Una historia de amor que venció la adicción: Sandra y Felipe se casan tras superar las drogas
Amor que vence la adicción: Sandra y Felipe se casan tras rehabilitación

Una historia de amor que venció la adicción: Sandra y Felipe se casan tras superar las drogas

En Tunja, Boyacá, este viernes se formaliza una historia singular que demuestra una máxima en la que pocos se atreven a creer: que el amor, incluso después de la caída más profunda, es capaz de vencerlo todo. Sandra Guio y Felipe Romero, quienes se conocieron cuando apenas tenían 18 años, hoy consolidan una unión que sobrevivió a la drogadicción, la separación y la reconstrucción personal.

Un encuentro en medio del caos

Sandra Guio, nacida en la capital boyacense, y Felipe Romero, proveniente de Bogotá, se encontraron en una esquina cualquiera de Tunja cuando ambos enfrentaban una batalla silenciosa y feroz: la adicción a las drogas. Ella apenas comenzaba a estudiar Psicología, mientras él aún cursaba la secundaria. Ninguno de los dos tenía herramientas para enfrentar su situación, pero en ese encuentro fortuito encontraron algo invaluable.

"Nos reconocimos en medio del caos", recuerda Sandra hoy, con una serenidad construida a pulso. "Éramos dos muchachos perdidos, confundidos, sin herramientas... pero cuando nos vimos, sentimos algo muy fuerte: que no estábamos solos. Y eso, en ese momento, era todo".

Banner ancho de Pickt — app de listas de compras colaborativas para Telegram

Felipe revive ese instante con claridad: "No sabíamos cómo salir de donde estábamos. Ni siquiera entendíamos del todo lo que nos pasaba. Pero sí sabíamos algo: queríamos quedarnos juntos. Era como si, en medio de todo, hubiéramos encontrado un lugar donde descansar, aunque el mundo se estuviera cayendo".

El amor que resistió en las sombras

Así nació una historia de amor que nunca negó la tragedia, pero que aprendió a resistir dentro de ella. No fue un amor de finales felices inmediatos, sino de pequeñas resistencias: de acompañarse en los días difíciles, de sostenerse cuando todo alrededor parecía desmoronarse, de intentarlo incluso después de caer.

De esa relación nació un hijo, al que hoy ambos nombran sin vacilar como su mayor orgullo y su punto de quiebre. "Nuestro hijo es la prueba de que algo bueno siempre estuvo ahí", dice Sandra. "Incluso cuando todo parecía perdido".

Sin embargo, el mundo de las adicciones no concede treguas fáciles. Las recaídas persistentes terminaron por separarlos. El amor no desapareció, pero quedó atrapado entre las urgencias de sobrevivir. Cada uno siguió su camino, empujado más por la necesidad de las drogas que por la decisión. Las batallas que cada uno libró fueron fuertes y dramáticas, y su hijo fue criado por los abuelos, quienes nunca lo desampararon.

El reencuentro en Bucaramanga

Hace tres años, esos caminos difíciles los llevaron, por separado y por esas cosas del azar, a las calles de Bucaramanga. Y allí, cuando todo parecía fragmentado, ocurrió lo improbable.

Se reencontraron en la Fundación Funpaliber, en la carrera 15 con calle 22. No fue solo un cruce de miradas: fue un segundo comienzo. Ese lugar se convirtió en una red de apoyo sólida, humana e insistente, capaz de sostenerlos cuando ellos ya no podían hacerlo solos.

"La fundación fue el punto de partida de todo lo que hoy somos", dice Felipe con convicción. "Nos enseñaron disciplina, responsabilidad, pero sobre todo nos enseñaron que sí se puede volver a empezar... aunque uno venga de muy abajo".

Sandra lo explica desde una comprensión más profunda de sí misma: "Allá entendí algo clave: el amor no alcanza si uno no está bien. Primero tuvimos que sanarnos, reconocernos, aprender a vivir sin depender de nada que nos hiciera daño. Fue un proceso duro, pero necesario".

La formalización de su unión

Gracias a esas redes de apoyo, al acompañamiento constante de profesionales y al compromiso personal de cada uno, hoy pueden decir, sin titubeos, que están rehabilitados socialmente. No como una etiqueta, sino como una realidad que construyen todos los días, con disciplina y decisiones firmes.

En ese terreno nuevo, más firme y más consciente, tomaron una decisión que este viernes se convierte en acto. A las 11:00 de la mañana, en la Notaría Séptima, Sandra y Felipe formalizan su unión. No como un gesto que borra el pasado, sino como uno que lo honra, lo reconoce y lo trasciende.

Banner post-artículo de Pickt — app de listas de compras colaborativas con ilustración familiar

Serán testigos de ese momento Paola Rincón, directora de Funpaliber, y la psicóloga Shirley Forero, quienes han acompañado de cerca su proceso, no solo como profesionales, sino como parte de esa red que los sostuvo cuando más lo necesitaron.

El próximo domingo, en la Iglesia Adventista del Séptimo Día, celebrarán su ceremonia religiosa. Será un encuentro íntimo, dicen, pero cargado de significado: un acto de fe, de compromiso y de gratitud.

Lo que viene para la pareja

"Lo que viene para nosotros es trabajar, estar unidos y cuidar este amor todos los días", dice Sandra. Felipe añade, con una convicción tranquila: "Y también ayudar a otros. Porque así como nosotros tuvimos una mano que nos levantó, hay muchas personas que necesitan lo mismo. Todos tienen derecho a recomponer su camino".

Luego, casi como una síntesis de todo lo vivido, Sandra lo dice sin adornos, pero con una fuerza serena: "Hoy nuestra única adicción es el amor". Felipe sonríe, y esta vez la sonrisa no es frágil: "Y es una 'adicción' de la que, irónicamente, no nos queremos recuperar".

Esta no es una historia perfecta, ni pretende serlo. Es una historia real, hecha de caídas, pérdidas, segundas oportunidades y decisiones conscientes. Una historia que no oculta la oscuridad, pero que demuestra que incluso desde allí se puede volver. Porque hay vidas que, aun después de tocar fondo, encuentran la manera de levantarse. Y hay amores que, cuando logran sobrevivir a todo, dejan de ser promesa para convertirse en camino.