Colombia dibujó su historia en viñetas: el cómic nacional como patrimonio cultural
Cómic colombiano: patrimonio cultural en viñetas

La historia silenciada del cómic colombiano emerge en exposición nacional

En un país donde la memoria oficial suele escribirse con letras formales y discursos institucionales, el cómic ha funcionado durante más de un siglo como una narrativa gráfica poderosa que capturó la vida cotidiana, la política, el humor y las tensiones sociales de Colombia. La exposición ¡Extra, extra! Los orígenes del cómic en Colombia (1890-1967), que se presenta en la Biblioteca Nacional hasta marzo, coloca en primer plano esta historia visual que durante décadas circuló entre kioscos, periódicos y lectores anónimos, reclamando ahora su merecido lugar como patrimonio cultural nacional.

Un recorrido por siete décadas de narrativa gráfica

La muestra no solo reconstruye meticulosamente el nacimiento de la historieta en el territorio colombiano, sino que plantea una pregunta fundamental: ¿por qué el cómic, a pesar de su influencia masiva, ha permanecido sistemáticamente al margen del relato cultural oficial? El recorrido propone entender la historieta como algo sustancialmente más que simple entretenimiento pasajero.

Desde finales del siglo XIX, cuando la caricatura política comenzaba a consolidarse firmemente en la prensa nacional, las viñetas se transformaron en un vehículo dinámico de opinión pública, sátira mordaz y crítica social penetrante. Con la expansión acelerada de los periódicos y la modernización urbana constante, surgieron personajes memorables que dialogaban directamente con el lector sobre:

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  • Los cambios radicales de la ciudad
  • Las costumbres tradicionales en transformación
  • Las tensiones de clase cada vez más evidentes

Pioneros y personajes que definieron una identidad

En ese fascinante tránsito histórico, el cómic colombiano fue encontrando progresivamente una voz propia y distintiva, influenciada ciertamente por modelos extranjeros pero profundamente anclada en la realidad local inmediata. Como ha señalado enfáticamente la directora de la Biblioteca Nacional, Adriana Martínez-Villalba: "No existe una historia oficial del cómic en Colombia... Lo que buscamos es rescatar este patrimonio que ha ido quedando en el olvido y promover también su estudio e investigación sistemática", una afirmación que sintetiza perfectamente el espíritu de la exposición y su apuesta decidida por abrir nuevas rutas académicas y culturales.

Entre los exponentes más representativos que aparecen destacadamente en la muestra se encuentra Adolfo Samper, considerado unánimemente como uno de los pioneros fundamentales de la tira cómica nacional. Su personaje emblemático "Mojicón", publicado originalmente en la década de 1920, retrató con ironía fina y agudeza la vida urbana bogotana y marcó un hito indiscutible en la adaptación del formato de tira diaria al contexto específicamente colombiano.

A su ilustre lado aparecen figuras igualmente memorables como Godofredo Cascarrabias y Misia Escopeta, también creadas magistralmente por Samper, que evidencian claramente cómo el humor gráfico servía eficazmente para comentar la realidad social sin perder nunca ligereza narrativa. Décadas después, Ernesto Franco consolidaría un fenómeno cultural masivo con "Copetín", un personaje que conectó profundamente con nuevas generaciones y que demostró contundentemente que la historieta podía dialogar fluidamente con los cambios culturales del país.

Victoria Franco de Sandoval, con su creación "Pirulita", aportó una mirada distintivamente femenina y amplió significativamente la presencia de mujeres en un campo históricamente dominado por hombres.

El ecosistema completo de la historieta nacional

La exposición, estructurada inteligentemente en varios ejes temáticos coherentes, no se limita únicamente a exhibir originales valiosos y publicaciones históricas, sino que contextualiza minuciosamente el ecosistema completo que hizo posible el auge espectacular de la historieta:

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  1. Los talleres de impresión tradicionales
  2. Los voceadores de prensa característicos
  3. Los kioscos de esquina emblemáticos
  4. Las páginas culturales que acogieron estas narrativas visuales

Incluso evoca nostálgicamente espacios de lectura popular para recordar vívidamente que el cómic fue, ante todo, una práctica social compartida colectivamente. También se destaca especialmente un momento clave en la consolidación definitiva del medio: la Primera Exposición de Tiras Cómicas Colombianas de 1967, que reunió históricamente a autores nacionales y marcó un precedente fundamental en el reconocimiento del cómic como expresión artística legítima.

Un lenguaje vivo que conecta pasado y presente

La curaduría experta, a cargo de Laura Valentina Álvarez y Pablo Guerra, junto a un equipo interdisciplinario de investigadores y artistas comprometidos, construye un relato coherente que conecta orgánicamente pasado y presente, subrayando contundentemente que el cómic no es una simple reliquia museística, sino un lenguaje vivo que dialoga activamente con la cultura contemporánea.

Al revisar meticulosamente estas primeras décadas formativas, la muestra invita a reconsiderar profundamente la historieta como:

  • Documento histórico invaluable
  • Herramienta pedagógica efectiva
  • Expresión estética auténtica que ha acompañado silenciosamente la transformación del país

En un momento histórico donde las narrativas visuales dominan completamente el entorno digital, volver a los orígenes fundamentales del cómic colombiano es también reconocer honestamente que muchas de las formas actuales de contar historias –fragmentadas, gráficas, inmediatas– tienen raíces profundas en esas viñetas que, hace más de un siglo, perduran tenazmente en el acervo colectivo nacional.