La vida de un policía antibombas en Cali: 'No hay lugar para el miedo, solo desactivar'
Policía antibombas en Cali: 'No hay lugar para el miedo'

La vida de un policía antibombas en Cali: 'No hay lugar para el miedo, solo desactivar'

En Cali, donde las explosiones y amenazas de artefactos explosivos han marcado la realidad de la ciudad, hombres como Jairo enfrentan diariamente el peligro con un único objetivo: desactivar bombas y salvar vidas. Este uniformado del Grupo Antiexplosivos y Antiterrorista de la Policía Metropolitana de Cali forma parte de lo que él llama 'la hermandad', un equipo especializado que decide quién se pondrá el traje antifragmentario para cada intervención.

Una hermandad contra el terror

Jairo describe el traje antifragmentario como "esos trajes para manejo de elementos químicos y radioactivos, que cubren completamente el cuerpo de los pies a la cabeza, con el respectivo casco, guantes y zapatos especiales". Los miembros de esta unidad deben desplazarse con kilos de peso encima de su blindaje, contener la respiración, soportar el calor extremo y colocarse frente a la bomba con precisión milimétrica.

Este año ya van tres acciones frustradas contra el terrorismo en la región, según el alcalde Alejandro Eder. Entre ellas destacan la moto bomba en Balboa, Cauca, el 6 de diciembre; la desactivación de otra moto bomba en la vía Panamericana el 14 de febrero de 2026; y el camión bomba que por fortuna no explotó completamente el 21 de agosto de 2025 cerca de la base aérea Marco Fidel Suárez.

Momentos críticos que marcaron la ciudad

El atentado del 21 de agosto de 2025 representa uno de los episodios más dramáticos recientes. Dos camiones cargados con 100 kilos de explosivos a base de nitrato de amonio y polvo de aluminio habían sido preparados por disidentes de las Farc del frente 'Jaime Martínez'. Solo uno explotó, causando la muerte de seis civiles y más de 70 heridos, pero pudo haber sido tres veces peor.

Jairo estuvo allí con su equipo durante nueve horas continuas, trabajando para desactivar el segundo vehículo que permanecía intacto. "Todos nos protegemos. Por eso es una hermandad. Estamos pendientes los unos de los otros", explica el policía, destacando la importancia del trabajo en equipo en estas operaciones de alto riesgo.

La vocación que nació de una tragedia

La decisión de Jairo de unirse a la Policía tiene raíces en un atentado terrorista ocurrido hace 20 años. El primer viernes de agosto de 2006, un vehículo explotó cerca del CAI en el barrio El Vallado, en el oriente de Cali. "Yo estaba con mi mamá en el hospital y este queda cerca de la Policía. Mi mamá fue afectada. Vi a personas con traumas", recuerda.

Ese día quedaron latas retorcidas, personas sin vida -entre civiles y policías-, nueve transeúntes y seis uniformados heridos. La indignación por el dolor de los habitantes de este barrio de familias vulnerables del distrito de Aguablanca lo motivó a inscribirse en la Policía apenas cumplió la mayoría de edad.

El protocolo de desactivación

Cuando reciben un llamado, uno de los miembros del equipo contra explosivos usa el blindaje completo, mientras los demás siguen estrictos protocolos de seguridad, atentos a cada minuto sin descuidar al compañero. Las jornadas pueden extenderse de sol a sol e incluso hasta el día siguiente, trabajando meticulosamente con herramientas especializadas para cortar los cables precisos de los peligrosos artefactos.

Jairo, quien lleva unos cuatro años con Antiexplosivos en Cali después de una década en la Policía Nacional, ha atendido numerosas emergencias en la capital del Valle del Cauca. Entre ellas destaca el furgón que explotó con cinco cilindros frente a las casas fiscales de la Tercera Brigada del Ejército en el Batallón Pichincha, ocurrido el 4 de abril de 2024 en el barrio Nápoles del sur caleño.

La psicología del desactivador

"Todos tenemos miedo, como cualquier ser humano. Pero no hay tiempo para el miedo. El miedo se controla. No se puede dejar que sea lo contrario porque se puede cometer un error", confiesa Jairo. Ese error podría costarle la vida no solo a él, sino que la onda explosiva alcanzaría a los demás integrantes de su hermandad y a cualquier persona cercana.

La adrenalina mantiene su cuerpo funcionando a todo momento durante las operaciones. "Trabajar en este grupo desactivando explosivos es mi pasión, me gusta hacerlo", afirma con convicción, aunque reconoce que su familia, aunque orgullosa, recibe pocos detalles para evitarles preocupaciones innecesarias.

Un día en la vida del especialista

Cada mañana, Jairo se persigna como buen católico y creyente en el Señor de los Milagros, poniendo todo de sí para llegar a su sitio de trabajo. Allí se reúne con su 'otra familia', la hermandad que le guarda la espalda cada vez que se pone el pesado blindaje. En ese momento crucial, toma una bocanada de aire y se concentra en una carrera contrarreloj para, si es necesario, desmontar y detonar el explosivo que tiene enfrente, evitando más tragedias causadas por grupos armados.

Los integrantes del Grupo Antiexplosivos están altamente calificados y entrenados, habiendo superado rigurosas pruebas físicas y psicológicas entre centenares de aspirantes. Por jurisdicción territorial, no quedan más de una veintena de especialistas capacitados para desactivar maletas, motos bomba, carros o camiones cargados con explosivos.

Para Jairo y sus compañeros, cada día representa una nueva oportunidad para proteger a la población caleña del flagelo del terrorismo, demostrando que en medio del peligro, la preparación, el trabajo en equipo y la vocación de servicio marcan la diferencia entre la vida y la muerte.