10 ideas clave para impulsar la innovación en Colombia
10 ideas para impulsar la innovación en Colombia

Más que una competencia por la acumulación de capital, el capitalismo es una carrera por el desarrollo de capacidades de innovación. El modelo que mejor explica hoy por qué prosperan los países capitalistas es el de la “destrucción creativa”, formulado por Joseph Schumpeter en 1942, que señala que la innovación y la difusión del nuevo conocimiento son las principales causas del crecimiento a largo plazo. En una economía basada en el conocimiento, la acumulación de innovaciones, en una lógica en la que las nuevas vuelven obsoletas a las anteriores, es la que les da una ventaja competitiva a los países en el mercado mundial.

Colombia ha jugado a perder en materia de innovación en las últimas décadas porque no le ha dado al sector la importancia que merece como principal acelerador del crecimiento económico. El reto sigue siendo mayúsculo para el país y, ahora que empieza un nuevo gobierno que quiere cambiar el rumbo, resulta oportuno proponer algunas estrategias para potencializar nuestras capacidades innovadoras. Se trata de diseñar un sistema de incentivos que favorezca la innovación como motor del desarrollo del país. “Muéstrame el incentivo y te mostraré el resultado”, escribió Charlie Munger con gran lucidez.

No podemos esperar que Colombia tenga un mejor desempeño si seguimos haciendo lo mismo: hasta ahora hemos corrido la carrera de la innovación con los cordones desamarados. A continuación, propongo un decálogo de cambios prioritarios que contribuirían a ese objetivo.

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Rediseñar el ecosistema institucional de CTeI

Rediseñar y simplificar el ecosistema institucional de ciencia, tecnología e innovación (CTeI). En el diseño actual existe duplicidad de funciones, desarticulación entre entidades y dilución de la estrategia entre demasiados actores. Esto genera ineficiencias administrativas y lentitud para la ejecución de los recursos, reduciendo su impacto porque los objetivos comunes no están definidos. Un posible escenario de simplificación sería conservar MinCiencias como rector del sistema de CTeI, con funciones de estrategia, regulación, evaluación, financiamiento, formación avanzada y gestión internacional.

Al mismo tiempo, convendría crear una Agencia de Innovación y Productividad, ágil y orientada a la ejecución, que concentre las funciones de promoción de la innovación empresarial hoy dispersas entre MinCiencias, MinComercio (a través de iNNpulsa Colombia), MinTIC y el Sena (con Sennova). Esto tendría un efecto positivo inmediato al ahorrarles a los empresarios el peregrinaje que hoy tienen que hacer en cuatro entidades para buscar apoyo, con metodologías, regulaciones, lenguajes, enfoques y trámites burocráticos distintos.

Dependencia directa de Presidencia

Para que el anterior diseño institucional funcione, es fundamental que la nueva agencia dependa directamente de Presidencia, para que se le dé una conducción política del más alto nivel. Este modelo ha funcionado bien en Singapur, donde el sistema de CTeI se coordina desde la “Fundación Nacional de Investigación”, la cual depende de la Oficina del Primer Ministro. Algo similar ocurre en Japón, donde el “Consejo para la Ciencia, la Tecnología y la Innovación” depende directamente de la Oficina del Gabinete. El objetivo con este arreglo es evitar que la innovación quede relegada a una cartera secundaria y conectarla directamente con el jefe de Gobierno.

Aumentar la inversión en I+D

Aumentar la inversión en investigación y desarrollo (I+D). Según datos de la Ocde, Colombia hace una lánguida apuesta de menos de 0,3% del PIB en ese rubro. Al compararla con Israel (6,8%), Estados Unidos (3,4%), China (2,6%) y Suiza (3,3%), que es el país más innovador según el Índice Global de Innovación de 2025, se entiende por qué no despegamos. La apuesta por la inversión en I+D debe además ser plurianual, sostenida y predecible. Singapur implementa planes a cinco años porque la formación de talento y la construcción de infraestructura no ofrecen resultados en un solo año fiscal. Colombia tiene fuentes de recursos dispersas y cambios de reglas frecuentes, que hacen discontinua la inversión.

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Fortalecer la triple hélice

Fortalecer la “triple hélice” de trabajo coordinado entre el Estado, la academia y el sector privado. Esta articulación es esencial para optimizar los resultados: las universidades investigan y las industrias integran el nuevo conocimiento en el ciclo económico haciéndolo rentable, mientras el gobierno financia parte de la innovación con programas meritocráticos y genera buena regulación (en especial, normas favorables a la innovación en propiedad intelectual, emprendimiento y competencia).

