El Savoy de Londres: Un viaje literario por la historia del glamour y el jazz
En una evocadora columna, el periodista y poeta Medardo Arias Satizábal nos transporta a través del tiempo hacia la opulencia del Hotel Savoy de Londres, un ícono de elegancia que ha sido testigo de más de un siglo de historia cultural. Con la reapertura del establecimiento en octubre de 2010, resurgió todo el esplendor de una época dorada que muchos añoran revivir.
Un escenario de leyendas
Fundado en 1889, el Savoy representó durante los felices años veinte y la década de los treinta la máxima expresión de la opulencia occidental. Por sus salones desfilaron figuras de la talla del Rey Farouk, el último faraón, quien incluso transportaba sus caballos desde el golfo de Adén para partidas de polo en La Habana junto a Porfirio Rubirosa. Fue en este mismo hotel donde Marilyn Monroe ofreció su primera rueda de prensa para el público británico, y donde Claude Monet, desde el comedor hoy conocido como 'River Restaurant', capturó con su paleta la luz del Támesis en un instante eterno.
La marquesina de acero inoxidable diseñada por Sir Howard Robertson en 1929 se convirtió en un símbolo del Art Déco, mientras el lugar era el preferido de la monarquía para fiestas y ceremonias. Aún conserva la fotografía de Lady Di descendiendo por la alfombra principal en 1984, año del nacimiento del príncipe Harry. Pero el Savoy también fue escenario de innovación: en 1965, Bob Dylan estrenó el género del video musical con su cortometraje 'Subterranean Homesick Blues', filmado tras el hotel.
La catedral del jazz y la literatura
El Savoy cultivó en su 'boite' la liturgia del jazz, atrayendo a leyendas como Louis Armstrong, quien lo inmortalizó con su interpretación de 'Savoy', un tema que se repite en la literatura anglosajona como sinónimo de distinción. Por sus habitaciones pasaron Duke Ellington, Ella Fitzgerald, George Bernard Shaw, Ernest Hemingway, Elizabeth Taylor y Charlie Parker, entre muchos otros. El comedor, diseñado por César Ritz, mantenía una atmósfera romántica con linos color salmón, jazz y luces tenues.
Satizábal establece un paralelo fascinante con el Hotel Estación de Buenaventura, declarado en los años ochenta como el 'Hotel más bello de Colombia', que conserva intacta la atmósfera que Ritz concibió en Londres. Esta conexión subraya cómo los vallecaucanos, a veces por desconocimiento, tienen maravillas similares a pocas horas de Cali.
El legado que perdura
Administrado por la firma Farmington, el Savoy fue reinaugurado con la presencia del Príncipe Carlos y la princesa Amira al-Taweel de la familia real saudí. Hoy, una noche en este histórico hotel cuesta aproximadamente 900 libras, equivalentes a 4 millones 402.000 pesos colombianos. Su restauración contrasta con el abandono de otros íconos como el Waldorf Astoria de Nueva York, cuyo bar, en otro tiempo animado por la orquesta de Xavier Cugat, podría atraer a miles de turistas.
La columna de Arias Satizábal no solo celebra el Savoy, sino que lo enmarca dentro de una tradición de grandes lugares del recuerdo, como el 'Negresco' de Venecia –escenario de 'Muerte en Venecia' de Thomas Mann– y el Café Pushkin de Moscú, famoso por su stroganoff y su borsch. A través de su prosa, el autor nos invita a apreciar estos templos de la elegancia que han definido épocas y continúan inspirando a generaciones.



