Casa decomisada a narcos en Necoclí se transforma en refugio para 250 niños migrantes vulnerables
Casa de narcos en Necoclí ahora es refugio para niños migrantes

De guarida criminal a santuario infantil: la transformación de una casa en Necoclí

Un inmueble que durante años sirvió como centro de operaciones para el narcotráfico en Necoclí, Antioquia, ha sido completamente transformado para convertirse en un refugio destinado a proteger a cerca de 250 niños migrantes y locales en situación de vulnerabilidad. La Casa de la Esperanza, como ha sido bautizada, fue entregada oficialmente el mes pasado por la Sociedad de Activos Especiales (SAE) al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), marcando un hito en la resignificación de propiedades decomisadas al crimen organizado.

Un laberinto judicial que culmina en esperanza

El proceso para recuperar este predio, ubicado en el corazón de Necoclí, fue largo y complejo. La Fiscalía tuvo que solicitar la extinción de dominio, un procedimiento legal que implicó demostrar que el inmueble fue utilizado como sede de actividades ilícitas. Tras meses de seguimiento y varios pleitos judiciales, la SAE logró adquirir los títulos en 2021, pero no fue hasta este año que se concretó su entrega para un fin socialmente positivo. Catalina Serrano, encargada de la SAE para esta entrega, destacó: "Lo que antes era un símbolo de economías ilícitas, hoy se transforma en refugio, cuidado y oportunidades para la niñez".

Inversión conjunta para la protección infantil

El predio, avaluado en 73 millones de pesos, requirió una inversión significativa para su adecuación. El ICBF destinó 150 millones de pesos para remodelar las instalaciones, mientras que la ONG Aldeas Infantiles aportó un monto similar para dotar el espacio con mobiliario, enseres y artículos pedagógicos. Esta alianza estratégica permitirá que el ICBF proporcione el inmueble listo para su uso, y Aldeas Infantiles se encargue de su operación diaria, con personal especializado en trabajo social, psicología, pedagogía y nutrición.

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Necoclí: un punto crítico en la ruta migratoria

La elección de Necoclí no es casual. Este municipio antioqueño sigue siendo una de las principales rutas migratorias de Colombia, especialmente para personas que cruzan el Darién. Aunque el flujo migratorio ha disminuido un 97% según un sondeo de 2025 del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, aún se registran alrededor de 14.000 personas transitando regularmente por la zona. Astrid Cáceres, directora del ICBF, explicó: "¿Por qué Necoclí? Por la ruta de migración tan fuerte. Hemos puesto a funcionar un centro de emergencia transitorio que nos permitirá acoger y hacer un ejercicio de protección de derechos".

Los niños: las víctimas más vulnerables

Centenares de niños, en su mayoría venezolanos o haitianos, han vivido historias traumáticas durante su travesía por el Darién. Muchos han perdido a sus familiares o deben continuar el camino en soledad. Un informe de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) documenta esta cruda realidad. Además, una alerta de la Defensoría del Pueblo en 2022 reveló que estos menores enfrentan riesgos como desnutrición, violencia sexual, explotación y trata de personas por parte de grupos armados en la región.

Un centro transitorio con enfoque integral

La Casa de la Esperanza funcionará las 24 horas del día, los siete días de la semana, atendiendo a niños entre los seis y los 18 años. Su enfoque será transitorio, no permanente, con el objetivo de reparar las vivencias traumáticas y, siempre que sea posible, reunificar a los niños con sus familias, sin importar dónde se encuentren. Esteban Reyes, director de Aldeas Infantiles, calificó la entrega como un momento histórico: "Es la muestra de cómo sumamos esfuerzos para lograr beneficios hacia una población que más necesita oportunidades en Colombia".

Un piloto para el futuro

Este proyecto no solo busca atender la emergencia inmediata, sino que también sirve como un piloto para demostrar cómo se pueden garantizar derechos en un país que es el principal receptor de migración venezolana. En un contexto donde muchos bienes decomisados tardan décadas en ser entregados a quienes más los necesitan, la rapidez relativa de este proceso—completado en unos años—ofrece un modelo esperanzador para futuras iniciativas similares en otras regiones de Colombia.

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