Cambiar el enfoque regulatorio de la IA

Cambiar el enfoque regulatorio prohibicionista por uno centrado en las oportunidades de la inteligencia artificial (IA). Por fortuna, hasta ahora ninguno de los proyectos de ley que se han discutido en el Congreso (incluido el del gobierno saliente, que parece una mala copia del modelo prohibicionista de la Unión Europea) ha sido aprobado. Esto le da una gran oportunidad al nuevo gobierno de impulsar iniciativas legislativas ganadoras, dirigidas a apalancar nuestra economía en la revolución de la IA, en lugar de dificultar la innovación por intentar mitigar riesgos imaginarios.

Regular la IA copiando el manual europeo del miedo equivale a comprar un paraguas para una sequía: es prepararse para una lluvia que por aquí no va a caer. Europa se pudo dar el lujo de volverse irrelevante en la carrera por la IA sobrerregulándola porque sus países ya son ricos. Pero en países de ingreso medio como Colombia la prioridad debe ser acelerar el desarrollo gracias a ella.

Dos leyes prioritarias para la IA

Dos iniciativas legislativas orientadas al crecimiento deberían ser prioritarias: una ley de actualización y reconversión masiva de la fuerza laboral, destinada a acelerar la adopción de IA en todos los sectores de la economía (hoy el país tiene un déficit de más de 83.000 ingenieros y desarrolladores); y una ley de impulso a la innovación y el emprendimiento con IA, financiada mediante alianzas público-privadas para acelerar startups de interés estratégico nacional. Tenemos que cambiar la lógica restrictiva heredada del gobierno saliente, de solo ver amenazas en la IA, para concentrarnos en obtener una ventaja competitiva gracias a ella con una estrategia regulatoria proinnovación.

Lecciones de Start-Up Chile

El caso de “Start-Up Chile” deja lecciones interesantes para Colombia: en ese país, acelerar emprendimientos con dinero estatal aumentó la probabilidad de levantar capital de riesgo de 28% a 42% porque el proceso se acompañó de una mentoría bien estructurada. Sin embargo, uno de los errores que cometió el programa chileno fue aceptar empresas de toda suerte de sectores y con modelos de negocio distintos. Esa diversidad extrema redujo el aprendizaje entre pares. En Colombia convendría acelerar emprendimientos por sectores escogidos estratégicamente para optimizar el intercambio de conocimiento.

Innovación orientada por misiones

Adoptar el enfoque de innovación tecnológica orientada por misiones. Los países ganadores no les apuestan a bolsas amorfas de proyectos, sino que concentran los recursos en financiar misiones ambiciosas con base en las ventajas competitivas, a partir de metas como convertir a Colombia en un líder regional en energías limpias, una potencia de bioeconomía tropical o un país pionero en agroindustria de alto valor y baja huella ecológica. Esto resulta crucial para la reducción del tamaño del Estado que propone el nuevo gobierno porque le permite concentrar el gasto en pocas misiones de alto impacto que reemplacen los microprogramas dispersos que hoy tenemos.

Articular educación e innovación

Articular la estrategia nacional de educación con la de innovación. Hay que invertir en serio en la formación del talento humano, que es la base de la I+D. El éxito de Corea del Sur se explica en buena parte por una inversión decidida en formación de graduados terciarios para el sector: no solo graduados de pregrado y posgrado, sino también técnicos y tecnólogos formados en ciclos más cortos y expertos en la aplicación práctica del conocimiento, la adopción tecnológica ágil y la resolución de problemas técnicos directos en la producción de bienes y servicios. En esta tarea, la coordinación del Ministerio de Educación y el Sena con las necesidades del sistema CTeI resulta capital.

Cultura del emprendimiento

Instilar una cultura del emprendimiento y la innovación en la población. La evidencia muestra que con frecuencia el mayor obstáculo a la innovación no es la ausencia de habilitantes tecnológicos, sino las creencias personales limitantes. La resistencia al cambio y el miedo a la tecnología son la primera barrera por superar en un país que quiere construir una mentalidad innovadora. Colombia debe apropiarse del lenguaje de la innovación y empezar a usarlo: uno en el que el “fracaso” no se vea como tal, sino como parte de la iteración, el aprendizaje y la resiliencia necesarios para emprender con éxito. Recordemos que Thomas Alva Edison dijo que nunca había fallado, sino que había descubierto mil formas en que no funciona un bombillo antes de encontrar la correcta.

Este es apenas un catálogo preliminar de ideas para potencializar la innovación en Colombia, pero el reto es titánico y requerirá conocimiento técnico y mucha voluntad política. El éxito económico sostenible del país depende de que se sienten las bases de un verdadero sistema de innovación que resista los cambios de gobierno y se vuelva una política nacional de largo plazo.