La seguridad estructural de los hospitales es una cuestión de salud pública que trasciende los gobiernos. En Bogotá, dos casos emblemáticos —el Complejo Hospitalario San Juan de Dios y el Hospital Simón Bolívar— ilustran cómo la falta de acción frente a la vulnerabilidad sísmica pone en riesgo vidas y la capacidad de respuesta ante desastres.
San Juan de Dios: demolición recomendada desde 2019
La torre central del Complejo Hospitalario San Juan de Dios, la más importante de sus 24 edificaciones, fue evaluada por la Universidad de los Andes. El estudio de vulnerabilidad sísmica concluyó que, aunque era posible un reforzamiento estructural, la opción más conveniente técnica, económica y de seguridad era demolerla y construir un nuevo hospital. En 2019 se firmó un contrato para ejecutar esa demolición, pero tras la compra del complejo por el Gobierno Nacional durante la administración del presidente Gustavo Petro, el proyecto se detuvo sin una solución definitiva. Ahora, a pocos días de terminar el actual gobierno, se anuncia nuevamente la reapertura del hospital, repitiendo la situación de 2015, cuando siendo alcalde de Bogotá también se planteó reactivar el complejo pese a las advertencias técnicas.
Simón Bolívar: treinta años de advertencias ignoradas
El Hospital Simón Bolívar presenta condiciones similares. Desde la década de 1990, los estudios técnicos señalaron que la torre principal era tan vulnerable que la demolición era la única opción viable. El reforzamiento estructural fue descartado por dos razones: las limitaciones físicas del lote y la imposibilidad de desocupar completamente el edificio durante las obras. En 2018, el Distrito estructuró un proyecto de reemplazo y adquirió un terreno cercano para construir un hospital moderno. Sin embargo, la iniciativa fue archivada por la administración anterior y reactivada por el actual alcalde.
La prevención como política de salud pública
Los terremotos son fenómenos naturales, pero las tragedias humanas no lo son. La ingeniería sísmica ha demostrado que los sismos no matan; lo hacen los edificios que colapsan. Por ello, las normas de sismorresistencia son una de las políticas de salud pública más costo-efectivas. La reciente tragedia en Venezuela evidenció cómo la vulnerabilidad de las edificaciones y el deterioro institucional amplifican los desastres.
Los hospitales son infraestructura crítica: deben funcionar cuando más se necesitan. Si colapsan durante un terremoto, no solo causan la muerte de pacientes y trabajadores, sino que eliminan la capacidad del sistema para atender a miles de heridos. La prevención rara vez genera titulares, pero salva más vidas que cualquier rescate. Como afirma Luis Gonzalo Morales Sánchez, en salud pública, pocas decisiones son tan cruciales como escuchar la evidencia técnica y actuar antes de que la naturaleza pase la factura.



