Cali: Violencia, brechas económicas y sobrecarga de cuidado afectan la autonomía de las mujeres
Cali: Mujeres enfrentan violencia, desigualdad económica y sobrecarga de cuidado

Cali: Un panorama complejo para la autonomía femenina

Las mujeres en Cali enfrentan una realidad multifacética donde la violencia, las desigualdades económicas y la sobrecarga histórica de cuidado se entrelazan, creando barreras estructurales que limitan su autonomía en la ciudad y la región del Pacífico colombiano. Un análisis conjunto de la Fundación WWB Colombia, Cali Cómo Vamos, el Observatorio para la Equidad de las Mujeres y la Universidad Icesi revela cómo estos fenómenos no ocurren de manera aislada, sino que se refuerzan mutuamente.

Violencia en aumento: cifras alarmantes

En 2025, Cali registró 68 homicidios contra mujeres, la cifra más alta en tres años y una tasa de 5,6 por cada cien mil mujeres, superior al promedio nacional de 3,7. Aunque los feminicidios disminuyeron a 5 casos frente a 14 en 2024, las tentativas alcanzaron 50 denuncias. La violencia intrafamiliar afectó a 4.516 mujeres, representando el 73% del total de casos, donde en 9 de cada 10 hechos el agresor fue un hombre y 8 de cada 10 ocurrieron en el hogar.

"La principal circunstancia generadora de violencia intrafamiliar fueron los celos, representando el 33% de los casos, proporción superior al promedio nacional del 27%", explicó Danny Angarita, director de Cali Cómo Vamos. Los delitos sexuales también aumentaron un 18,6%, alcanzando 1.139 denuncias, donde las mujeres representaron el 84% de las víctimas y 7 de cada 10 exámenes médico legales correspondieron a menores de edad.

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Brechas económicas persistentes

La autonomía económica de las mujeres en Cali presenta desafíos significativos. En 2025, la tasa de desempleo femenina alcanzó el 10,2%, superando en 2,8 puntos porcentuales la masculina. Entre las jóvenes de 15 a 28 años, esta brecha se amplía: 19,9% frente al 13,3% de los hombres jóvenes. Solo 56 de cada 100 mujeres participaron en el mercado laboral, comparado con 74 de cada 100 hombres.

Los ingresos mensuales promedio reflejan otra desigualdad: las mujeres ganaron $1.945.234, un 15,1% menos que los hombres ($2.291.565). En la ruralidad, la situación es más crítica: apenas 3 de cada 10 mujeres acceden a un trabajo remunerado y 9 de cada 10 lo hacen en condiciones de informalidad. "Sin autonomía económica, las mujeres quedan atrapadas en un ciclo de vulnerabilidad donde la dependencia se convierte en una barrera devastadora para su seguridad", señaló Soraya Husain-Talero de la Fundación WWB Colombia.

La sobrecarga invisible del cuidado

Detrás de estas brechas se encuentra la organización social del cuidado, que recae desproporcionadamente sobre las mujeres. Ellas dedican en promedio 7,46 horas diarias a labores no remuneradas, cifra que aumenta a 8,53 horas en zonas rurales. Este trabajo representó el 19,6% del PIB nacional entre 2022 y 2023, equivalente a $230,3 billones, pero sigue siendo invisible en términos de reconocimiento económico.

La pobreza de tiempo resultante limita la inserción laboral femenina, interrumpe trayectorias productivas y afecta la salud. "Las mujeres que dedicaron 9 o más horas diarias a labores de cuidado reportaron menores niveles de buena salud física (50%) y mental (70%)", destacó Angarita. En el Pacífico, donde el cuidado sostiene hogares, cultura y territorio, el desafío es evitar que este compromiso ancestral se convierta en barrera para la autonomía.

Violencia institucional y ruralidad

Un estudio con 163 mujeres con discapacidad o cuidadoras en Cali encontró que el 67% dedica su actividad principal al cuidado no remunerado, el 49% invierte más de ocho horas diarias y el 87% ha sentido ansiedad. Solo el 6,7% considera que las instituciones protegen adecuadamente a las mujeres. "El elemento más frecuente es la violencia institucional. No solo tienen una altísima carga de cuidado, sino que tienen la infraestructura pública en contra", agregó Lina Buchely del Observatorio para la Equidad de las Mujeres.

En la ruralidad, la división del trabajo es más marcada: mientras el 61,6% de los hombres tiene trabajo remunerado como actividad principal, para el 43,6% de las mujeres es el trabajo doméstico sin remuneración. Dos de cada diez mujeres señalaron que el tiempo dedicado a oficios del hogar no les permite tener empleo remunerado, respuesta que ningún hombre dio.

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Una agenda integral necesaria

Las expertas coinciden en que reducir la violencia, redistribuir el cuidado y cerrar las brechas económicas no son agendas independientes, sino condiciones mínimas para la autonomía femenina. "Está comprobado que las mujeres con soberanía económica pueden romper más fácil los circuitos de la violencia", afirmó Buchely. La dependencia económica y la pobreza de tiempo no son efectos secundarios, sino factores que incrementan la vulnerabilidad y restringen la capacidad real de decisión.

Este panorama complejo demanda políticas públicas integrales que aborden simultáneamente la seguridad, la autonomía económica y la corresponsabilidad en el cuidado, reconociendo que las desigualdades que enfrentan las caleñas son estructurales y se refuerzan mutuamente en todos los espacios de la vida cotidiana.