Un ingeniero civil descubre su vocación pictórica tardía en exposición santandereana
La galería se ilumina con 35 obras que parecen respirar, donde los cielos tienen pulso y las montañas laten con intensidad cromática. Carlos Eduardo Rodríguez Carrizosa, ingeniero civil con cinco décadas de profesión, presenta "Naturaleza Emocional", una exposición que marca el encuentro definitivo entre su formación técnica y una pulsión artística cultivada en silencio durante años.
De la galería al lienzo: el momento decisivo
Todo comenzó con un gesto aparentemente casual: buscando cuadros para decorar una casa de recreo, Rodríguez Carrizosa encontró los precios prohibitivos. "Pensé que podía pintarlos yo mismo", recuerda el artista, revelando que no era vanidad sino el despertar de una intuición demorada. Aquella decisión doméstica abrió el camino hacia lo que hoy se exhibe como una producción pictórica rigurosa y emocionalmente cargada.
La relación con el arte, sin embargo, viene de mucho más atrás. Desde niño observaba trabajar a su primo, el maestro Jorge Iván Arango, absorbiendo una lección fundamental: "Entendí que todo eran emociones. Él era una persona muy emocional y todo lo que hacía era en base a lo que sentía en presencia de la naturaleza". Esta comprensión se convierte en el núcleo conceptual de la exposición actual.
La naturaleza como fuerza emocional, no como paisaje
En "Naturaleza Emocional", los elementos naturales abandonan su función decorativa para convertirse en vehículos de experiencia sensible. Rodríguez Carrizosa explica: "La naturaleza le da a uno casi que la base para pintar cualquier obra". Las piezas exhibidas oscilan entre representaciones clásicas, aproximaciones modernas y abstracciones puras, pero todas comparten una premisa: traducir vibraciones emocionales antes que reproducir escenas literales.
Una obra particularmente elocuente es "Otra noche estrellada", homenaje y reinterpretación personal de Van Gogh. "Es el mismo concepto de la distorsión que él veía en el cielo", señala el artista, destacando cómo toma del maestro neerlandés no una cita visual sino una filosofía: entender el paisaje como estado del alma. En esta pieza, como en otras, el cielo deja de ser superficie contemplativa para transformarse en campo emocional donde penumbra, movimiento y color disputan significado.
Ingeniería y pintura: dos lenguajes para transformar la naturaleza
Lo singular de esta trayectoria es la convivencia durante décadas de dos disciplinas aparentemente distantes. Rodríguez Carrizosa encuentra puentes profundos: "El trabajo de ingeniería es básicamente cambiar el aspecto natural dándole algún ingrediente de creatividad". Proyectos como el Ruitoque Golf Country Club o espacios como la hacienda San Luis, creada por su familiar Luis Rengo Restrepo, le enseñaron que la naturaleza es tanto materia viva como escenario de creación.
Esta dualidad se manifiesta incluso en su aproximación a los materiales pictóricos. "Toda la vida en mi profesión hice eso de investigar el manejo de materiales", explica, mostrando cómo esa curiosidad técnica encuentra nueva expresión en el arte. Una pequeña obra realizada con asfalto simboliza esta síntesis: un material asociado a la infraestructura civil transformado en materia pictórica para construir paisaje emocional.
Disciplina y exploración en la madurez creativa
La pintura permaneció años en territorio de lo aplazado hasta que, ya pensionado, surgió la pregunta definitiva: "¿Qué me voy a poner a hacer si yo solo sé ser ingeniero?". La respuesta fue un proceso disciplinado de estudio y producción, acompañado por un profesor los sábados. "En esto hay que estudiar y ser muy juicioso en el aprendizaje, porque si no, no progresamos", afirma con la seriedad del que aborda un nuevo oficio.
Este rigor explica la contundencia de la muestra: 35 obras exhibidas más diez fuera de sala, casi todas realizadas en el último año. La producción impresiona por su volumen e intensidad exploratoria:
- Formatos diversos, desde piezas pequeñas hasta obras de mayor escala
- Búsquedas técnicas que incluyen óleo sobre lienzo, acrílico sobre corcho y trabajo sobre madera
- Experimentación con materiales no convencionales como el asfalto
- Variedad estilística que abarca desde paisajes reconocibles hasta abstracciones puras
Sedimentación de una mirada
"Naturaleza Emocional" puede leerse como exposición de una segunda vocación que encontró finalmente su tiempo. No hay ansiedad por demostrar algo a destiempo, sino serenidad de quien llega a un lenguaje después de contemplarlo durante décadas. La naturaleza representada no es solo paisaje exterior, sino sensibilidad que maduró entre planos de ingeniería, jardines diseñados, memorias familiares y admiración antigua por la pintura.
El resultado es una serie de obras donde el color no decora, la forma no ilustra y la naturaleza no se limita a ser representada. Todo está atravesado por emoción que busca cuerpo pictórico. La fuerza silenciosa de esta exposición radica precisamente en esa transición: quien pasó buena parte de su vida construyendo afuera, ahora pinta desde adentro, transformando en arte emocional décadas de diálogo con el territorio.
