, y frecuentemente la única, del Estado. Esta realidad no excusa ni minimiza los abusos documentados, pero sí proporciona un contexto esencial para entender la complejidad institucional. El reconocimiento de este peso humano permite que la conversación sobre seguridad ciudadana sea más honesta, matizada y constructiva.
Legitimidad Nacida del Encuentro Directo
Las sesiones de capacitación y entrenamiento físico confirmaron una verdad fundamental: la legitimidad que transforma y perdura no nace del discurso ni de la fuerza coercitiva, sino del encuentro humano cotidiano. Se construye a través del respeto mutuo, la escucha activa y el reconocimiento recíproco entre ciudadanía e institución.
En una democracia funcional, la seguridad representa una responsabilidad compartida. La distancia absoluta entre civiles y uniformados solo alimenta ciclos de desconfianza que debilitan el tejido social. Por ello, cuantos más ciudadanos accedan a espacios de formación e intercambio con la Fuerza Pública, más rica y productiva será la conversación nacional sobre seguridad.
La Reserva como Herramienta de Transformación
Contrario a lo que podría pensarse, mi experiencia en la reserva policial no diluyó las fronteras entre civiles y uniformados. Por el contrario, las hizo más conscientes e informadas, permitiendo que ciudadanos del común comprendamos las lógicas institucionales y sus limitaciones estructurales.
Programas como este representan herramientas valiosas no para eliminar la crítica ciudadana, sino para cualificarla. No para diluir el control civil, sino para fortalecerlo mediante:
- Mayor profesionalización institucional
- Diversidad en las filas policiales
- Mecanismos de supervisión más efectivos
- Conexión genuina entre autoridad y comunidad
En tiempos electorales donde la seguridad ocupa el centro del debate público, es crucial recordar que las instituciones no se robustecen con discursos duros ni con desconfianzas totales. Se consolidan mediante procesos participativos que integran a la ciudadanía en la construcción colectiva de seguridad.
Experimentar la institución desde adentro no me hizo menos crítica. Me hizo más consciente de que la ciudadanía también se ejerce cuando decidimos acercarnos, dialogar y participar activamente en la transformación de nuestras instituciones públicas.
