Bogotá enfrenta el legado del conflicto armado en la niñez con nuevas herramientas de memoria y apoyo psicosocial
"Había más de 30 niños en la ruta. Nos agachamos todos inmediatamente. Yo sentí una mano grande y lijosa que me cogía del brazo. Me agarró del brazo y me jaló, me jalaba del asiento. Eran los nervios tan horribles de él; cuando pasan estas cosas hay nervios y angustia de lado y lado. Los nervios de él sacándome, de que yo me saliera rápido, y los nervios míos de que me estaban sacando del bus. No se daba cuenta que tenía puesto el cinturón y yo trataba de hablarle, pero tampoco podía hablar. Hasta no sé qué pasó y él se dio cuenta y espichó el botón. Me sacó del asiento, empezó a jalarme por todo el pasillo del bus. Me acuerdo de ver a la gente quedarse, ver a mi hermana agachadita".
Este relato desgarrador, titulado "Con el uniforme del colegio", no es ficción. Forma parte del volumen testimonial del Informe Final de la Comisión de la Verdad, "Cuando los pájaros no cantaban". Representa una de las más de 1.700.000 historias que documentan cómo el conflicto armado colombiano se ensañó específicamente con los niños y las niñas. La violencia no se limitó al reclutamiento forzado; incluyó desplazamiento, secuestro, tortura y la exposición forzada a innumerables vejámenes y sufrimientos.
El trauma que trasciende generaciones: un desafío urgente para la política pública
El impacto del conflicto armado en la niñez es profundo y aún no se dimensiona completamente. Las consecuencias van más allá de lo físico o material, extendiéndose a través de generaciones. Un estudio reciente de la Universidad de Los Andes, titulado "Las heridas que se heredan: trauma intergeneracional y desplazamiento en Colombia", revela datos alarmantes. Al comparar niños de familias desplazadas con aquellos no afectados, se identificaron brechas significativas en desarrollo, bienestar socioemocional y síntomas de salud mental.
Lo más preocupante es que un porcentaje considerable de estos niños nacieron después del desplazamiento de sus familias, pero aún así heredaron las heridas psicológicas de la guerra. Esto demuestra que no solo la pobreza se transmite entre generaciones, sino también el trauma y sus efectos devastadores. Estos hallazgos, junto con los testimonios de la Comisión de la Verdad, subrayan la necesidad crítica de que las políticas públicas de atención a víctimas aborden de manera diferencial el impacto del conflicto en la vida de los menores.
Bogotá responde: kit psicosocial y memoria adaptada para la niñez
En Bogotá, residen aproximadamente 70.000 niños y niñas víctimas del conflicto armado. Ante esta realidad, el Distrito ha emprendido acciones concretas para fortalecer la atención a estos menores una vez que llegan desplazados a la ciudad. Se ha diseñado e implementado un kit de atención psicosocial, orientado a proporcionar herramientas básicas para la estabilización emocional. Este kit busca contribuir a procesos de regulación emocional, identificación de señales de alerta y acceso a rutas de protección.
Esta iniciativa complementa estrategias existentes, como los Centros Filarmónicos para la Paz, desarrollados en alianza con la Secretaría de Integración Social y la Filarmónica de Bogotá, en localidades con alta concentración de niños víctimas. Sin embargo, la atención directa no es suficiente si no se acompaña de un ejercicio colectivo de memoria. Por ello, el 9 de abril, en el Día Nacional de la Memoria y la Solidaridad con las Víctimas del Conflicto Armado, se lanzará una versión especial para niños de "Cuando los pájaros no cantaban".
Una colección testimonial para sanar y educar
Esta adaptación consiste en una colección de seis testimonios seleccionados, adaptados e ilustrados, fruto del trabajo colaborativo entre el ex comisionado de la Verdad Alejandro Castillejo, el equipo del Centro de Memoria, Paz y Reconciliación, y el apoyo de la Fundación Plan. La premisa es clara: los niños y niñas sí han vivido el conflicto, pero los adultos no han sabido escuchar adecuadamente lo que este ha causado durante más de cinco décadas.
Estamos convencidos de que para construir un futuro distinto, es imperativo atender y acompañar hoy a la niñez que ha experimentado la crudeza de la guerra. No se trata solo de brindar asistencia, sino de dotarles de herramientas para que el horror del conflicto no defina sus vidas para siempre. En Bogotá, la meta es asegurar que los niños y niñas víctimas tengan un presente digno, que no limite su capacidad y libertad para soñar.
Este esfuerzo representa un paso significativo hacia la reconciliación y la sanación, reconociendo que la memoria, cuando se comparte de manera accesible y sensible, puede ser un poderoso instrumento de transformación social y personal para las generaciones más jóvenes afectadas por la violencia.



