En medio del bullicio del Aeropuerto El Dorado, entre maletas, anuncios de vuelos y despedidas apresuradas, surge un espacio que desafía la rutina del tránsito. Allí, entre colores vibrantes y personajes poco convencionales, aparecen los 'mamarrachos': figuras con tres ojos, proporciones imperfectas, pero llenas de identidad.
El origen de 'La de los Mamarrachos'
Detrás de esta propuesta está Linda Ochoa, una ilustradora colombiana que fundó 'La de los Mamarrachos' en 2021, justo después de graduarse y en plena pandemia. Sin empleo fijo y con tiempo libre, comenzó a dibujar. Lo que empezó como una exploración personal se transformó en una propuesta estética y conceptual que hoy oscila entre el arte urbano, el diseño y el emprendimiento creativo.
De los muros a los objetos cotidianos
El proyecto creció en paralelo entre la calle y el diseño. Linda pintaba en espacios urbanos, pero pronto trasladó sus ilustraciones a objetos de uso diario. Hoy, sus dibujos aparecen en chaquetas, loncheras, cosmetiqueras, pañuelos y llaveros. La idea no es solo estética: busca que el arte sea accesible y cercano. 'Que no todo tenga que quedarse en un cuadro o en una galería', explica Linda. Sus piezas conservan el lenguaje visual de los muros, pero llegan a más personas.
Este camino la ha llevado a festivales internacionales en México, Perú y Guatemala, y a colaboraciones con marcas. Un momento clave fue su primera invitación a un festival en Cancún, cuando apenas llevaba un año pintando. 'Ahí entendí que esto podía ser en serio', recuerda.
Un nuevo escenario: el aeropuerto
Ahora su trabajo aterriza en el Aeropuerto El Dorado, como parte de una convocatoria de la Secretaría de Desarrollo Económico de Bogotá. Está en un espacio multimarca llamado Paraíso, donde permanecerá hasta el 31 de mayo. Es un escenario distinto: público en tránsito, tiempos cortos, miradas rápidas. Pero también una vitrina para probar cómo conecta su propuesta con personas que no buscan arte. 'Ha sido variable, raro, pero interesante', comenta.
Dibujar para entender(se)
Más allá del crecimiento comercial, hay una faceta menos visible: desde hace varios años, Linda realiza talleres con niños en el Hospital de la Misericordia. No es algo solemne, sino un espacio para dibujar sin reglas. Cada niño crea su propio 'mamarracho': personajes sin proporciones ni límites. En ese ejercicio, a menudo surgen cosas que no se dicen de otra manera. 'Ellos lo llevan a su mundo. A veces lo conectan con lo que están viviendo, otras no, pero igual pasa algo', dice. Recuerda a una niña que nombró a su personaje con el mismo nombre de su diagnóstico médico. 'Son cosas que uno no planea, pero pasan', añade.
Lo imperfecto como lenguaje
El proyecto también se sostiene en una forma de trabajar que ha ido tomando forma con el tiempo. La mayoría de la producción está hecha por mujeres, desde la confección hasta el desarrollo de productos. No fue una decisión inicial, pero se convirtió en parte del proceso. A esto se suma el uso de textiles reciclados y procesos responsables, integrados a medida que la marca crece.
Pero más allá de lo técnico, hay una idea central: cuestionar qué se considera válido en el arte. En un contexto donde lo realista es la medida de 'lo bien hecho', sus personajes responden: no buscan encajar. Y ahí está su fuerza. Hoy, entre muros, productos y nuevos espacios como el aeropuerto, 'La de los Mamarrachos' sigue creciendo sin perder su esencia: demostrar que lo imperfecto no solo es válido, sino que conecta. Y que, a veces, lo que parece un garabato dice mucho más.



