Elecciones 2026: Un llamado urgente para priorizar la cultura en la agenda nacional
Cultura exige prioridad en agenda nacional para elecciones 2026

Un llamado urgente para priorizar la cultura en la agenda nacional

Colombia se encuentra ante una jornada electoral decisiva este fin de semana, donde se elegirá un nuevo Congreso que asumirá responsabilidades cruciales a partir del 20 de julio. Esta elección representa una oportunidad real para definir el lugar que ocuparán la cultura y las artes en el proyecto de país que queremos construir, según señala Claudia Hakim, artista y gestora cultural.

La cultura: última prioridad presupuestal

Para el sector cultural, especialmente las artes visuales y las instituciones que las sostienen, esta elección es de vital importancia. En los últimos cuatro años se vivió un momento de esperanza con un aumento significativo del presupuesto cultural que alcanzó cifras históricas. Sin embargo, ese impulso perdió continuidad y terminó diluyéndose frente a otras prioridades gubernamentales.

La realidad es contundente: en materia presupuestal, la cultura sigue siendo la última prioridad del Estado colombiano. Cuando la cultura pierde centralidad, no se trata solo de números en un balance, sino de proyectos truncados, programas interrumpidos, artistas sin respaldo institucional, y museos y espacios independientes enfrentando crisis operativas severas.

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Instituciones que han construido tejido social durante décadas hoy deben destinar sus energías a sobrevivir en un contexto complejo marcado por la inflación, incremento de costos laborales y reducción sistemática de apoyos públicos.

Necesidad de un punto de inflexión

Esta elección debe marcar un punto de inflexión histórico. Es indispensable recuperar la dignidad presupuestal del sector cultural colombiano. Hakim ha insistido en la necesidad de llevar los recursos destinados a cultura al menos al 0,5% del Presupuesto General de la Nación.

Esta medida permitiría consolidar políticas de largo plazo, fortalecer museos, archivos, centros culturales y espacios independientes, garantizando condiciones sostenibles para la creación contemporánea en todo el territorio nacional.

El próximo Congreso debe asumir con claridad y determinación la defensa del patrimonio material e inmaterial, la protección del espacio público cultural y el fortalecimiento de la institucionalidad cultural existente.

La cultura como infraestructura simbólica

La discusión no es únicamente financiera; la cultura no representa un gasto accesorio sino infraestructura simbólica fundamental. Es memoria colectiva, es identidad nacional, es pensamiento crítico organizado. Las artes visuales, en particular, cumplen una función esencial en la construcción de ciudadanía activa y consciente.

Estos espacios funcionan como ámbitos de reflexión profunda, de debate constructivo y de interpretación del presente social. Sin instituciones culturales sólidas y bien financiadas, el país pierde gradualmente su capacidad de narrarse a sí mismo y de comprenderse en su complejidad histórica.

Construir sobre lo construido no es una consigna conservadora sino una condición mínima para el desarrollo cultural sostenible. Destruir resulta fácil; consolidar representa un acto de responsabilidad histórica hacia las generaciones futuras.

Violencia y erosión institucional

En los últimos años hemos sido testigos de cómo el vandalismo no solo arrasa bienes públicos y obras artísticas de valor incalculable, sino que erosiona sistemáticamente la confianza ciudadana y paraliza la acción colectiva organizada. La violencia no puede convertirse en lenguaje legítimo dentro de una sociedad que aspira a la prosperidad compartida.

Un país que busca desarrollarse necesita estabilidad institucional, reglas claras y organizaciones fuertes. La cultura requiere precisamente ese entorno protector para florecer en toda su diversidad y potencial creativo.

Oportunidad electoral histórica

Este momento electoral constituye una oportunidad única para enviar un mensaje inequívoco a toda la sociedad colombiana: la cultura importa profundamente, las artes visuales importan esencialmente, las instituciones culturales importan estratégicamente.

Queremos un Congreso que legisle con visión de largo plazo, que comprenda que la creatividad y el ingenio nacional no son meros adornos sociales sino motores económicos, sociales y simbólicos de primer orden.

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Colombia necesita urgentemente una agenda cultural seria, técnica y sostenida en el tiempo; una agenda que reconozca plenamente el papel estratégico de la cultura en la educación integral, en la economía creativa emergente y en la cohesión social necesaria.

Necesitamos legisladores que entiendan que apoyar museos, espacios independientes, artistas y gestores culturales no constituye un acto de generosidad discrecional sino una inversión inteligente en el futuro del país.

Conclusión: No podemos equivocarnos

No podemos permitirnos el lujo de equivocarnos en esta coyuntura histórica. Esta es la oportunidad concreta de recuperar la institucionalidad cultural, de fortalecer la agenda civilizada y de apostar decididamente por un modelo de desarrollo que incluya la cultura como eje estructural fundamental.

Elijamos con conciencia histórica. Defendamos la cultura en todas sus expresiones. Construyamos responsablemente sobre lo ya construido con tanto esfuerzo por generaciones anteriores de artistas y gestores culturales colombianos.