Adriana Chamorro lidera la visibilidad de las salseras caleñas con su fundación Vozs Mujer
Adriana Chamorro impulsa a las salseras de Cali con su fundación

Adriana Chamorro, exvocalista de Orquesta Canela, lidera el movimiento que impulsa a las salseras de Cali

La cantante Adriana Chamorro Lozano, exvocalista de la Orquesta Canela, lidera la Fundación Vozs Mujer, una iniciativa que impulsa la visibilidad, la formación y las oportunidades para las mujeres de la salsa caleña.

Adriana Chamorro Lozano, la voz líder de la orquesta Canela durante los años 90, muchas veces vio la misma escena: mujeres pianistas que tenían que ensayar con su bebé al lado pese a que se encontraba ardido en fiebre; amigas trompetistas y cabezas de hogar que apenas 40 días después de haber parido debían ir a un concierto para garantizar la comida en la casa; voces femeninas que después de cumplir 30 años no volvían a contratar porque las consideraban “muy mayores”, pese a su talento. Aquello fue creando en Adriana la certeza de que la mujer en la salsa debía reivindicarse, debía defenderse. En las orquestas masculinas jamás sucedía nada de ello. Adriana supo de mujeres que fueron despedidas de agrupaciones por quedar embarazadas. Por eso, hace ocho años abrió la Fundación Vozs Mujer, desde donde busca abrir escenarios y oportunidades para un fenómeno que, asegura, solo existe en Cali: orquestas completas de salsa integradas por mujeres.

El camino musical de Adriana Chamorro

En mi casa somos cinco hermanas y la segunda cantaba precioso y tocaba guitarra. Yo empecé a acompañarla con requinto y formamos un dueto: “Las hermanitas Chamorro”. Mi papá nos apoyó muchísimo. Cantábamos en festivales, en clubes, incluso una vez tocamos en el estadio Pascual Guerrero. Cuando yo tenía 17 años nos invitaron a presentarnos en un club donde también estaba la orquesta Ventú, y uno de sus cantantes estaba armando una agrupación femenina que luego sería la Orquesta Canela. Terminé siendo su primera vocalista líder y estuve con ellas casi catorce años. Ahí aprendí toda la salsa, en pleno boom de los 90, cuando llegaron a existir cerca de quince orquestas femeninas al mismo tiempo, como Son de Azúcar y D’ Caché.

No profesionalmente. En mi casa había mucha música de serenata: mis tíos tocaban guitarra, mi mamá tenía bonita voz, pero nadie vivía de eso. La música llegó por mi hermana, y yo seguí ese camino.

Todo. Los grandes éxitos de la orquesta quedaron en mi voz y eso hizo que todavía hoy la gente en México, Perú o Venezuela los recuerde. Es impresionante que, después de tantos años, uno llegue a esos países y el público siga cantando esas canciones. Ahí uno entiende que la música se queda en la memoria afectiva de la gente.

El nacimiento de la Fundación Vozs Mujer

Yo tuve el privilegio de crecer en una familia donde nunca faltó nada. Pero vi a muchas compañeras artistas atravesar enormes dificultades, sobre todo madres solteras que sostenían sus hogares. Lo primero que noté fue lo difícil que era que creyeran que lo nuestro era salsa de verdad. Pensaban que era una moda, un hobby, un espectáculo de mujeres bonitas, no una vocación musical. Había muy poca visibilidad para artistas extraordinarias. Estábamos, pero como si no estuviéramos.

Recuerdo a una pianista ensayando con su hija de 2 años en brazos, con fiebre, mientras tocaba con la otra mano porque de ese trabajo dependía la comida de su casa. O a una trompetista que, menos de 40 días después de tener a su bebé, ya estaba en tarima mientras el utilero lo cuidaba debajo del escenario. Eso no se ve en las orquestas masculinas. Hoy tengo una Big Band femenina y, cuando ensayamos, en un rincón hay juguetes porque varias integrantes deben llevar a sus hijos: no tienen con quién dejarlos. Esa ha sido una dificultad constante para muchas de nosotras.

