Carlos E. Urzola: El arquitecto que rescata la memoria de Cartagena a través de la literatura
Arquitecto cartagenero rescata memoria urbana con sus libros

Carlos E. Urzola: El arquitecto que rescata la memoria de Cartagena a través de la literatura

Las ciudades no se construyen solamente con materiales físicos como ladrillos, cemento y planos arquitectónicos. También se edifican con recuerdos, con sentido de pertenencia y con las historias cotidianas que dan identidad a sus espacios. En Cartagena de Indias, uno de los guardianes de esa memoria intangible es el arquitecto y escritor cartagenero Carlos E. Urzola, quien ha encontrado en la literatura una herramienta poderosa para rescatar las vivencias que el tiempo y la modernidad amenazan con borrar.

De la arquitectura a la escritura: Un camino natural

Aunque su formación profesional está firmemente anclada en la arquitectura, Urzola descubrió en la escritura una forma íntima y personal de preservar aquello que, de otra manera, podría desaparecer para siempre: la Cartagena de antes. Esa ciudad donde los vecinos se conocían por sus apodos, donde los niños jugaban en las calles sin prisa alguna, y donde las historias familiares se transmitían de generación en generación como un tesoro invaluable.

Su primer libro, "El retorno de los días lentos", nació precisamente de esos recuerdos profundamente arraigados. Se trata de un manuscrito que escribió hace aproximadamente cinco años y que recoge vivencias de su infancia vinculadas a Tolú, el pueblo caribeño donde nacieron sus padres y abuelos. En sus páginas, Urzola narra con detalle el viaje desde Cartagena hasta ese rincón del Caribe donde el tiempo parece avanzar de manera diferente, más pausada, más consciente.

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"Es la experiencia de viajar cuando yo tenía cinco o diez años y llegar a un lugar donde todo transcurre lento", explica el autor con nostalgia. Esa sensación de pausa, de vida sin apuros ni presiones, fue precisamente la que inspiró el título de su obra literaria, capturando la esencia de un modo de vida que parece cada vez más escaso en el mundo contemporáneo.

Crónicas de barrio: Rescatando la Cartagena de Manga

Sin embargo, la obra de Urzola no se limita a la nostalgia familiar. En textos como "Crónicas de la Tercera Avenida", el autor dirige su mirada literaria hacia el barrio Manga, el lugar donde nació, creció y forjó sus primeros recuerdos. Allí reconstruye minuciosamente una Cartagena barrial que hoy parece lejana y casi desaparecida.

Una ciudad donde los vecinos compartían la vida cotidiana con naturalidad, donde los amigos de infancia se reunían espontáneamente en la calle, y donde personajes únicos daban identidad y color a cada esquina. Cada relato de este libro está inspirado en personas reales que marcaron su niñez y adolescencia, apareciendo retratados en estas páginas muchas veces con los mismos apodos con los que eran conocidos en la comunidad.

"Cada personaje es un vecino mío", confiesa Urzola con emoción. "Son historias de esa época en la que crecí en Manga, de mis amigos, de las cosas que pasaban en el barrio como cuando los jóvenes se montaban en los palos de mango para alcanzar los frutos".

La transformación urbana y la memoria como resistencia

Hoy en día, explica el autor, muchos de los barrios tradicionales de Cartagena han cambiado radicalmente. Las casas bajas y amplias han sido reemplazadas por edificios altos e impersonales, y las dinámicas comunitarias ya no son las mismas. Aquella Cartagena donde los niños podían bajar mangos directamente de los árboles o donde existían personajes emblemáticos conocidos por todos en el barrio empieza a desaparecer bajo el peso del desarrollo urbano.

"Las nuevas generaciones nacen en edificios donde no hay vecinos como antes", reflexiona Urzola con preocupación. "Ya no está ese árbol donde tirar los mangos abajo, ni el personaje del barrio que todos conocían y que daba identidad al lugar".

En medio de esta transformación urbana acelerada, su literatura funciona como un archivo emocional de la ciudad. No pretende ser historia oficial ni académica, sino más bien una memoria viva construida desde las pequeñas experiencias de la vida diaria, desde los detalles aparentemente insignificantes que, en realidad, constituyen el alma de una comunidad.

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La conexión entre arquitectura y narrativa

La relación entre arquitectura y literatura en la vida de Urzola no es casual ni forzada. Para él, la arquitectura también es una forma de arte profunda y significativa. Dibujar planos, imaginar espacios habitables y pensar la ciudad desde una perspectiva creativa implica un ejercicio similar al de construir narrativas literarias.

En su familia siempre estuvieron presentes las artes en sus diversas manifestaciones: la música, la escritura, la poesía. Con el tiempo, ese entorno cultural terminó despertando su interés natural por escribir y contar historias. Hoy, además de "El retorno de los días lentos" y "Crónicas de la Tercera Avenida", Urzola es también autor de "El tumbé del ciclón", una obra inspirada en los recuerdos sonoros y culturales del Caribe.

Esta última obra rescata los "picos" musicales, las propagandas sonoras y la identidad festiva que caracteriza a la región caribeña colombiana. En conjunto, sus libros forman parte de un mismo universo narrativo que él denomina "Memorias del Caribe", un proyecto literario que busca preservar la esencia cultural de esta región única.

"Todo es caribeño", explica el autor con convicción. "El viaje a Tolú, las historias de Manga, el tumbé del ciclón… todo tiene esa narrativa única del Caribe, ese sabor especial que nos identifica como región".

La literatura como legado urbano

Las ciudades cambian inevitablemente. Los barrios se transforman, los comercios tradicionales cierran, los vecinos se mudan y las costumbres se modifican con el paso implacable del tiempo. Pero mientras alguien las recuerde, las cuente y las preserve a través de la palabra escrita, esas historias siguen vivas, respirando entre las páginas de los libros.

En las obras de Carlos E. Urzola, Cartagena de Indias conserva esa magia antigua que parecía perdida. Siguen vivos los relatos de los abuelos, las anécdotas de los vecinos, los juegos infantiles en las calles y los sabores de una época donde la comunidad era el centro de la vida urbana. Su literatura no solo rescata el pasado, sino que ofrece un espejo para reflexionar sobre el presente y el futuro de nuestras ciudades.