Cartagena en los 50: Cines, marihuana y el escándalo de Jorge Negrete
Cines de Cartagena en los 50: marihuana y desmanes

Los cines de Cartagena: escenario de desórdenes y consumo de marihuana en los años 50

Durante la década de 1950, asistir al cine en Cartagena se convirtió en una actividad predominantemente vespertina y nocturna, caracterizada por la falta de techos en la mayoría de los teatros. Esta peculiar infraestructura, lejos de ser un simple detalle arquitectónico, creaba condiciones ideales para una serie de desmanes, entre los que destacaba el consumo abierto de marihuana. La situación generó una ola de quejas por parte de la clase letrada, que utilizaba la prensa local para expresar su descontento y alarma.

La voz de la prensa y la denuncia de Donaldo Bossa Herazo

El 15 de agosto de 1950, en las páginas de El Universal, Donaldo Bossa Herazo plasmó una crítica mordaz. En su columna, describió con detalle la escena en la avenida del Pie de La Popa, donde florecían innumerables estanquillos. Allí, según su relato, se congregaban a toda hora grupos de ociosos, muchos de ellos menores de edad, individuos sin oficio conocido pero con dinero suficiente para jugar al billar, beber y, sobre todo, rendir culto a la marihuana. Bossa Herazo vinculó esta nefasta yerba con la influencia de las películas mexicanas de la época, particularmente aquellas protagonizadas por figuras como Jorge Negrete, a quien asoció con un Méjico falso cargado de corridos horribles y chistes cinematográficos de mala calidad.

Jorge Negrete: símbolo de desconfianza y vínculo con el vicio

La fama de Jorge Negrete trascendió la pantalla para convertirse en un elemento de desconfianza social. Un testimonio revelador, publicado en El Universal el 26 de enero de 1957, ilustra esta conexión. Un consumidor de marihuana capturado por las autoridades declaró al juez: Permítanme el teléfono que hoy voy a hablar con mi 'cuadro' Jorge Negrete, quien se encuentra en mi hotel, para que venga a responder por mi persona. Este episodio no solo muestra la audacia del detenido, sino también cómo la figura del actor se había arraigado en la imaginación popular como una suerte de protector o aval de conductas ilícitas.

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Un panorama de caos: venta, asaltos y destrozos en los cines

La prensa de la época documentó meticulosamente los múltiples incidentes que plagaban los cines cartageneros:

  • La venta de cigarrillos de marihuana en las entradas de los teatros, como se reportó el 9 de mayo de 1952.
  • Asaltos a las taquillas de cines emblemáticos como El Diamante y El Caribe en el barrio Torices, ocurridos el 28 de febrero de 1955.
  • Protestas y enfrentamientos contra los revendedores de boletas, registrados el 8 de junio de 1956.
  • Destrozos masivos en el Teatro Padilla provocados por un apagón, sucedidos el 25 de mayo de 1955.

La oscuridad de las salas, agravada por la falta de techos, facilitaba toda clase de actos indecorosos. Existían áreas designadas, tanto dentro como fuera de los cines, donde los asistentes encendían y consumían la hierba sin mayores inhibiciones.

La respuesta de las autoridades y un curioso contraste

Frente a este desbarajuste, la Junta de Censura de Espectáculos Públicos no permaneció inactiva. Dirigió sus reprimendas especialmente hacia ciertos repertorios cabaretiles, como los espectáculos Big Bum Bang Sexi presentados en el Teatro Padilla desde mediados de siglo. Los relatos de la época pintan un cuadro casi surrealista: individuos que se orinaban en las paredes, advertencias a gritos ante lluvias de piedras que hacían correr al público hacia los muros, encuentros sexuales ocasionales e incluso celebraciones de escándalos colectivos.

Sin embargo, este panorama de caos encontró un contraste sorprendente con la proyección de Cuando las colegialas pecan en 1970. Este falso documental erótico, exhibido en casi todos los cines de Cartagena, según testigos del barrio El Bosque, logró algo insólito: una audiencia en casto y severo silencio frente a la pantalla del Teatro Myriam. Curiosamente, afirman que durante aquellos días, nadie fumó marihuana en las salas, marcando un paréntesis de inusual compostura en medio de años de desorden.

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