Fracking en Colombia: debate entre energía y ambiente en campaña presidencial
Fracking en Colombia: debate entre energía y ambiente

El fracking ha sido implementado en países como Estados Unidos, Canadá y Argentina, donde también se han realizado estudios científicos sobre sus impactos. En Colombia, el debate sobre esta técnica de extracción de gas y petróleo ha resurgido en el marco de la campaña presidencial, enfrentando posturas diametralmente opuestas entre figuras como Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda.

Posturas encontradas

De la Espriella propone realizar fracking mediante "pilotos regulados, evaluados con la mejor ciencia disponible y veeduría independiente, que permitan decidir con evidencia". Por su parte, Cepeda aboga por "una política energética integral orientada a diversificar la economía, superar la dependencia de los combustibles fósiles y evitar los errores que nos llevaron a concentrar el desarrollo en la exportación de materias primas".

Este debate se da en un contexto de alertas por parte de gremios del sector energético, como Acolgen y Naturgas, que advierten sobre un déficit entre la oferta de energía y el crecimiento de la demanda, que podría alcanzar el -3,5 % para 2027. Las reservas de gas han caído un 57 % en la última década, y en escenarios de escasez de agua, como el fenómeno de El Niño, "la probabilidad de déficit de gas de por lo menos un mes podría alcanzar el 53 % en 2026 y el 70 % en 2027, lo que eleva significativamente el riesgo de racionamientos, incrementos tarifarios y afectaciones a la competitividad del país".

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En contraste, el Panel Científico para el Cambio Climático de las Naciones Unidas (IPCC) y organismos como la Agencia Internacional de Energía han instado a acelerar el abandono de combustibles fósiles para reducir emisiones contaminantes. Además, señalan que si Colombia iniciara pilotos de fracking a finales de 2026, estos proyectos entrarían en operación al menos en la próxima década. Según el Global Energy Monitor (GEM), los proyectos de gas y petróleo ahora tardan alrededor de 15 años en entrar en operación, tres veces más que en los mejores años de explotación.

¿Qué es el fracking?

La fracturación hidráulica, o fracking, es una técnica de explotación de combustibles fósiles desarrollada desde mediados del siglo XX. Carlos Vargas Jiménez, geólogo y presidente de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas Físicas y Naturales, explica que busca extraer petróleo y gas atrapados en formaciones rocosas de baja permeabilidad, generalmente profundas. Se perforan pozos de más de dos kilómetros de profundidad y se inyecta a alta presión una mezcla compuesta en un 99 % por agua y arena, y un 1 % de aditivos como vinagre o detergentes. Esto genera fracturas en la roca para que los hidrocarburos fluyan hacia el pozo.

Riesgos ambientales

Vargas participó en una comisión de expertos independientes en 2019 que analizó los riesgos del fracking en Colombia. Una preocupación común es que las fracturas artificiales puedan contaminar fuentes de agua superficiales. Sin embargo, Vargas señala que "es muy difícil que ocurra", ya que las fracturas se realizan a 2 o 2,5 kilómetros de profundidad y no se expanden a la superficie; los acuíferos de abastecimiento humano suelen estar a menos de 500 metros. No obstante, advierte que "no existe actividad industrial con riesgo cero".

Uno de los principales riesgos está en la perforación, por donde pasa la mezcla. La cementación de los pozos requiere altos estándares de integridad para evitar fugas que contaminen el agua. También hay riesgos en el manejo de aguas residuales e hidrocarburos, donde podrían ocurrir derrames por errores humanos. Además, el fracking consume más agua: en Estados Unidos, un estudio de 2019 en Science mostró un aumento del 770 % en el uso de agua por pozo entre 2011 y 2016, lo que genera mayores volúmenes de aguas residuales.

La Agencia de Protección Ambiental de EE.UU. (EPA) señala que la extracción de agua de acuíferos cercanos puede afectar la disponibilidad del recurso en zonas escasas. También advierte que malos manejos de aguas residuales, incluso tratadas, pueden contaminar el agua potable. La Oficina Gubernamental de Responsabilidad de EE.UU. (GAO) menciona otros riesgos como el aumento de la sismicidad, que varía según las condiciones geológicas.

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Publicaciones recientes, como un estudio de 2023 en la revista Water, coinciden en que el fracking plantea desafíos ambientales por potencial contaminación del agua y el suelo, y sismicidad inducida. Sin embargo, insisten en que se requieren más estudios y un monitoreo ambiental continuo con regulaciones adaptadas a cada región.

Para Vargas, es clave fortalecer la vigilancia: "Si tenemos un buen Ministerio de Minas o una agencia que haga la respectiva vigilancia en el cementado de los pozos, entonces ese riesgo de falla en la integridad del pozo se reduce".

Capacidades del Estado colombiano

Cuando se reguló la realización de pilotos de fracking durante el gobierno de Iván Duque, se reconoció que "las capacidades del Estado en esa materia son insuficientes, y eso no ha cambiado", según Carlos Lozano, abogado miembro de la Comisión Mundial de Derecho Ambiental de la UICN. La comisión de expertos señaló la necesidad de fortalecer las capacidades del Ideam y ministerios. Lozano considera que la regulación actual es insuficiente para precisar requisitos técnicos y ambientales, y que aprobar proyectos de fracking iría en contra del principio constitucional de precaución.

Vargas, por su parte, distingue entre proyectos comerciales y pilotos previos. "Los pilotos tienen como propósito generar evidencia antes de tomar decisiones de mayor escala. Es una buena práctica para la promulgación de políticas públicas", afirma. Pero deben cumplir con independencia científica, acceso público a los resultados y participación de las comunidades.

Panorama a futuro

Los gremios del sector energético temen que Colombia importe más gas del que produce, generando incertidumbre en el abastecimiento. El Ministerio de Minas y Energía asegura que después de 2030 el abastecimiento estará garantizado con las reservas de Sirius, uno de los yacimientos más importantes. Sin embargo, la preocupación inmediata es el abastecimiento en los próximos años. El actual Gobierno apuesta por nuevas plataformas de importación de gas. Un informe del Global Energy Monitor (GEM) indica que los nueve proyectos de importación planeados entre 2026 y 2030 abastecerían más del doble del crecimiento de la demanda. Amalia Llano, investigadora sénior del GEM, explica que los contratos de importación suelen ser a largo plazo, generando dependencia del gas por varios años más.

La Agencia Internacional de Energía ha señalado que para cumplir las metas de reducción de emisiones, el crecimiento de la demanda de combustibles fósiles debería alcanzar su punto máximo en 2030, desincentivando nuevos proyectos. Sandra Vilardy, exviceministra de Ambiente, comparó la decisión de hacer fracking para generar ingresos con "vender un riñón para pagar la diálisis del otro", ya que el costo de eliminar las emisiones contaminantes sería mayor.

El debate sobre el fracking en Colombia sigue abierto, enfrentando la necesidad de asegurar el suministro energético con la urgencia de proteger el ambiente y avanzar hacia una transición energética sostenible.