La Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios (Superservicios) presentó un informe con una nueva metodología para evaluar y hacer seguimiento a los indicadores de calidad del servicio de energía eléctrica durante 2025. El balance revela cifras positivas, pero también alertas importantes.
Mejora general en los indicadores de calidad
Según explicó el superintendente Felipe Durán, la nueva metodología proporciona a los prestadores información más precisa para identificar deficiencias y orientar planes de inversión hacia las áreas que más lo requieren. En términos generales, el balance muestra una mejora sistémica en la calidad del servicio en comparación con 2024.
Por ejemplo, aumentaron los municipios que cumplen con los estándares de calidad definidos por la reglamentación: el 74,6 % en el indicador de duración y el 80,1 % en el indicador de frecuencia. Además, disminuyó la cantidad de municipios clasificados con criticidad “urgente” o “superior”, pasando de 89 en 2024 a 64 en 2025, lo que evidencia que los operadores de red atendieron las alertas operativas de la nueva metodología.
Acciones para mejorar la calidad y continuidad
Durán destacó varias acciones implementadas: la activación de comités especiales para intervenir ante incumplimientos reiterados de las empresas, la priorización de inversiones tecnológicas focalizadas en zonas rurales para reducir la brecha de calidad con las áreas urbanas, y la implementación de controles rigurosos en el Sistema Único de Información (SUI) para detectar inconsistencias en los reportes y asegurar que los usuarios reciban sus compensaciones por fallas en el servicio.
Retos persistentes: Caribe, zonas rurales y niveles de tensión
No obstante, la superintendencia identificó retos considerables que requieren atención prioritaria. En la región Caribe, el departamento de Bolívar concentra los casos más críticos del país. Municipios como Tiquisio reportan indicadores de duración y frecuencia que superan ampliamente los umbrales regulatorios. La entidad adelanta un análisis para determinar si estas situaciones responden a deficiencias estructurales en infraestructura e inversión.
En zonas rurales, aunque los grupos de calidad con mayor nivel de ruralidad (grupos 31, 32 y 33) registraron las mejoras relativas más significativas del periodo, sus indicadores absolutos siguen siendo los más elevados del país, lo que requiere inversiones diferenciadas para mitigar las dificultades de acceso y dispersión geográfica.
También se identificó una asimetría en niveles de tensión: los usuarios conectados al Nivel de Tensión 1 enfrentan mayores deficiencias, mientras que el Nivel 2-3 presenta un mejor desempeño. La Superservicios enfocará sus acciones de control en los grupos de calidad con mayor afectación en Nivel 1.
La nueva metodología adoptada no solo busca detectar fallas, sino también validar que los usuarios reciban la calidad mínima garantizada.



