Daniel Mera Villamizar sostiene que los rituales colectivos, como la izada de bandera, no son una pérdida de tiempo, sino que reafirman a la sociedad y ayudan a avanzar como tal. En su artículo, propone reglamentar por decreto la olvidada Ley 198 de 1995, que ordena la izada semanal de la Bandera Nacional y el canto del Himno en instituciones educativas, y adoptar una narrativa de efemérides históricas para estos rituales.
La resistencia al patriotismo
Mera Villamizar cuestiona la renuencia a fomentar el patriotismo en las escuelas, citando a Richard Rorty: “el orgullo nacional es a los países lo que la autoestima a los individuos: una condición necesaria para la autorrealización”. Señala que la resistencia tiene raíces ideológicas, como la frase del Manifiesto Comunista “los trabajadores no tienen patria”, que ve la identidad nacional como rival de la identidad de clase. Si los estudiantes adquieren orgullo nacional, difícilmente se movilizarán con discursos de opresión.
¿Qué debe nutrir el orgullo patrio?
Para el autor, el orgullo patrio debe basarse en la gesta independentista que transformó a Colombia de colonia a república, así como en los logros posteriores, como el voto femenino (1954) y la Constitución de 1991. Propone rescatar y vigorizar la izada de bandera mediante un decreto que reglamente la Ley 198 de 1995, actualmente incumplida. También menciona la Ley 913 de 2004, que establece el 19 de julio como Día de los Héroes de la Nación, y la directiva 11 de 2007 del Ministerio de Educación, que exhorta a izar la bandera a media asta en homenaje a miembros de la Fuerza Pública y ciudadanos que han dado su vida por la democracia.
Contenido de calidad para las ceremonias
Mera Villamizar sugiere una resolución ministerial para dotar de contenido de calidad a las izadas de bandera, adoptando efemérides y materiales conmemorativos del proceso de independencia, los primeros 50 años republicanos e hitos del siglo XX. Esta tarea debería ser liderada por la Academia Colombiana de Historia, no por funcionarios del gobierno.
El autor concluye que irrigar una narrativa histórica de nación no vergonzante ni conformista a través de las izadas de bandera no modifica el currículo escolar, pero es un paso fundamental para cambiar el ambiente cultural y socializar valores del ser colombiano.



