La realizadora chilena Dominga Sotomayor presentó en la sección paralela Quincena de Cineastas del Festival Internacional de Cine de Cannes su largometraje La perra, una adaptación libre de la exitosa novela homónima de la escritora colombiana Pilar Quintana. “Lo leí y me pareció alucinante esta novela”, explicó Sotomayor tras la proyección.
Una historia trasladada a Chile
En la película, protagonizada por Manuela Oyarzún, la acción se traslada a una isla imaginaria chilena, filmada en parte en la isla Santa María, en el sur de Chile, y también en el continente. El entorno es hostil y azotado por el viento. Allí vive Silvia, una mujer cuya monótona vida, dedicada a la recolección de algas y a una convivencia tranquila con su pareja, se ve alterada por la llegada de una cachorra callejera a la que llama Yuri.
El animal despierta en ella sentimientos de nostalgia por no haber logrado ser madre, creando un vínculo especial. Sin embargo, la repentina desaparición de la perra la transporta a un trauma de infancia: la desaparición inexplicada de un niño en la isla. “Era algo que me motivaba mucho de esta película, alejarse de este retrato más realista y naturalista de un territorio e inventar una isla”, manifestó la cineasta.
Adaptación con esencia propia
Sotomayor, conocida por títulos como Tarde para morir joven, aseguró que su filme guarda una conexión esencial con el libro de Quintana en su fondo, pese a haber adaptado la historia en clave chilena y transformado elementos fundamentales del texto, como la importancia de la ambientación en la selva. “No me imaginaba filmando en la selva colombiana. Me parecía un poco ajeno a lo que yo había hecho”, comentó.
La idea del proyecto surgió del productor brasileño Rodrigo Teixeira, quien trabaja con ella desde hace años y le recomendó el libro de Quintana. “Me atrajo mucho la conexión de esta mujer con la perra, que no está romantizada. Es una relación compleja, con muchas capas y que gatilla temas que me interesan sobre la maternidad, sobre la búsqueda de la identidad, sobre el origen del trauma”, evocó la cineasta, nacida en Santiago de Chile en 1985.
Para su película, Sotomayor buscó no dejar un mensaje concreto ni abordar una temática específica, sino hacer una especie de “retrato vivo” que inmortalizara lo orgánico de un momento, unos personajes y un lugar.
Primer proyecto en solitario en Cannes
Este es el segundo paso por Cannes de Sotomayor, que ya estuvo en la villa mediterránea francesa con el proyecto de dirección colectiva The Year of the Everlasting Storm (2021). Sin embargo, es la primera vez que presenta un proyecto en solitario y está orgullosa de que sea en la Quincena de Cineastas, una sección independiente del festival principal que selecciona voces autorales destacadas de todo el mundo que filman con espíritu independiente.
“La verdad es que yo no me podía imaginar un mejor lugar para empezar con esta película. Me puso muy contenta saber que había sido seleccionada”, dijo sobre su participación en la edición número 58 de esta sección paralela, que a lo largo de su historia ha acogido a cineastas como George Lucas, Martin Scorsese, Ken Loach o Jim Jarmusch.
Es un “lugar de mucha experimentación” y abierto “a nuevos lenguajes”, opinó Sotomayor, algo que para ella encaja muy bien con La perra, porque es un filme “muy libre” en el que ella misma intentó “explorar cosas diferentes” a sus trabajos anteriores.
También es una película que “no necesariamente está atada a una historia reciente”, puntualizó, a diferencia de otras cintas chilenas que suelen tener éxito en el extranjero. “Muchas veces las películas chilenas que se muestran en Europa tienen más que ver con la dictadura o con casos reales o con temáticas sociales. Pero siento que La perra justamente es una película muy abierta, en la que yo quería inventar un tiempo, inventar un lugar”, reflexionó la cineasta.



