Un molar hallado en la cueva de Chagyrskaya, en Siberia, podría cambiar nuevamente la percepción sobre los neandertales. Investigadores identificaron señales de perforación intencional en un diente de hace casi 60.000 años, lo que sugiere que estos homínidos realizaron una intervención dental para tratar una infección dolorosa.
Un hallazgo que reescribe la historia de la medicina
El estudio, publicado en la revista científica PLOS One, fue liderado por investigadores de la Academia Rusa de Ciencias. Según el análisis, el molar presentaba un absceso profundo que habría sido tratado mediante perforaciones realizadas con herramientas de piedra.
El paleoarqueólogo Andrey Krivoshapkin, coautor del artículo e integrante del Instituto de Arqueología y Etnografía de la Academia Rusa de Ciencias, afirmó que este tipo de descubrimientos contradicen la imagen tradicional de los neandertales como seres guiados únicamente por el instinto. “Esto va más allá de la simple higiene y entra en el ámbito del tratamiento médico activo”, señaló.
La arqueóloga Penny Spikins, de la Universidad de York y ajena al estudio, explicó que el tratamiento refleja capacidades cognitivas complejas. Según indicó, los neandertales podían identificar el origen del dolor y aceptar procedimientos dolorosos para obtener un alivio posterior.
El molar de Chagyrskaya: un diente con historia
El diente fue encontrado en la cueva de Chagyrskaya, ubicada en las montañas Altai del suroeste de Siberia. Hace unos 60.000 años, la región estaba habitada por neandertales junto a especies como hienas de las cavernas, rinocerontes lanudos y lobos. La cueva es uno de los pocos yacimientos de Asia Central donde se han encontrado fósiles neandertales. Desde 2007, los investigadores han recuperado más de 70 restos de homininos, incluidos fragmentos óseos y numerosos dientes afectados por caries.
El espécimen analizado, denominado “molar Chagyrskaya 64”, perteneció a un neandertal adulto y estaba ubicado en la parte inferior izquierda de la mandíbula. Inicialmente, los científicos consideraron que la cavidad podía deberse al desgaste natural o a una fractura. Sin embargo, la antropóloga Alisa Zubova observó bajo el microscopio que el orificio estaba compuesto por tres fosas parcialmente superpuestas, una configuración distinta a la de las cavidades producidas por procesos naturales.
Evidencia de una intervención deliberada
Para profundizar en el análisis, el equipo utilizó microtomografía computarizada. Las imágenes revelaron diminutos arañazos en las paredes internas del absceso, todos orientados en una misma dirección. Según Krivoshapkin, estos surcos son compatibles con movimientos de rotación realizados con una herramienta de piedra afilada. Los investigadores plantearon entonces la hipótesis de que el diente había sido perforado de manera intencional.
Para comprobarlo, reprodujeron herramientas de jaspe utilizando técnicas paleolíticas y realizaron perforaciones en dientes humanos modernos. Los experimentos mostraron que las herramientas podían generar cavidades similares en pocos minutos. Las tomografías realizadas sobre los dientes perforados experimentalmente revelaron marcas casi idénticas a las encontradas en el molar neandertal, lo que reforzó la hipótesis de una intervención deliberada.
Implicaciones para la medicina prehistórica
Los investigadores consideran que el procedimiento logró retirar parte del tejido dañado del diente. Según explicaron, las paredes internas del absceso aparecían alisadas, señal de que el individuo continuó utilizando el molar durante un tiempo después de la intervención. Marina Lozano, paleoantropóloga del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social, indicó que la infección previa probablemente debilitó el esmalte dental y facilitó la perforación.
El estudio también destaca que el tratamiento habría implicado soportar un dolor inmediato para obtener un beneficio posterior. Spikins señaló que este comportamiento demuestra planificación y conocimiento sobre el alivio del dolor a largo plazo. Investigaciones genéticas previas sugieren además que los neandertales podían ser más sensibles al dolor que los humanos modernos, lo que hace aún más relevante la disposición del paciente a someterse al procedimiento.



