Durante años, las vías han sido símbolo de progreso: conectan regiones, impulsan la economía y acercan comunidades. Sin embargo, el desarrollo de infraestructura también plantea un importante reto ambiental: muchas carreteras atraviesan ecosistemas donde la fauna silvestre necesita desplazarse para alimentarse, reproducirse o buscar refugio. Hoy, la infraestructura vial enfrenta una responsabilidad mayor: facilitar la movilidad de las personas sin comprometer la conectividad ecológica.
El atropellamiento de fauna: un desafío creciente
El atropellamiento de fauna es una realidad presente en muchas carreteras del mundo. A medida que se construye y mejora la infraestructura vial, también crecen los riesgos para los animales que cruzan estos corredores. Por ello, esta problemática ya no se considera un hecho inevitable, sino un desafío que debe abordarse desde la planificación, la prevención y la corresponsabilidad de quienes hacen parte de la vía.
En Colombia, durante la última década se han fortalecido los esfuerzos para entender y mitigar esta situación. Iniciativas como la Red Colombiana de Seguimiento de Fauna Atropellada (RECOSFA), junto con herramientas técnicas promovidas por el Ministerio de Transporte, el Ministerio de Ambiente, Invías y la ANI, han permitido avanzar en la implementación de medidas como la señalización preventiva, el monitoreo, la gestión de velocidades, la identificación de puntos críticos y la construcción de pasos seguros para fauna.
Cifras alarmantes y su impacto en la seguridad vial
La importancia de estas acciones es evidente. Según cifras de Invías, al cierre de 2025 se registraron en Colombia 8.241 eventos de atropellamiento de fauna silvestre y 3.800 avistamientos en la red vial nacional. Además de representar una pérdida para la biodiversidad, esta problemática también impacta la seguridad vial. Entre 2017 y 2025 se reportaron 1.591 siniestros asociados a estos eventos, con 615 personas fallecidas y 976 lesionadas.
Por esta razón, la protección de la fauna en los corredores viales no solo es una acción ambiental, sino también una medida de seguridad y sostenibilidad. Las carreteras atraviesan territorios habitados por especies que cumplen funciones fundamentales para el equilibrio de los ecosistemas. Cuando sus desplazamientos naturales se ven interrumpidos, aumenta el riesgo de atropellamiento y se afecta la conectividad ecológica.
Pasos de fauna y señalización: herramientas clave
Frente a este panorama, los pasos de fauna, la señalización preventiva y el monitoreo permanente se han convertido en herramientas fundamentales para reducir riesgos y favorecer el tránsito seguro de los animales. Estas medidas contribuyen a proteger la biodiversidad y, al mismo tiempo, a disminuir situaciones de peligro para conductores, motociclistas y pasajeros.
Una concesión vial que protege la fauna es Autopista al Río Magdalena 2, que conecta municipios de Antioquia y Santander a través de 153,3 kilómetros distribuidos en cuatro Unidades Funcionales. Ha incorporado este enfoque de sostenibilidad en su gestión ambiental. Para la concesión, el desarrollo vial debe construirse en armonía con la naturaleza y las comunidades del territorio.
Estrategias integrales en la Autopista al Río Magdalena 2
Bajo esta visión, ha fortalecido acciones orientadas a prevenir el atropellamiento de fauna silvestre mediante monitoreo, seguimiento ambiental y procesos de sensibilización dirigidos a usuarios, comunidades y personal de ARM. Como parte de esta estrategia, la concesión implementa un Plan de Prevención de Atropellamiento de Fauna orientado a reducir los riesgos que enfrentan las especies que habitan y se desplazan a lo largo del corredor vial. Este plan integra acciones de monitoreo, identificación de zonas sensibles, señalización preventiva y educación ambiental, bajo una premisa clara: la fauna silvestre también forma parte de los actores viales.
Uno de los componentes más visibles de esta estrategia es la construcción y adecuación de pasos de fauna terrestres y aéreos que facilitan el cruce seguro de los animales. Actualmente, el corredor cuenta con 24 pasos de fauna construidos, de los cuales 7 fueron implementados voluntariamente por la concesión como parte de su plan de prevención. Estas estructuras se complementan con otras medidas como vallados de encauzamiento, enriquecimiento vegetal con especies nativas, señalización informativa, demarcaciones en la vía con pictogramas de fauna y disuasores sensoriales, conformando un sistema integral que orienta a los animales hacia zonas de cruce más seguras y reduce el riesgo de atropellamiento.
Monitoreo y participación ciudadana
Todas estas acciones son objeto de seguimiento permanente mediante cámaras trampa, recorridos de verificación y monitoreo técnico, lo que permite evaluar su efectividad, identificar oportunidades de mejora y adaptar las medidas a las dinámicas del territorio y al comportamiento de las especies. La estrategia también reconoce el papel fundamental de la ciudadanía. A través de campañas de sensibilización como “Yo freno por los animales”, la concesión promueve una mayor conciencia sobre la presencia de fauna silvestre en el corredor y la importancia de reducir la velocidad en puntos críticos para proteger la vida de todos los actores viales.
Este enfoque se complementa con la App ARM 2.0, una herramienta que permite a las personas reportar avistamientos y eventos de atropellamiento de fauna. La información recopilada fortalece la gestión ambiental del proyecto, aporta datos para la toma de decisiones y convierte a los usuarios en aliados activos de la conservación.
Hacia un modelo de infraestructura sostenible
Con estas acciones, Autopista Río Magdalena avanza hacia un modelo de infraestructura que no solo conecta territorios estratégicos del país, sino que también reconoce y protege la biodiversidad que los habita. Una apuesta por carreteras que respetan la vida y por un desarrollo que entiende que cada kilómetro recorrido puede convertirse en un espacio de convivencia entre las personas y la naturaleza.



