Día del Suelo: 40% de Colombia sufre erosión y 58,8 millones de ha necesitan restauración
40% de Colombia sufre erosión; 58,8 millones de ha requieren restauración

Hoy, 7 de julio, se conmemora el Día Internacional de la Conservación del Suelo, fecha que rinde homenaje al recurso que sostiene la vida en el planeta: la capa de tierra fértil que tarda siglos en formarse y que puede perderse en apenas unos años por erosión, deforestación o mal uso agrícola. La celebración también recuerda al investigador estadounidense Hugh Hammond Bennett, pionero en demostrar que la calidad de la tierra determina directamente su capacidad productiva.

El suelo: un ecosistema vital y amenazado

El suelo alberga cerca del 25% de todas las especies del planeta, funciona como uno de los principales reguladores hídricos y es el principal reservorio de carbono terrestre, con capacidad de almacenar el doble de lo que retiene la atmósfera. Además, sostiene alrededor del 95% de la producción mundial de alimentos, según cifras del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural.

La presión sobre este recurso es cada vez mayor. Con una población mundial que supera los 7.000 millones de habitantes, la demanda de alimentos impulsa una producción más intensiva por unidad de área, lo que se traduce en mayor uso de insumos agrícolas, pérdida de fertilidad y más emisiones de dióxido de carbono provenientes del sector agropecuario.

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Colombia: 40% del territorio con erosión

En Colombia el panorama no es alentador. De acuerdo con el estudio nacional de degradación de suelos elaborado por el Ideam, el Ministerio de Ambiente y la Universidad de Ciencias Aplicadas y Ambientales, el 40% de la superficie continental e insular del país se encuentra afectada por degradación por erosión. De ese porcentaje, una quinta parte presenta erosión ligera, el 17% erosión moderada, el 3% erosión severa y el 0,2% erosión muy severa, el grado más difícil de revertir.

La erosión en grados severo y muy severo es prácticamente irreversible, resultado tanto de condiciones naturales como de usos inadecuados del suelo que se remontan a la época colonial, según el Ministerio de Agricultura.

Estrategia Nacional de Restauración 2023-2026

Frente a este panorama, MinAgricultura indicó que el país apuesta por la Estrategia Nacional de Restauración 2023-2026, dentro de la cual se contabilizaron 58,8 millones de hectáreas prioritarias para procesos de restauración. De estas, 12,9 millones ya presentan una pérdida severa de integridad ecológica. Esta cifra revela la magnitud de la tarea pendiente y demuestra que buena parte de los conflictos por uso del suelo terminan afectando la productividad agropecuaria y la provisión de servicios ecosistémicos.

Para contener la expansión desordenada de la frontera agrícola, se han implementado instrumentos de ordenamiento territorial como las Áreas de Protección para la Producción de Alimentos (APPA), que según MinAgricultura ya suman 996.799 hectáreas distribuidas en 58 municipios. También se ha fortalecido la creación de 28 Zonas de Reserva Campesina y siete Territorios Campesinos Agroalimentarios, iniciativas orientadas a ordenar la propiedad rural y mantener modelos de producción compatibles con la conservación del suelo.

Agricultura regenerativa y bioinsumos

La transformación de los sistemas productivos hacia mecanismos de agricultura regenerativa, agroforestales, silvopastoriles, de rotación de cultivos y de bioinsumos también se ha erigido como una estrategia para mejorar la estructura física y biológica del suelo, aumentar la retención de agua y fortalecer la resiliencia del campo frente a la variabilidad climática.

El suelo: un ecosistema complejo, no un simple soporte

Juan Fernando Saldarriaga, profesor del departamento de Ingeniería Civil y Ambiental de la Universidad de los Andes, advirtió que el suelo suele reducirse erróneamente a un simple soporte para cultivar alimentos, cuando en realidad es uno de los ecosistemas más complejos que existen, donde ocurren procesos de ciclo de nutrientes, almacenamiento de carbono y regulación hídrica gracias a millones de microorganismos.

"El problema es que hemos tratado el suelo como un recurso ilimitado, cuando en realidad puede tomar cientos de años formar unos pocos centímetros. Cuando se degrada perdemos fertilidad, biodiversidad y capacidad productiva, pero también perdemos un aliado fundamental frente al cambio climático", dijo Saldarriaga.

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Para el experto, Colombia enfrenta diferentes amenazas, incluyendo erosión por pérdida de cobertura vegetal, disminución de materia orgánica en los sistemas productivos y contaminación derivada de actividades mineras, industriales y agrícolas. Sin embargo, recalcó que lo más grave es que el país no dimensiona el valor de este recurso porque "muchas veces hablamos de proteger el agua, el aire o los bosques, pero olvidamos que muchos de esos servicios ambientales comienzan precisamente en el suelo".

"Si seguimos perdiendo su capacidad de almacenar carbono, retener agua y mantener actividad biológica, no solamente tendremos un problema ambiental sino también productivo y económico", enfatizó.

Recuperación vs. restauración

Teniendo en cuenta que la recuperación busca devolver funciones perdidas (fertilidad, materia orgánica, actividad microbiana), mientras que la restauración pretende llevar el ecosistema a condiciones cercanas a las originales, Saldarriaga planteó que el país debería dejar de actuar solo cuando el daño ya ocurrió y avanzar hacia un monitoreo más riguroso de la salud del suelo. Esto implica conectar dos frentes que suelen trabajarse por separado: la gestión de residuos orgánicos y la conservación del suelo.

En detalle, indicó que "tenemos una gran cantidad de residuos orgánicos que todavía no aprovechamos adecuadamente. Si logramos transformarlos de manera segura en nuevas materias primas, podemos reducir impactos ambientales y al mismo tiempo devolver carbono y nutrientes a nuestros suelos".

Proteger el suelo colombiano ya no es solo una tarea de conservación ambiental, sino una condición necesaria para garantizar el derecho a la alimentación, la productividad del campo y el cumplimiento de los compromisos climáticos del país. Restaurar hectáreas es apenas el primer paso de un cambio de fondo que exige transformar la manera en que se produce, se consume y se le devuelve al suelo lo que durante décadas se le ha quitado.