Olivier Dubois, jefe de la Delegación Regional del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) en Bogotá desde febrero de 2026, llegó a un país que atraviesa la peor crisis humanitaria de la última década. Colombia enfrenta una reconfiguración del conflicto armado, o de los conflictos armados, como el CICR prefiere llamarlos, marcada por un sufrimiento generalizado.
Con 28 años de experiencia en la organización, Dubois sirvió previamente como jefe de la Delegación Regional para México y América Central, donde lideró la respuesta humanitaria en México, Honduras, El Salvador, Guatemala y Panamá. Su experiencia en contextos de guerra en distintos rincones del mundo lo lleva a hablar con cautela, evitando comparar cifras entre países, pues considera que lo esencial es el impacto sobre la población civil. “Al final, lo que importa es el impacto sobre el niño, la niña, la mamá. Si tu familia está en un lugar con presencia militar, enfrentamientos o artefactos explosivos, el impacto es el mismo para ti que en otros lugares”, afirma.
En entrevista con Colombia+20, Dubois conversa sobre el más reciente informe del CICR sobre Colombia, los límites de la respuesta humanitaria frente a los recortes presupuestales y el aumento de las violaciones al Derecho Internacional Humanitario (DIH) en medio de la reconfiguración de la guerra.
Afectaciones en los focos de violencia
Dubois señala que no todo el territorio nacional está impactado de la misma manera. El informe de 2025 es claro en que Norte de Santander ha tenido un lugar desproporcionado en términos de afectaciones. “El conflicto se intensificó y no hay una resolución, y lo vemos aún ahora en 2026: Norte de Santander, Catatumbo, sigue siendo una zona de conflictividad importante”, indica. Además, menciona que en Guaviare casi el 20 % de la población fue confinada en 2025, lo que representa una afectación mayor en toda la región, más allá de las cifras.
Violaciones del DIH fuera de los combates
El documento señala que la mayoría de las violaciones del DIH ocurrieron fuera de los enfrentamientos. Dubois atribuye esto a la complejidad y fragmentación de los grupos armados. “Lo que vemos son comunidades que se encuentran en medio de una disputa. No se trata únicamente de protegerse durante los enfrentamientos, sino de tener miedo al reclutamiento, atentados a la integridad física y dificultades para seguir con sus tareas habituales, como los cultivos”, explica. El informe es un llamado a las partes en conflicto para que respeten el DIH tanto durante los combates como en zonas pobladas.
Impacto de la crisis en las comunidades
Dubois describe 2025 como el año más grave de la última década. Al llegar a Colombia, visitó zonas como Caquetá y Quibdó, donde encontró comunidades en medio de disputas entre grupos armados. “Me encontré con comunidades recién afectadas por enfrentamientos y confinamiento. Hablar con la gente afectada y ver el territorio es indispensable para poder incidir y apoyar a mis equipos”, relata.
Capacidad de respuesta del CICR
Dubois reconoce que el CICR ha logrado adaptar su respuesta gracias a su proximidad con las comunidades, pero la reducción presupuestaria global ha afectado la capacidad humanitaria. “Hay un riesgo y un dolor para mis equipos de no poder estar presentes en todas las necesidades”, afirma. El CICR prioriza su presencia en zonas donde otros actores no tienen garantías de acceso, manteniendo 10 estructuras en Colombia. También enfatizan acciones de protección que reducen violaciones al DIH, coordinándose con otros actores cuando es posible.
Efectos en el tejido social
El CICR documentó 845 presuntas violaciones al DIH en 2025, pero Dubois insiste en que el impacto va más allá de los números. “El tejido social está bastante afectado. Cuando una comunidad debe convivir con diferentes grupos armados, la presión social es impactante y afecta su capacidad de convivir y afrontar la realidad”, señala.
Catatumbo: una crisis acumulativa
Hace poco más de un año, Catatumbo vivió la peor crisis humanitaria en 20 años. Dubois destaca que lo preocupante es la continuación de las afectaciones: desplazamiento, dificultades de acceso a salud y educación. “Hay un efecto acumulativo sobre comunidades que cada vez tienen menos oportunidades de resiliencia”, advierte.
Uso de drones explosivos
El informe aborda el uso de drones explosivos, especialmente en Catatumbo, que generan un nuevo miedo e incertidumbre. Dubois considera que el CICR aún no está totalmente preparado para entender el riesgo. “Hay que apurarnos en entender el fenómeno. El DIH es aplicable a esta tecnología, y las precauciones para no afectar a la población civil son esenciales”, afirma.
Violencia sexual: un desafío de visibilización
La violencia sexual tiene un subregistro importante. Dubois señala que es difícil saber exactamente lo que está pasando, pero el CICR lo menciona diariamente en su diálogo con las partes en conflicto. “No aceptamos una respuesta de que eso no existe, porque sabemos que existe”, enfatiza.
Diálogo con actores armados
Durante 2025, el CICR sostuvo más de 500 diálogos directos con las partes en conflicto. Dubois destaca que en Colombia existe una base común de diálogo basada en el DIH, algo que no ocurre en todas partes del mundo. “Eso me parece importante. No es suficiente, pero es fundamental para tener en los próximos años un informe menos preocupante”, dice.
Fallas en las advertencias
Dubois evita señalar una receta ideal, pero afirma que el respeto al DIH disminuye las afectaciones a la población civil. “Eso es un paso importante para seguir avanzando en Colombia”, sostiene.
Ataques al personal de salud
Los ataques contra el personal de salud son especialmente alarmantes. Dubois recuerda que una persona herida fuera de combate tiene protección especial y debe ser atendida. “Una forma de control territorial no debería impedir el acceso a servicios de salud”, afirma. El CICR facilita el acceso a servicios estatales y, cuando es necesario, evacúa heridos de zonas de tensión.
Desapariciones en el conflicto
El CICR registró más de 300 nuevas desapariciones en 2025. Dubois expresa preocupación porque, a pesar de mecanismos como Medicina Legal y la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas, los cuerpos pueden quedarse sin recuperar debido a confinamientos y enfrentamientos. “Es parte del diálogo con los actores armados: esperamos que no impidan la recuperación y que compartan información”, indica.
Zonas de mayor preocupación
Dubois se preocupa especialmente por los enfrentamientos en zonas pobladas, donde las afectaciones son mayores. “Me impactó ver que las escuelas siguen ocupadas por personas armadas o ubicadas cerca de actores armados, lo que pone en riesgo a los menores”, señala.
Prioridades para el próximo gobierno
Dubois envía un mensaje al próximo gobierno, a los congresistas y a las partes en conflicto: “No olviden que hay un marco jurídico, el DIH, que debe respetarse. Eso puede ser la base para una disminución de las afectaciones a la población civil y para construir una ruta de salida de los conflictos”.



