La Casa Nepomuceno Cartagena: Un Símbolo Perdido de la Bucaramanga Moderna
En la esquina de la carrera 27 con calle 54, donde hoy se alza un edificio contemporáneo, existió durante décadas la legendaria casa de Nepomuceno Cartagena, una residencia que encapsuló el espíritu de progreso y transformación de la capital santandereana en pleno siglo XX.
Arquitectura Visionaria en una Ciudad en Transformación
Construida en 1958 con una inversión entonces considerada monumental de un millón de pesos, la vivienda fue diseñada por el reconocido arquitecto Ángel María Pradilla, creador también del Teatro Unión. Rompiendo con el pasado colonial que aún predominaba en Bucaramanga, la casa presentaba curvas y volúmenes inspirados en la arquitectura moderna de Brasilia, proponiendo una nueva forma de habitar el espacio urbano.
Vista desde la calle, evocaba la elegancia de un club privado, con sus amplias salas, espacioso comedor y una piscina que en aquellos años representaba un privilegio reservado a muy pocos. Era una casa adelantada a su tiempo, levantada en una ciudad que apenas comenzaba su proceso de modernización.
Un Hogar que Reflejaba el Empuje Empresarial
Nepomuceno Cartagena (1908-2000), fundador en 1937 de una exitosa empresa de importación de repuestos automotrices con apenas 350 dólares iniciales, consolidó en esta residencia no solo un hogar familiar sino un símbolo de su visión empresarial. Allí vivió con su esposa Cecilia Quintero durante más de medio siglo, y adecuó incluso un espacio para exhibir camionetas nuevas de la Ford Motor Company, fusionando vida familiar y actividad comercial bajo el mismo techo.
La casa se convirtió en punto de referencia del sector:
- Los niños la observaban fascinados por el brillo del agua en la piscina
- Los adultos la citaban como ejemplo de modernidad y refinamiento
- Sus corredores y salones fueron escenario de conversaciones familiares y decisiones empresariales
Transformación y Final Inevitable
Con el paso del tiempo, la vivienda cambió de vocación. Cuando la familia dejó de habitarla, sus espacios albergaron primero un jardín infantil y luego un colegio, transformándose de símbolo de prosperidad privada a escenario de recuerdos compartidos por nuevas generaciones.
Pese a su reconocido valor arquitectónico, urbano e histórico -había sido incluida en el inventario del estudio de Patrimonio Arquitectónico de Bucaramanga-, la falta de voluntad política dejó la casa expuesta al olvido institucional. El documento que reconocía su importancia nunca fue adoptado formalmente, condenando la memoria a quedar registrada solo en papel.
En 2015 llegó el desenlace inevitable: las máquinas derribaron en pocas horas lo que durante décadas había simbolizado una era. Los muros curvos se desplomaron, la piscina desapareció bajo los escombros y los espacios que habían albergado vida quedaron reducidos a polvo.
Legado en la Memoria Colectiva
En su lugar se levantó el Infinity Sky Club, una estructura contemporánea que ocupa el mismo suelo pero no el mismo significado histórico. Hoy, quienes cruzan esa esquina difícilmente imaginan que allí existió una de las residencias más emblemáticas de Santander.
La Casa Nepomuceno fue reflejo de una visión y símbolo de una ciudad del siglo pasado. Aunque ya no está en pie, permanece viva en la memoria de quienes la conocieron, como una presencia invisible que aún habita la historia urbana de Bucaramanga, recordándonos que el progreso no siempre preserva lo que merece ser conservado.



