Mientras la carrera por la Presidencia se intensifica y estamos a las puertas de la instalación del nuevo Congreso el 20 de julio, desde el sector de tecnologías nos seguimos preguntando si el próximo gobierno tendrá en cuenta a una industria tan dinámica y relevante para generar los cambios sociales y económicos que el país necesita. Las cifras actuales son contundentes: la industria digital representa el 3,6 % del PIB, genera más de 400 mil empleos formales y supera los USD 1800 millones en exportaciones, cerca del 10 % de las exportaciones de servicios. En menos de una década, su peso en la economía se duplicó, consolidándose como uno de los sectores más dinámicos y con mayor capacidad de generar valor agregado.
El desafío de escalar la industria digital
Hoy el reto es hacerla escalar, avanzar en la transformación digital y lograr una mayor inserción en mercados internacionales. Sin duda, no puede ser tratada como un sector emergente. Mientras Colombia duda, otros países de la región avanzan. Costa Rica, Uruguay, México, Brasil y Argentina ya cuentan con políticas claras, incentivos fiscales agresivos y estrategias de atracción de inversión tecnológica. El resultado es evidente: capturan talento, escalan empresas y consolidan ecosistemas que hoy compiten directamente con el nuestro. No actuar tiene costos concretos: pérdida de competitividad, fuga de talento y rezago frente a competidores regionales.
Ese es, quizás, el mayor riesgo que enfrenta el país en el corto plazo: no la falta de talento, ni la ausencia de empresas, ni siquiera la competencia internacional, sino la falta de una visión estratégica que entienda que la tecnología no es un sector más, sino el habilitador transversal de la economía, y por qué no, su principal catalizador.
Prioridades para el próximo gobierno: talento e innovación
Desde Fedesoft, como gremio de la industria de software y TI, se ha planteado una agenda para el próximo gobierno basada en dos prioridades: talento e innovación. En materia de talento, el país necesita cerrar la brecha mediante formación tecnológica desde etapas tempranas, acelerar la reconversión laboral, atraer talento internacional y, sobre todo, generar condiciones para retener al mejor talento. Sin capital humano suficiente, cualquier estrategia digital está condenada al fracaso.
Innovación y entorno favorable
Colombia también debe convertirse en un entorno donde valga la pena invertir, innovar y escalar empresas tecnológicas. Esto implica corregir asimetrías tributarias, incentivar la inversión en I+D, facilitar el acceso a capital y utilizar la compra pública como motor de innovación. Implica, además, fortalecer la ciberseguridad como infraestructura crítica y acelerar la transformación digital de las mipymes, donde se juega buena parte de la productividad del país.
El reto no es menor, pero tampoco lo es la oportunidad. La inteligencia artificial, por ejemplo, ya promete incrementos de eficiencia superiores al 25% en múltiples sectores. Los países que logren integrar de manera estratégica no solo crecerán más rápido, sino que serán capaces de redefinir sus modelos productivos. Colombia tiene las condiciones para hacerlo: talento joven, afinidad con mercados internacionales y un ecosistema empresarial que responde a las necesidades reales del entorno.
Responsabilidad del próximo gobierno
El próximo gobierno tiene la responsabilidad de dar ese salto. No basta con reconocer la importancia de la tecnología en el discurso, es necesario incorporarla como pilar estructural del Plan Nacional de Desarrollo, impulsar una agenda legislativa coherente y construir una regulación que fomente la innovación sin sofocarla. Pero, sobre todo, es indispensable entender que esta transformación no puede hacerse en solitario. Requiere un diálogo permanente entre gobierno, sector privado y academia, con una visión compartida de largo plazo.
La pregunta no es si el país puede convertirse en una potencia digital. La pregunta es si está dispuesto a tomar las decisiones necesarias para lograrlo.



