El amanecer tras la larga noche: intelectuales frente al totalitarismo
Los historiadores debaten constantemente cuál ha sido el siglo más terrible en términos de horrores humanos. Algunos apuntan al siglo diecinueve, marcado por el genocidio brutal del rey Leopoldo II en el Congo para controlar el caucho, el exterminio de poblaciones indígenas en California durante la fiebre del oro y los desplazamientos forzados de tribus nativas en Estados Unidos que dejaron miles de muertos. También destacan las hambrunas letales en la India bajo el dominio británico.
Los siglos del horror
El siglo veinte no se queda atrás, comenzando con la carnicería de la Primera Guerra Mundial, seguida por el genocidio armenio perpetrado por el Imperio Otomano, el Holocausto judío ejecutado por los nazis, las purgas masivas de Stalin y las bombas atómicas sobre Nagasaki e Hiroshima. A esto se suman los dos millones de muertos en Camboya bajo el régimen de Pol Pot y el exterminio de 800.000 tutsis en Ruanda a machetazos.
El siglo veintiuno, con apenas un cuarto de su recorrido, ya presenta guerras mortíferas con saldos atroces de víctimas y éxodos masivos. Incluye la masacre de Hamás contra civiles judíos y el genocidio cometido por el estado de Israel contra la población de Gaza, mostrando que la violencia persiste.
Stefan Zweig y la pérdida de la civilización
Al leer El mundo de ayer de Stefan Zweig, se experimenta una sensación de déjà vu inquietante. Zweig describe un reinado de falsas verdades convertidas en alternativas y luego en absolutos, el supremacismo racial, el odio contra inmigrantes, nacionalismos extremos, demagogia ruidosa y argumentos basados en gritos. Para él, el mundo de ayer no tenía mañana, lo que lo llevó a suicidarse en 1942 en Brasil junto a su esposa Lotte Altmann, mientras los nazis dominaban Europa.
Zweig comprobó que la civilización, con todos sus valores e instituciones, era solo una capa delgada de barniz que desaparecía al rasparla. Había perdido su patria, Austria, y a Europa, que también consideraba su hogar. En su nota de despedida escribió: "Mando saludos a todos mis amigos. Ojalá vivan para ver el amanecer tras esta larga noche. Yo, que soy muy impaciente, me voy antes que ellos".
Ernst Toller y la fuerza para soñar
Tres años antes, en 1939, el dramaturgo alemán Ernst Toller, también judío y pacifista, se ahorcó en un hotel de Nueva York, justo después de que las tropas de Franco entraran en Madrid. Sobre su mesa dejó fotografías de niños españoles víctimas de bombardeos fascistas. En su última carta expresó: "Estos tiempos necesitan personas que vean la realidad, y a pesar de ese conocimiento, no hayan perdido la fuerza para soñar". Sus hermanos estaban recluidos en campos de concentración en Alemania, y todo apenas comenzaba.
Walter Benjamin y la situación sin salida
En 1940, otro intelectual judío alemán, el filósofo Walter Benjamin, ante la perspectiva de regresar a la Francia ocupada por los nazis, decidió quitarse la vida en Portbou, España. En una nota dirigida a Theodor Adorno, memorizada por su compañera Henny Gurland antes de ser destruida, escribió: "En una situación sin salida, no tengo otra opción que terminar con todo. Es en un pequeño pueblo de los Pirineos, donde nadie me conoce, donde mi vida debe llegar a su fin".
Intelectuales comprometidos con su tiempo
Estos tres intelectuales estaban profundamente comprometidos con su época y veían sus vidas imposibles frente al totalitarismo en ascenso. Creían que comenzaba un cambio de paradigma impuesto por la fuerza de las armas, marcando el inicio de una era totalitaria. Ninguno de ellos confiaba en que las fuerzas del mal pudieran ser derrotadas, lo que refleja una profunda desesperanza.
Una perspectiva optimista de Philip Sands
En contraste, Philip Sands, autor de Calle este-oeste, interpreta la encrucijada actual de manera inversa. En una entrevista reciente para El País declaró: "En 1939, el mundo vivía una incertidumbre comparable a la actual y, apenas seis años después, asistimos a una revolución profunda que mejoró la vida de millones de personas. Es cierto: hubo una guerra de por medio. Pero dentro de unos años, miraremos estos cinco años como una etapa de oscuridad y tristeza que quedó atrás".
Ojalá Sands tenga razón y estos tiempos de pesadumbre se resuelvan en un luminoso amanecer, tal como Zweig, Toller y Benjamin anhelaron en su lucha contra la oscuridad del totalitarismo.



