La politización del sueño en regímenes totalitarios: cuando el Estado invade hasta los sueños
La politización del sueño en regímenes totalitarios

La invasión estatal en el mundo onírico: cuando los regímenes totalitarios controlan hasta los sueños

Una de las características más perturbadoras de los regímenes totalitarios es su capacidad para politizar todas las esferas de la vida humana, incluyendo aquellas que tradicionalmente consideramos privadas e íntimas. El sueño, ese territorio aparentemente inaccesible incluso para el poder más absoluto, no escapa a esta invasión sistemática del Estado en la vida de los ciudadanos.

El sueño bajo vigilancia: ejemplos históricos

El ensayo El Tercer Reich de los sueños de Charlotte Beradt ya documentaba cómo el régimen nazi penetraba en la psique colectiva. Pero fue en la Unión Soviética donde esta politización alcanzó niveles particularmente sofisticados. Como señala Martin Amis en su biografía Koba el Temible: La risa y los veinte millones, dedicada a Stalin, el régimen soviético logró convertir el sueño en otra herramienta de control.

El miedo era tan profundo que los ciudadanos soviéticos necesitaban adivinar el amanecer para poder conciliar el sueño, pues la policía secreta prefería actuar durante la noche. Nikita Jrushov, líder soviético posterior a Stalin, llegó a afirmar que "un bolchevique es una persona que se siente bolchevique incluso cuando duerme", encapsulando perfectamente esta pretensión de control total.

El caso Meyerhold: cuando el arte desafía al poder

Amis ilustra este fenómeno con el dramático caso de Vsiévolod Meyerhold, director teatral que disgustó a Stalin durante el período culminante del Gran Terror. Tras el ataque ritual del periódico Pravda y el cierre de su teatro, Meyerhold recibió una oportunidad de retractarse en una conferencia organizada por la Comisión de Asuntos Artísticos.

En lugar de retractarse, criticó abiertamente el estado de los teatros soviéticos, describiendo sus producciones como "insípidas y aburridas, todas iguales y sólo diferentes por su grado de insignificancia". La respuesta del régimen fue brutal: a los 65 años, fue detenido y sometido a torturas sistemáticas.

En una carta a Mólotov, Meyerhold describió su calvario: lo tendían boca abajo, lo golpeaban en la planta de los pies y en la espalda con una correa de goma. Los interrogatorios duraban hasta 18 horas, y cuando finalmente lograba dormirse, sufría convulsiones y se despertaba con sus propios quejidos. Como acota Amis, "Cuando es eso lo que nos despierta, sabemos que nos han politizado el sueño".

Más allá del miedo nocturno: la colonización de la psique

La politización del sueño va mucho más allá del simple temor a ser arrestado durante la noche. Se trata de un proceso más profundo mediante el cual, incluso dormidos, los ciudadanos sienten el influjo del régimen. Los totalitarismos buscan moldear al ciudadano en todos sus aspectos:

  • Desde el vestido hasta la educación formal
  • Pasando por todas las expresiones artísticas y culturales
  • Incluyendo ese diario nocturno que escribimos mientras dormimos

Los sueños, aunque a menudo nos parezcan absurdos, deshilvanados o caóticos, mantienen siempre una relación con nuestras vidas: con nuestros anhelos, temores, vivencias, expectativas, logros y fobias. Cuando todos estos elementos comienzan a relacionarse sistemáticamente con las pretensiones del régimen, con sus proclamas, sus métodos y sus dirigentes, es cuando se ha consumado la politización del sueño.

Este fenómeno representa quizás la forma más completa de control estatal, aquella que penetra incluso en los rincones más íntimos de la conciencia humana. Una vez alcanzado este nivel de dominación psicológica, difícilmente hay vuelta atrás en el proceso de sometimiento total del individuo al Estado.