Totalmente. Nosotras venimos con “paquete incluido”. Nuestro trabajo es en la noche y muchas cantantes, músicas o bailarinas no tienen dónde dejar a sus hijos. Uno de mis sueños es crear guarderías nocturnas para artistas. También está el tema de la edad y el embarazo. Si no tenías menos de 25 años, ya te consideraban “muy mayor”. Conocí a una cantante que despidieron cuando anunció que estaba embarazada. Mientras tanto, en orquestas masculinas hay músicos de 60 o 70 años que siguen en los escenarios porque lo importante es su talento. Siempre aclaro que no se trata de atacar a los hombres. Lo más lindo que tengo en la vida son hombres y su apoyo ha sido fundamental. Vamos de la mano. Pero sí existe una falta histórica de oportunidades para las mujeres. Yo me cansé de tocar puertas para que incluyeran artistas femeninas en los carteles de Cali.

El movimiento salsero femenino en Cali

Cali es la única ciudad del mundo con un movimiento salsero femenino tan grande. Ni en Cuba, ni en Puerto Rico, ni en Nueva York existe algo igual. Y aun así, en los grandes eventos de la ciudad, casi no hay mujeres en los carteles. Eso me llevó a crear nuestros propios espacios. Porque si no nos abren escenarios, los abrimos nosotras. El año pasado organizamos el primer festival femenino de salsa en Cali, con más de 150 artistas en escena. Después comenzaron a aparecer orquestas de Argentina, Chile, Nueva York, República Dominicana… todas buscando dónde presentarse. El talento colombiano es enorme, pero muchas veces ni siquiera nosotros lo dimensionamos.

Referentes femeninos y logros de la fundación

Por ejemplo, Alexandra Albán, una percusionista extraordinaria. Llegó a Cali siendo niña, se formó dentro del movimiento salsero femenino y hoy es de talla mundial. La marca alemana Meinl Percussion lanzó instrumentos con su nombre, algo que muy pocos músicos logran. Ha grabado con artistas internacionales como Gloria Estefan y productores como Sergio George la convocan para sus proyectos.

También está Elizabeth, conocida en redes como “Elizabeth Timbal”. Creció en condiciones muy difíciles: vendía tamales y empanadas y llegaba a los ensayos caminando porque no tenía para el transporte. Hoy vive en Estados Unidos, tiene millones de seguidores y ha sido reconocida por autoridades de ese país por su impacto cultural. Fue mi compañera en Canela.

Otra historia que me conmueve es la de la Pacífico Big Band Fem, la primera big band femenina de música del Pacífico en Latinoamérica, un proyecto de 35 mujeres que dirijo. Durante años cantamos en discos donde los instrumentos los grababan hombres. En catorce años con Canela grabé diez álbumes y en ninguno tocó una mujer. Hace tres años logramos entrar a un estudio profesional y grabar nosotras mismas trompetas, trombones, percusión… fue histórico.

Demostrar que sí existe un público para proyectos liderados por mujeres. El festival del año pasado reunió artistas entre los 18 y los 60 años, como la gran sonera Fabiola Zúñiga, extraordinaria y con muy pocos escenarios. También logramos visibilidad internacional. La periodista Leila Cobo estuvo en el evento y escribió sobre él. Ella misma dijo que este fenómeno no existe en otras partes del mundo. Además estamos desarrollando talleres, foros y programas de apoyo. Uno de los sueños es contar con una sede propia que incluya formación. La música, en una ciudad como Cali, rescata comunidades enteras.

El gran sueño de Adriana Chamorro

Que una orquesta femenina tenga el mismo reconocimiento que las grandes agrupaciones masculinas. No queremos quitarle espacio a nadie; queremos igualdad. Cali es la capital mundial de la salsa y la salsa hecha por mujeres también debe ocupar un lugar visible en esa historia.