La entrega de los restos de Camilo Torres reaviva el debate sobre su legado
La reciente entrega de los restos de Camilo Torres Restrepo por parte de la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (UBPD) ha puesto nuevamente en el centro de la discusión pública la figura del sacerdote y sociólogo, cuya vida continúa generando tanto admiración como controversia en Colombia. La urna fue recibida por el padre Javier Giraldo, sacerdote jesuita y reconocido defensor de derechos humanos, quien impulsó la búsqueda desde lo que la UBPD denomina la "familia social".
Un compromiso que nació en la juventud
En conversación exclusiva, Giraldo reconstruye las razones de su compromiso con la memoria de Torres. "Cuando Camilo estaba en su momento más intenso de acción social y política en 1965, yo tenía 19 años y estaba en el noviciado de los jesuitas", recuerda el sacerdote. "Me mandaron a los Seguros Sociales de Medellín, y en esa misma semana llegó Camilo a la ciudad. Pude experimentar cómo en las tres clínicas que atendía, todo el mundo se volcaba a escucharlo".
Giraldo describe escenas impactantes: "Veíamos cómo algunos enfermos se levantaban de sus camas para ir a escucharlo. La gente de todas esas clínicas se peleaba por sentarse a la mesa con nosotros, que éramos tres novicios con sotana". Lo que más le impactó fueron los comentarios de la gente: "Decían que no entendían la condena de la Iglesia a Camilo Torres; cuando uno lo oye, lo que él dice es puro evangelio. Nos preguntábamos: ¿La Iglesia está condenando el evangelio?".
La emoción de recibir sus restos
Al preguntarle sobre la entrega de los restos, Giraldo expresa: "Una emoción muy profunda, pero al mismo tiempo sentía algo como que lo que estoy haciendo aquí no es como persona, sino como país". El sacerdote afirma haber percibido "la admiración y el amor por la memoria de Camilo es muy grande, muy grande" en sus trabajos con movimientos sociales y comunidades de protesta.
Más allá de los tres meses finales
Giraldo critica la reducción de la figura de Torres a sus últimos tres meses de vida, cuando se vinculó al ELN. "Él fue un sacerdote que termina yendo a un grupo armado y eso conmovió y escandalizó no solamente a los colombianos, sino a todo el mundo", reconoce. Sin embargo, insiste en que "son tres meses que contrastan con muchos años de ejercicio del sacerdocio, de maestría en la universidad, de diálogo con muchos movimientos sociales y políticos".
El sacerdote jesuita explica que la decisión de Torres tuvo múltiples factores: "Amigos de él, que lo acompañaron mucho en sus estudios sociales, le dijeron: si usted no se va para la guerrilla, le tocará estar preso durante el resto de su vida porque los militares ya lo están buscando". Pero aclara: "Creo que no fue solo por estar en la guerrilla, sino por todo lo que él afirmaba de la situación social del país".
El sacerdote comprometido y el sociólogo transformador
Giraldo destaca aspectos menos conocidos de la vida de Torres: "Él no fue un sacerdote de pacotilla. Fue un sacerdote muy convencido de su vocación, muy entusiasmado, muy enamorado de su vocación". Describe cómo la Biblia de Torres "estaba muy subrayada con textos que refieren al amor, al amor a los demás, al amor cristiano, a la caridad".
Como sociólogo, Torres comprendió que ese amor "tenía que expresarse prácticamente en la sociedad". Durante su tiempo como capellán en la Universidad Nacional, organizaba visitas de estudiantes a los barrios más empobrecidos de Bogotá, como Tunjuelito, donde descubrió una paradoja reveladora: "Los estudiantes que asisten más al culto cristiano no les gusta ir a los barrios, y nunca van. Y en cambio los que van a los barrios son aquellos estudiantes que no les gusta el culto y que se dicen ateos".
Esta observación llevó a Torres a escribir al arzobispo una carta profunda donde señalaba: "Los que aman no tienen fe, y los que tienen fe no aman". Según Giraldo, esta reflexión "en el fondo son los principios que le dan origen a la teología de la liberación unos años después".
El amor eficaz como concepto revolucionario
Uno de los aportes más significativos de Camilo Torres fue su concepto de "amor eficaz". Giraldo explica: "El amor eficaz fue la consigna central de la vida de Camilo. Cuando él se hizo sociólogo, entendió que ese amor no puede ser un amor romántico o teórico, sino que tiene que ser eficaz".
Torres tomaba un texto del Evangelio de San Mateo sobre el juicio final y las obras de misericordia, argumentando: "Para ser cristianos tenemos que dar de comer, pero no a unos pocos, sino a todo el país. Y para darle de comer a todos los pobres de Colombia necesitamos un cambio de estructuras". Giraldo añade: "En sus últimos años él dijo que esa revolución no debe ser teórica, debe ser práctica. La revolución comprometida era casi un sinónimo del amor eficaz".
La compleja relación con el ELN
Sobre el uso de la figura de Torres por parte del ELN, Giraldo reconoce la dificultad de discernir entre las múltiples versiones. Relata que "a Camilo le tocó la comandancia de Fabio Vázquez Castaño", de quien se dice que "trató a Camilo muy mal, que no supo el valor de la persona que estaba llegando allí y lo puso en circunstancias de combate y manejo de armas que él no era capaz".
Sin embargo, destaca que "después de Fabio Vázquez vienen otros comandantes que valoraron muchísimo más lo que había sido Camilo en la guerrilla", como Manuel Pérez o Nicolás Gabino. "Lo que sí es claro", concluye Giraldo, "es que posteriormente su figura fue asumida como un referente muy fuerte dentro de esa organización, y eso también ha contribuido a la polémica permanente sobre su memoria".
La entrega de los restos de Camilo Torres no solo cierra un capítulo de búsqueda, sino que reabre el debate sobre cómo recordar integralmente a una figura que, más de medio siglo después de su muerte, sigue despertando pasiones y reflexiones sobre la justicia social, la fe comprometida y los límites de la lucha por la transformación estructural en Colombia.



