Víctima de Bogotá denuncia abusos sexuales por clérigos católicos desde la infancia
Marco Rakower, un ciudadano colombiano, ha compartido públicamente su traumática experiencia de abusos sexuales sufridos a manos de miembros del clero católico en Bogotá, comenzando cuando apenas tenía diez años de edad. Su testimonio, recogido por el medio El País, expone una serie de agresiones que se extendieron durante su niñez y adolescencia en diferentes instituciones religiosas de la capital.
El inicio del calvario en la iglesia de San Francisco
El primer episodio de abuso ocurrió en la iglesia de San Francisco, ubicada en el centro de Bogotá, mientras Rakower se preparaba para recibir su primera comunión. Según su relato, un sacerdote se acercó a él y, de manera inapropiada, lo besó en los labios. Este acto fue solo el comienzo, ya que en una sesión posterior, el mismo clérigo procedió a tocar sus partes íntimas, marcando el inicio de un patrón de violencia sexual.
Continuación de los abusos en el Colegio Mayor de San Bartolomé
A los doce años, la situación se agravó cuando Rakower afirma que un padre del Colegio Mayor de San Bartolomé también abusó de él. Este incidente demuestra cómo los abusos se perpetuaron en diferentes entornos religiosos, afectando su desarrollo y bienestar emocional durante años críticos de su formación.
El episodio más grave en la arquidiócesis de Bogotá
Posteriormente, en la arquidiócesis de Bogotá, Rakower sufrió lo que describe como lo peor a manos de un diácono. En su testimonio, detalla que este individuo cometió actos aún más graves, aunque los detalles específicos fueron relatados de manera reservada frente a El País. Este caso subraya la sistematicidad y la gravedad de los abusos dentro de estructuras eclesiásticas.
Contexto internacional y local de la Iglesia católica
Estos hechos se enmarcan en un contexto global donde la Iglesia católica ha enfrentado numerosas denuncias de abusos sexuales, incluyendo figuras como el papa León XIV y el actual papa Francisco. En Colombia, ciudades como Bogotá, Medellín, Ipiales, Bello, Pamplona, y departamentos como Antioquia, Norte de Santander y Nariño han sido escenarios de casos similares, reflejando un problema extendido en el país y en Latinoamérica.
El testimonio de Rakower no solo pone en evidencia los abusos individuales, sino que también cuestiona la respuesta institucional de la Iglesia frente a estas violaciones. Su valentía al hablar públicamente busca no solo justicia personal, sino también prevenir que otros niños y adolescentes sufran experiencias similares en el futuro.



