Mariana Enríquez: De la lectura popular a la curaduría literaria en Tinta Club del Libro
Mariana Enríquez: Lectura popular y curaduría en Tinta Club

Mariana Enríquez: Una vida moldeada por los libros y la curaduría literaria

Tinta Club del Libro es una iniciativa editorial que ofrece una experiencia de lectura mensual, con libros seleccionados por curadores invitados. Cada edición incluye un título en una versión especial, acompañado de materiales que contextualizan la obra. Este proyecto coloca la figura del curador en el centro, involucrando a escritores y agentes literarios en la elección de títulos y en la creación de un marco de lectura que trasciende el libro mediante textos y espacios de intercambio. Así, Tinta actúa como un dispositivo de mediación entre autores, obras y lectores, con una periodicidad mensual que fomenta la comunidad literaria.

Infancia y primeras lecturas: Colores y quioscos

En una entrevista exclusiva con El Magazín Cultural de El Espectador, Mariana Enríquez, escritora argentina y curadora invitada de Tinta Club del Libro en 2024, compartió sus recuerdos de infancia ligados a la lectura. "Mi mamá es médica, mi papá era ingeniero. Eran personas formadas, pero no en literatura. Les gustaba leer y compraban por recomendación", explicó. Destacó la colección Club Bruguera, vendida en quioscos, que ofrecía una curaduría ecléctica y accesible. "A mí de chica me gustaba sobre todo porque los libros eran de diferentes colores", recordó, mencionando títulos como Sangre fría de Truman Capote (rojo), una antología de Borges (amarillo) y El americano impasible de Graham Greene (lavanda). Su primer entendimiento literario llegó con Narraciones extraordinarias de Edgar Allan Poe, seguido por Cumbres borrascosas de Emily Brontë, que marcaron su inclinación hacia lo siniestro.

Influencias familiares y hábitos de lectura

Su tío, inscrito en un club del libro, influyó regalándole ejemplares que no le gustaban, como La historia interminable de Michael Ende. "Me impactó muchísimo, es una metáfora de lectura impresionante", afirmó Enríquez. Sobre sus hábitos, subraya libros con lápiz, los guarda cuidadosamente y lee principalmente por las noches, aunque disfruta las tardes para una lectura placentera. "Soy muy acumuladora de libros", admitió, reconociendo la dificultad de desprenderse de ellos. Prefiere el formato impreso por su tangibilidad, aunque usa e-books para viajar, y evita audiolibros por problemas de concentración.

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Proceso creativo y encuentros con lectores

Al escribir, Enríquez muestra sus borradores a pocas personas, como su mejor amigo o su agente, para manejar opiniones. "No tengo un lector ideal, todos me parecen relevantes", dijo. Compartió una anécdota memorable: un lector le regaló una pintura hiperrealista de Omayra, la niña víctima de la tragedia de Armero, que incluyó en su novela Nuestra parte de noche. "Fue de las cosas más raras que me pasaron", expresó, describiéndolo como un objeto con una carga energética perturbadora.

Inspiraciones literarias y desafíos contemporáneos

Entre los escritores históricos, Enríquez elegiría a Rimbaud por su misterio literario, y entre los contemporáneos, a Carson McCullers o Samanta Schweblin para colaborar. Reflexionó sobre los desafíos actuales de la lectura, señalando que "la gente está probablemente más letrada que nunca, pero la lectura que hace la mayoría no tiene que ver con lecturas literarias". Criticó la falta de atención en jóvenes y propuso el entusiasmo como solución, aunque destacó la necesidad de intervención institucional. "El reto es entusiasmar a los chicos con programas de acceso a la lectura desde las instituciones", afirmó, subrayando que el Estado debe subsidiar libros accesibles, como en su infancia, para combatir la desigualdad. "La cultura es de primera necesidad", concluyó, enfatizando su importancia en sociedades con problemas de violencia y acceso básico.

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