NASA recurre a magnates espaciales tras éxito de Artemis II
Después del triunfo histórico de la misión Artemis II que concluyó el 11 de abril de 2026, la NASA ha decidido confiar en los visionarios empresarios Jeff Bezos y Elon Musk para dar el siguiente paso crucial: llevar astronautas a la Luna por períodos prolongados de varias semanas.
De campamentos lunares a base permanente
El programa Apolo, que transportó a los primeros y únicos seres humanos a la superficie lunar entre 1969 y 1972, fue diseñado para que solamente dos astronautas alunizaran y permanecieran en el satélite natural por unos pocos días como máximo. Más de cinco décadas después, las ambiciones y la experiencia de Estados Unidos han crecido exponencialmente.
La NASA ahora espera enviar a cuatro personas en una misión de varias semanas y, eventualmente, construir una base permanente en la Luna. Para esta fase avanzada de su misión, la agencia espacial planea utilizar los módulos especialmente diseñados por SpaceX de Musk y Blue Origin de Bezos para transportar a sus astronautas al satélite terrestre.
Funcionarios de la agencia han declarado que el objetivo principal es lograr un alunizaje tripulado en 2028, marcando un hito sin precedentes en la exploración espacial moderna.
Cambio radical en estrategia lunar
"Necesitamos que toda la industria trabaje con nosotros, y tienen que aceptar el desafío y poner en marcha de verdad las líneas de producción que se requerirán para cumplir con esa meta", afirmó en una rueda de prensa Lori Glaze, la administradora interina de la NASA.
Mientras el programa Apolo utilizaba únicamente un cohete, el Saturn V, para transportar tanto el módulo lunar como la cápsula de los astronautas, para Artemis II la NASA ha optado por dos sistemas completamente distintos. El primero lanzará la nave Orion con la tripulación desde la Tierra, y el segundo será específicamente para el módulo de alunizaje.
Limitaciones técnicas superadas
Esta decisión estratégica responde directamente a las limitaciones técnicas inherentes del programa Apolo, según explicó a la AFP Kent Chojnacki, un alto funcionario de la NASA encargado del desarrollo del módulo de alunizaje.
"No era en absoluto adecuado para la exploración a largo plazo ni para estancias prolongadas", detalló Chojnacki. Aunque espectaculares para su época, las misiones Apolo eran comparables a "viajes de campamento", según la descripción de Jack Kiraly, director de relaciones gubernamentales en la Sociedad Planetaria.
Los sistemas que la NASA estudia actualmente son "enormes comparados con Apolo", indicó Chojnacki. Los nuevos módulos lunares desarrollados por Blue Origin y SpaceX son de dos a siete veces más grandes que los utilizados durante el siglo XX.
Nuevos socios y desafíos técnicos
La agencia espacial también está recurriendo ahora a socios externos internacionales, incluyendo empresas europeas que construyeron el módulo de propulsión de Orión. Este nuevo enfoque colaborativo abre la posibilidad de contar con más equipos y recursos, pero también complica considerablemente las operaciones logísticas.
Para enviar estas gigantescas naves a la Luna, las empresas privadas de exploración espacial necesitarán dominar el reabastecimiento de combustible en vuelo, una maniobra extremadamente compleja que aún no ha sido completamente probada en condiciones reales. Después del lanzamiento inicial del módulo lunar, otros cohetes adicionales tendrán que transportar el combustible necesario para el viaje completo a la Luna, ubicada aproximadamente a 400.000 kilómetros de la Tierra.
Carrera contra el tiempo y competencia global
Debido al compromiso riesgoso y los numerosos retrasos, particularmente aquellos de SpaceX que debía tener listo su módulo primero, la presión sobre la NASA ha aumentado significativamente en meses recientes.
"Otra vez estamos a punto de perder la Luna", advirtieron tres exfuncionarios de la NASA en un artículo publicado en SpaceNews durante septiembre. Esta advertencia adquiere mayor relevancia considerando que China también ha progresado sustancialmente en su propósito declarado de enviar humanos a la Luna para el año 2030.
Ante este panorama competitivo, la NASA planteó la posibilidad el año pasado de reabrir el contrato adjudicado originalmente a SpaceX y utilizar primero el módulo lunar de Blue Origin. Ambas empresas anunciaron posteriormente el reajuste de sus estrategias corporativas para priorizar el proyecto lunar, manteniendo así sus lucrativos contratos con la agencia espacial estadounidense.
Pruebas cruciales y plan de contingencia
Sin embargo, las dudas técnicas persisten, especialmente en lo relativo a la viabilidad del reabastecimiento en el espacio. "Tenemos un plan", afirmó Chojnacki, agregando que la NASA ha desarrollado una estrategia de respaldo en caso de fallo durante las operaciones críticas.
La agencia planea probar en 2027 un encuentro en órbita entre la nave espacial y uno o dos módulos de alunizaje. Las empresas privadas también deberán demostrar el reabastecimiento en vuelo y enviar un módulo de alunizaje no tripulado a la Luna para comprobar su seguridad operativa. Posteriormente seguirá el tan esperado viaje tripulado a la Luna, todo dentro de un plazo máximo de dos años según la planificación actual.



