El escritor chileno Alberto Fuguet es de aquellas personas que cada cierto tiempo se ven envueltos en polémicas, aunque no las busquen. Es la consecuencia de hablar con franqueza y de moverse en los márgenes. Se puede afirmar que tiene vocación de 'outsider'. Se hizo famoso hace ya tres décadas con la recopilación de cuentos 'McOndo', que fue su primer gran conflicto.
El origen de su independencia literaria
El ensayo que precedía los cuentos de jóvenes escritores latinoamericanos nacidos en los años sesenta era un grito de independencia frente a la literatura del 'boom'. Un episodio iconoclasta contra la tiranía del estereotipo del realismo mágico. El tiempo le dio la razón en su reivindicación de los espacios urbanos y la cultura global como un lugar legítimo para los escritores de esta parte del mundo.
Después de 1996, ha escrito varias novelas de éxito, entre ellas 'Tinta roja', 'Por favor rebobinar' y 'Las películas de mi vida', un ensayo autobiográfico. En 2016, volvió a meterse en problemas con la novela 'Sudor' (2016). Este texto, de más de 600 páginas, narra la historia de Alf, un editor homosexual que debe recibir a una figura canónica de la literatura latinoamericana inspirada en Carlos Fuentes, acompañada de su hijo.
La obra, repleta de referencias a personajes locales, cultura pop y descripciones explícitas de encuentros sexuales en el Santiago de 2013, generó reacciones adversas en el mundo literario chileno. Fuguet fue censurado y amenazado de muerte, porque muchos consideraron que “esas cosas no se decían”.
'Ushuaia': una novela con protagonista femenina
En 'Ushuaia', su nueva novela, y un lugar que está muy de moda por estos días a causa del hantavirus, por primera vez pone en el centro a una mujer, Leticia, la madre de Bruno, un escritor depresivo de éxito precoz. La estructura de la novela, como suele suceder con todo lo de Fuguet, es un caleidoscopio de imágenes que se nutre de la cultura pop y la lleva a otro nivel.
La decisión de usar nombres reales
En la novela aparecen escritores chilenos con sus nombres reales. ¿Por qué esa decisión? “Hay uno al que le puse el nombre que le dio Bolaño en 'Nocturno' de Chile: al sacerdote Ignacio Valente lo llamo Ignacio Lacroix. Lo hago para pasarla bien, para reírme, para ajustar cuentas y, sobre todo, por realismo. Es como cuando aparecen periodistas reales de CNN en películas de fin del mundo, junto a Morgan Freeman. Uno podría decir que es injusto, pero eso le da un grado de verosimilitud que te asusta más. En el cine se hacen cameos; yo simplemente no puedo dejar de hacerlo en la literatura. A algunos les choca que no pedí permiso, pero sí pueden hablar mal de mí en YouTube o en Twitter, ¿por qué yo no puedo hacer lo mismo en una novela?”
La inspiración real detrás de la desaparición de Bruno
El personaje de Bruno desaparece y eso obliga al lector a especular qué pasó con él. ¿Hay una inspiración real detrás de esa historia? “Sí, está basado en algo que me tocó vivir. Hace unos veinte años estrené una película y, pocas semanas después, Santiago se llenó de afiches de 'Se busca'. Yo estaba pensando en la idea de los desaparecidos, en el concepto de 'missing'. Aparecieron fotos de un chico de unos 18 años, de clase alta, lo que amplificó la cobertura. Empezaron a meterse en su blog. Un día, caminando de noche cerca de mi casa, me encontré con un grupo que lo buscaba. El hermano me reconoció, me dijo que el chico era lector mío, que estudiaba comunicaciones. Me preguntó si, en caso de que apareciera, yo estaría dispuesto a tomar un café con él. Le dije que obvio. Al día siguiente apareció muerto. Dos meses después, el hermano me contactó y me regaló su disco duro. Es como si te regalaran el alma de alguien.
“Era la tecnología del 2005, bastante moderna para la época y a la vez muy antigua para lo que existe hoy. Empecé a mirarlo y sentí que era algo que no me correspondía ver, algo sin nombre, como diría Piedad Bonnett. Pensé que ahí había un libro. Años después lo revisé y me di cuenta de que era un chico dañado, perdido, con muchas emociones que no sabía cómo expresar. De ahí me surgió la pregunta: ¿Qué pasaría si hago un libro sobre un personaje inspirado en él?”
Eso recuerda a la banda Manic Street Preachers: el guitarrista desapareció y nunca apareció el cuerpo. “Exactamente. Y eso alimenta el mito. Como Jeff Buckley, que tampoco queda claro si se suicidó o simplemente se hundió en el río. Nunca apareció. Ese misterio es literariamente poderoso. En mi fantasía, pensaba que en el disco duro de ese chico podía estar el nuevo Premio Cervantes. Me gusta esa idea de los escritores que quizás eran mejores que todos nosotros, pero que no vieron la luz. Los Van Gogh de la literatura.”
La estructura de la novela: entrevistas y voces múltiples
La estructura de la novela tiene mucho que ver con eso: hay un periodista que entrevista a distintas personas sobre Bruno. “Sí. Me meto en la voz de Bruno, pero sobre todo en la de la madre. Y luego en la del periodista que se obsesiona con el caso. Quise usar algo que me parece una gran materia prima literaria y que se usa muy poco: la entrevista larga, muy distinta a una cuña o a un clip de veinte segundos. Acá hay cinco o seis páginas por cada voz que le cuenta cosas al periodista sobre Bruno. Muchos le dicen: 'No pongas esto, no cuentes aquello'.
'Ushuaia' aparece como escenario central. ¿Qué relación tiene Chile con esa zona del sur de Argentina? Sigue toda la información de Cultura en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.



